En 2007, una sequía severa en Lesoto y Sudáfrica redujo drásticamente los rendimientos de los cultivos y aumentó los precios de los alimentos.
Un estudio reciente publicado en Scientific Reports muestra que esta situación se agravó debido al cambio climático provocado por la actividad humana.
Se estima que el cambio climático redujo en un 50 % el número de hogares agrícolas de Lesoto que eran autosuficientes.
Las zonas vulnerables propensas a la inseguridad alimentaria necesitan más estrategias de adaptación para protegerlas de los efectos futuros del cambio climático, escriben tres expertos.
Lesoto es uno de los países menos desarrollados del sur de África y tiene un equilibrio de seguridad alimentaria precario. Casi todo su alimento básico principal, el maíz, se produce en una única región climática del sur de África: el 30 % en el país y el 70 % se importa de la vecina Sudáfrica.
En 2007, una sequía severa en Lesoto y Sudáfrica alteró esta situación precaria y desencadenó una caída drástica de los rendimientos de los cultivos y un fuerte aumento de los precios de los alimentos.
En un estudio reciente, publicado en Scientific Reports, encontramos que el cambio climático de origen humano agravó tanto la sequía como sus efectos colaterales para la seguridad alimentaria.
Nuestros resultados indican que el cambio climático contribuyó a una disminución de los hogares autosuficientes en Lesoto del 50 % y provocó una reducción del poder adquisitivo medio de los hogares en un 37 %.
Si bien el cambio climático no provocó por sí solo la escasez de alimentos, nuestros resultados sugieren que empeoró mucho una situación ya difícil y afectó con más dureza a los más vulnerables.
Sequía y pérdida de cultivos
La sequía de 2007 hizo que las precipitaciones se desplomaran en la parte oriental de Sudáfrica y en el enclave de Lesoto durante la temporada de cultivo de enero, febrero y marzo (JFM, por sus siglas en inglés). La escasez de agua provocó la pérdida de cultivos en ambos países.
El mapa y los gráficos siguientes destacan los elementos clave del evento en Sudáfrica y Lesoto, y muestran las bajas cifras de precipitaciones (gráficos b y c), la consiguiente caída de la producción de maíz (d y e) y el aumento de los precios del maíz (f y g).
Mapa y gráficos que ofrecen una visión general de la sequía de 2007 y sus efectos. Muestran: a) la distribución espacial de la anomalía de precipitaciones de enero-febrero-marzo (JFM) sobre Sudáfrica (en relación con el promedio de 1979-2018), derivada de datos de reanálisis, con los recuadros que indican las áreas sobre las que se promedian los datos climáticos; b) la serie temporal de precipitaciones JFM para Sudáfrica, con el evento de 2007 destacado en rojo; c) lo mismo para Lesoto; d) datos de producción de maíz de la base de datos FAOSTAT con el evento de 2007 en rojo; e) lo mismo para Lesoto; f) precio por tonelada de maíz en Sudáfrica según FAOSTAT (nota: solo se dispone de datos a partir de 1991); y g) déficit de maíz (demanda mínima de maíz para una ingesta calórica suficiente menos la producción nacional) a lo largo del tiempo en Lesoto. Fuente: Verschuur et al. (2021).
Las pérdidas de cultivos hicieron que la producción nacional de Lesoto pudiera cubrir las necesidades aún menos de lo habitual, y las exportaciones de maíz de Sudáfrica a Lesoto cayeron drásticamente. De hecho, Sudáfrica pasó a ser importadora neta de maíz ese año, pese a que normalmente es exportadora neta.
Como resultado, el precio del maíz se duplicó en Lesoto en comparación con 2005, lo que lo hizo inasequible para muchos: el 20 % de la población del país necesitó asistencia alimentaria de emergencia.
Sin embargo, la sequía no fue el único factor que provocó la inseguridad alimentaria en Lesoto. La producción agrícola lleva años disminuyendo debido a la erosión del suelo, las malas prácticas de uso de la tierra y la disminución de la fertilidad del suelo. Junto con el crecimiento de la población, esta situación ha provocado una disminución continua de la autosuficiencia alimentaria y, por tanto, una mayor dependencia de Sudáfrica.
Aunque la dependencia ayuda a Lesoto a satisfacer la demanda de alimentos en los años normales, el suceso de 2007 demuestra que, cuando una sequía golpea a ambos países, la situación puede volverse en contra y agravar los efectos de la sequía sobre la población de Lesoto.
Desentrañar los distintos factores que estuvieron detrás del suceso de 2007 –y, en particular, el papel del cambio climático frente a los «precursores» de la inseguridad alimentaria– es importante porque puede ayudarnos a saber cómo prevenir sucesos de este tipo en el futuro.
Inseguridad alimentaria
Existen cuatro pilares principales interconectados (PDF) que determinan la seguridad alimentaria: la disponibilidad de alimentos (cuánto se produce); el acceso a los alimentos (si las personas pueden permitírselos); el uso de los alimentos (cómo se preparan y consumen); y la estabilidad (qué tan estable es el suministro y el consumo de alimentos).
Las sequías a gran escala pueden tener efectos en cascada sobre los cuatro pilares: las sequías reducen los rendimientos, lo que puede provocar subidas bruscas de los precios de los alimentos y alterar la cantidad y la estabilidad del consumo de alimentos. Los efectos de estos fenómenos climáticos extremos suelen sentirse con más dureza entre los agricultores de subsistencia, que se vuelven menos autosuficientes y, por ello, se ven obligados a comprar sus alimentos básicos en los mercados locales.
En caso de subidas de precios durante los años de bajos rendimientos, los alimentos pueden volverse demasiado caros para muchos, lo que empuja a los hogares pobres a una situación de inseguridad alimentaria. Todo esto significa que, dado el potencial del cambio climático de origen humano para agravar las sequías, puede tener efectos en cascada similares sobre la inseguridad alimentaria.
Hasta ahora, los científicos se han centrado principalmente en estimar cómo el cambio climático ha alterado las sequías y los rendimientos agrícolas. Se conoce menos si el cambio climático influye en los otros tres pilares de la seguridad alimentaria y de qué manera.
Al analizar el caso de la crisis alimentaria de 2007 en Lesoto, comprobamos que el cambio climático fue, efectivamente, un factor determinante, aunque los vínculos no son sencillos.
Probabilidad duplicada
Primero analizamos cómo el cambio climático alteró la probabilidad de una sequía de la gravedad registrada en 2007. Mediante un enfoque de «atribución de eventos extremos», comprobamos que el cambio climático aumentó cinco veces la probabilidad de que se produjera en Lesoto y en Sudáfrica una sequía tan grave como la de 2007, o peor.
Además, el cambio climático duplicó la probabilidad de que una sequía de este tipo se produjera simultáneamente en ambos países.
En el siguiente paso, evaluamos la influencia que el cambio climático tuvo en la probabilidad de las consiguientes escaseces de alimentos. Esto es más complicado porque, como se ha comentado anteriormente, la seguridad alimentaria no depende únicamente de que haya o no una sequía, sino que también depende en gran medida de la disponibilidad de alimentos en países dependientes del comercio y del poder adquisitivo de los hogares.
Seguimos un enfoque similar al utilizado para la sequía, basado en comparar mundos «fácticos» –el mundo en el que vivimos– y mundos «contrafácticos» –el mundo que podría haber existido sin el cambio climático.
Para ello, modelizamos numerosos escenarios plausibles de la situación de seguridad alimentaria con y sin cambio climático, y comprobamos que, en un mundo sin cambio climático, la escasez de alimentos habría sido mucho menos probable. De hecho, en algunos escenarios incluso podría haberse evitado por completo.
Calculamos que el cambio climático redujo en un 50 % el número de hogares agrícolas de Lesoto que eran autosuficientes. Además, el cambio climático hace que los hogares tengan que destinar más dinero a la alimentación. En el mundo actual, la compra de maíz representa alrededor del 50 % del gasto anual de un hogar rural medio. En las simulaciones sin cambio climático, este porcentaje sería del 32 %. Dicho de otro modo, el poder adquisitivo por hogar es alrededor de un 37 % inferior en el clima actual, más cálido.
En particular, son los agricultores de subsistencia con campos agrícolas relativamente pequeños y hogares numerosos los que pasan de una situación de autosuficiencia a otra de insuficiencia.
Sin asistencia, esto puede contribuir a un aumento de la pobreza e incluso afectar a los rendimientos del año siguiente, ya que los agricultores disponen de menos recursos económicos para sembrar. Por ello, es importante ir más allá de los efectos a escala nacional y evaluar cómo el cambio climático puede reforzar las desigualdades existentes en toda la sociedad.
Estrategias de adaptación
Que sepamos, este es uno de los primeros estudios que desentraña, de forma cuantitativa, los factores de los fenómenos meteorológicos extremos y de la vulnerabilidad, con el fin de comprender si el cambio climático contribuye –y en qué medida– a los desastres relacionados con los alimentos.
Este tipo de información ayuda a comprender mejor cómo el cambio climático afecta a múltiples dimensiones de la inseguridad alimentaria y cómo interactúa con las desigualdades existentes.
Esto es fundamental, ya que pone de relieve que, para planificar la adaptación, centrarse únicamente en el papel del cambio climático no basta y puede incluso conducir a una mala adaptación si se pasan por alto los factores sociales y el papel de la vulnerabilidad.
En el caso de Lesoto, nuestros resultados ponen de relieve que la adaptación debe empezar por revertir la tendencia generalizada en el país de disminución de la producción agrícola. Por ejemplo, mediante inversiones en sistemas de riego y cultivos resistentes a la sequía, y replanteando la dependencia del suministro de alimentos respecto de Sudáfrica. Esto último, sin embargo, es difícil, dado que Lesoto es un país sin salida al mar rodeado por Sudáfrica, con un acceso limitado a los mercados mundiales de cereales.
Lo más importante es la necesidad de dar prioridad a las estrategias de adaptación para los más vulnerables, en este caso los pequeños agricultores. Por ejemplo, podría tratarse de seguros agrícolas asequibles o de una mejor previsión de sequías para orientar las estrategias de siembra.
Nuestro marco cuantitativo nos permite aportar pruebas de que el cambio climático ya está afectando a la seguridad alimentaria en los lugares más vulnerables al clima. También permite evaluar la importancia relativa de las desigualdades y de otros factores de vulnerabilidad en el sistema alimentario.
Lesoto se utiliza aquí como ejemplo, pero las características del suministro alimentario del país –con una alta dependencia de las importaciones, una agricultura de secano y una gran variabilidad climática– también pueden observarse en otros muchos países africanos.
Por ello, esperamos que este tipo de análisis contribuya a desarrollar estrategias de adaptación más eficaces para hacer que los sistemas de suministro de alimentos sean más resilientes al clima, ahora y en el futuro.




