Se necesita una mayor colaboración entre el sector público y el privado para mejorar el acceso al agua limpia y mitigar los riesgos del cambio climático.
Se necesitan inversiones, como las finanzas mixtas, y tecnología innovadora para desarrollar soluciones sostenibles para el agua.
Iniciativas como el recientemente lanzado Resilient Water Accelerator, demuestran cómo las finanzas destinadas a los servicios vitales de agua podrían lograrlo.
Este año comenzó con una esperanza renovada: vacunas para detener una pandemia mortal y una mayor cooperación mundial para reparar el daño económico. Mientras los gobiernos de todo el mundo despliegan billones de dólares en gasto de estímulo, tenemos una oportunidad única de construir un futuro mejor e más inclusivo para afrontar una amenaza existencial aún mayor que la COVID-19: el cambio climático.
Con menos de 10 años para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, existe una inversión clave que irá directamente al corazón de los problemas a los que nos enfrentamos y que puede ayudar a ofrecer soluciones: el agua. El agua es el hilo que conecta los diversos efectos de nuestras crisis sanitaria y climática. Cambiar la forma en que valoramos este recurso esencial desbloqueará su potencial para mejorar la salud, reducir la migración, mejorar la seguridad alimentaria y hacer más eficaz la acción climática.
Ese es el objetivo de la Valuing Water Initiative (VWI, por sus siglas en inglés), lanzada por el primer ministro neerlandés, Mark Rutte, en el Foro Económico Mundial en 2019. Desde entonces, la iniciativa ha buscado poner en práctica los Principios de la ONU para valorar el agua e inspirar a otros a hacer lo mismo.
Uno de los principios que guían este trabajo es que valorar el agua no se limita a su valor económico puro, sino que implica reconocer que el valor del agua significa cosas distintas para diferentes grupos e intereses, abarcando las esferas económica, cultural, espiritual y ambiental. Esto significa que es necesario involucrar a las partes interesadas de manera amplia, identificar el valor del agua en todos sus numerosos y competitivos usos y reflejar esta pluralidad de puntos de vista en la toma de decisiones.
Pero 785 millones de personas, es decir, 1 de cada 10, siguen viviendo sin agua limpia cerca de casa. Sin este recurso vital, las vidas se ven afectadas por enfermedades, pobreza y el interminable esfuerzo de acarrear agua. Las mujeres y las niñas de todo el mundo ya dedican colectivamente unos 200 millones de horas al año, o alrededor de 23 000 años, a caminar para ir a buscar agua. Cuatro mil millones de personas viven en zonas con escasez de agua, donde en algunos momentos de cada año la demanda supera a la oferta, y se prevé que esa cifra aumente hasta los cinco mil millones en 2040.
Cambiar la forma en que valoramos el agua desbloqueará su potencial para mejorar la salud, reducir la migración, mejorar la seguridad alimentaria y hacer más eficaz la acción climática.
Henk H.W.J. Ovink y Katherine Lampen.
El cambio climático está haciendo las cosas aún más difíciles, agravando los problemas causados por la mala gestión de los recursos hídricos, la falta de voluntad política y la inversión insuficiente. Sin embargo, la inversión destinada a garantizar que todas las personas, independientemente de dónde vivan, dispongan de una fuente de agua fiable y segura que ayude a las comunidades a ser más resilientes al cambio climático es totalmente insuficiente en comparación con la magnitud de la crisis creciente.
Las investigaciones han determinado que menos del 1 % de la inversión climática mundial total se destina a la protección de los servicios de agua para las comunidades pobres, a pesar de que los efectos del cambio climático se sienten sobre todo a través de su impacto en el agua (sequías, inundaciones y subida del nivel del mar), todo lo cual afecta al acceso al agua limpia.
¿Cómo cambiamos esta situación?
Debemos unirnos y movilizar a todos los sectores de la sociedad para invertir en programas y proyectos hídricos integrados, inclusivos y sostenibles. Quienes tenemos la suerte de no tener que preocuparnos nunca por nuestro suministro de agua debemos cambiar nuestra mentalidad por una que valore verdaderamente este recurso fundamental y trabaje para garantizar que todas las personas tengan agua suficiente para sus necesidades.
Es una inversión que tiene sentido en todos los niveles, y sobre todo en el económico. Según la ONU, cada dólar invertido en agua potable segura en zonas urbanas genera más de 3 dólares en ahorro de costes médicos y en aumento de la productividad. Por cada dólar invertido en saneamiento básico, la sociedad recupera 2,50 dólares. En las zonas rurales, se obtienen o ahorran 7 dólares por cada dólar invertido en agua potable limpia.
¿Qué está haciendo el Foro para abordar el desafío hídrico mundial?
Pero no solo debemos tener en cuenta el retorno de la inversión. El mercado puede abordar la oferta y la demanda a través de las señales de precios, pero esto es independiente de las consideraciones políticas que afectan a las personas más pobres, que podrían quedar excluidas del mercado por el precio.
En el contexto de los países emergentes, las finanzas mixtas serán fundamentales para afrontar la magnitud del problema. Los sectores público y privado deben unirse para garantizar que ninguna comunidad quede rezagada, y los gobiernos deben asumir los costes iniciales, mientras que el sector privado gestiona la financiación de impacto y las tecnologías.
Iniciativas como el recientemente lanzado Resilient Water Accelerator, que tiene como objetivo proteger a 50 millones de personas de las amenazas climáticas y sanitarias mediante agua limpia, demuestran cómo podría funcionar en la práctica esta combinación. Dirigido por la Sustainable Markets Initiative del Príncipe de Gales, el Resilient Water Accelerator reúne al sector privado con los gobiernos, así como a expertos del sector, para garantizar que más financiación se canalice con rapidez hacia la prestación y protección de los servicios vitales de agua de las comunidades.
Este es exactamente el tipo de trabajo que debe hacerse. Debemos asegurarnos de seguir colaborando para afrontar los retos más urgentes que están por llegar. Y replicar y ampliar estos mejores ejemplos para garantizar que creamos una cartera de inversiones azules cada vez mayor.



