Dado que se prevé que la población mundial alcance los 9.700 millones en 2050, la agricultura debe ser más productiva y sostenible.
La tecnología puede ayudar a transformar el sistema mundial de producción de alimentos y mitigar su impacto en el clima y el medioambiente.
Los sistemas de agricultura digital también pueden utilizarse para reducir el desperdicio de alimentos en todas las etapas de la cadena de suministro.
Cuando la agricultura echó raíces por primera vez, hace unos 12.000 años, desencadenó un cambio en la forma de vida de las personas. La llamada «Revolución neolítica» prometía un suministro fiable de alimentos y permitió a los seres humanos abandonar su estilo de vida nómada de cazadores-recolectores. De aquellos primeros asentamientos surgieron ciudades y civilizaciones complejas que dieron forma al mundo tal como lo conocemos.
La agricultura ha permitido que la población humana crezca de forma explosiva, y su industrialización durante los dos últimos siglos impulsó el salto de 1.000 millones a casi 7.700 millones de personas. Como resultado, la agricultura moderna ha puesto a prueba los límites de nuestros recursos medioambientales.
La agricultura causa aproximadamente el 23 % de las emisiones de gases de efecto invernadero causadas por el ser humano y consume hasta el 92 % del agua dulce del mundo. Según un informe de WWF y Tesco, minorista británico de alimentos, alrededor del 40 % de los alimentos cultivados no llega a consumirse. China pierde aproximadamente 35 millones de toneladas de cereales antes de su venta al por menor cada año, cerca del 5 % de los 685 millones de toneladas de cereales producidos en 2021.
Con 2.000 millones de bocas más que alimentar en todo el mundo para 2050, según las proyecciones, la agricultura debe ser a la vez más productiva y sostenible. Para ello se necesitan más inversiones, la adopción de tecnologías que aumenten la productividad y la participación de los jóvenes y los pequeños agricultores.
La tecnología puede transformar la agricultura
El ingenio humano, los avances científicos y los progresos tecnológicos han proporcionado al mundo una variedad sin precedentes de herramientas para transformar el sistema alimentario y mitigar su impacto en la naturaleza y el clima.
En la agricultura de precisión, los pronósticos meteorológicos en tiempo real ayudan a los agricultores a decidir día a día cuándo y cuánto regar, fertilizar y aplicar pesticidas a sus cultivos.
La agricultura en entornos controlados promete reducir aún más el impacto. Algunos invernaderos inteligentes están completamente automatizados y funcionan con algoritmos que garantizan condiciones óptimas para el crecimiento de las plantas al ajustar factores como la ventilación del techo, la iluminación artificial y la calefacción.
Las imágenes de resolución ultraalta pueden detectar los primeros síntomas de enfermedades, estrés hídrico y degradación del suelo, mientras que los drones aplican fertilizantes, pesticidas y agua con gran precisión. Al reducir las conjeturas en las labores agrícolas, la agricultura inteligente permite que los cultivos alcancen todo su potencial genético sin un uso excesivo de insumos químicos.
La biotecnología es otro campo que sigue registrando avances. Los progresos en la ciencia de las semillas hacen que los cultivos sean más resistentes a la sequía, las plagas y las infestaciones, lo que aumenta la productividad agrícola y la resiliencia de los productores de alimentos ante las perturbaciones medioambientales.
El mundo también debe abordar el problema del desperdicio de alimentos
Pero aumentar la capacidad de producir más alimentos con menos recursos tendrá un impacto limitado si el mundo no aborda también el problema de la pérdida y el desperdicio de alimentos.
Se pierden y desperdician alimentos en todas las etapas de la cadena de suministro alimentario, desde la cosecha hasta el almacenamiento y el transporte, y también en la fase de venta al por menor y consumo. Una vez más, la tecnología puede desempeñar un papel importante.
Aumentar la digitalización de la agricultura mejora la eficiencia general de todo el sistema agroalimentario. Los mercados en línea conectan directamente a los agricultores con los consumidores, reduciendo el número de intermediarios y puntos de tránsito por los que deben pasar los alimentos. Esto no solo aumenta los ingresos de los agricultores al eliminar a los intermediarios, sino que también reduce el tiempo de tránsito y, con ello, las pérdidas y el desperdicio.
Para reducir este desperdicio es necesario rediseñar el sistema logístico que lleva los alimentos del campo a la mesa. Por ejemplo, Pinduoduo está desarrollando un nuevo sistema de información logística centrado en la agricultura que planifica nuevas rutas de transporte con cadena de frío para eliminar los traslados innecesarios.
El ajo vendido por agricultores de Henan a consumidores de Shanghái a través de nuestra plataforma recorrió un 16,1 % menos de distancia y consumió un 38,1 % menos de combustible por tonelada. También ayudó a reducir las pérdidas y el desperdicio de alimentos al 25 % de la producción, frente al promedio mundial de alrededor del 40 %.
China también está tomando medidas para frenar el desperdicio de alimentos a escala nacional. El año pasado, los legisladores chinos votaron a favor de aprobar una ley contra el desperdicio de alimentos en abril. Según la ley, los proveedores de servicios de restauración pueden imponer un recargo a los clientes que dejen cantidades excesivas de comida sin consumir.
Los agricultores deben adoptar tecnología agrícola
El éxito de cualquier tecnología agrícola depende, en última instancia, de su grado de adopción entre los agricultores, en particular entre los pequeños productores.
Cinco de cada seis explotaciones agrícolas del mundo tienen menos de dos hectáreas (una superficie similar a la de unos tres campos de fútbol) y, en conjunto, producen un tercio de los alimentos del mundo. En China, los pequeños agricultores representan hasta un 80 % de la producción de alimentos.
Muchos de estos pequeños agricultores son mayores y han recibido menos educación formal, lo que dificulta que adopten tecnología sin apoyo. La disponibilidad y accesibilidad de la infraestructura de internet también puede ser un obstáculo en algunos países.
Otro componente esencial es el talento joven. Animar a más jóvenes a dedicarse a la agricultura —ya sean jóvenes científicos que se adentran en la investigación agrícola o emprendedores de la generación Z que venden fruta por internet— impulsa la innovación, las ideas y el dinamismo.
Un Concurso de Agricultura Inteligente, organizado anualmente por Pinduoduo con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, reúne a equipos participantes de universidades e institutos de investigación de primer nivel de todo el mundo para idear soluciones tecnológicas que ayuden a los pequeños agricultores a aumentar su productividad y sostenibilidad medioambiental.
En el concurso de este año, el 80 % de los participantes tiene entre 20 y 29 años, lo que augura un buen futuro para la agricultura. La tecnología desarrollada durante el concurso ya se aplica en varias regiones agrícolas importantes de China.
La agricultura necesita una transformación digital
Como sector primario que emplea a millones de personas, tanto directamente como a lo largo de la cadena de suministro, la agricultura se ha quedado rezagada respecto de muchos otros sectores en materia de digitalización y aplicación de tecnologías digitales. Por suerte, aún está a tiempo de ponerse al día, pero el sector necesita más inversión, nuevas ideas y una mayor participación.
Ante la tarea de alimentar a una población mundial creciente, la agricultura se encuentra una vez más en un momento decisivo. Nos interesa a todos ayudar a transformar la agricultura y el sistema mundial de producción de alimentos para que puedan nutrirnos de forma sostenible.


