Cómo mantener la seguridad alimentaria mundial durante una «policrisis»

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  • Estamos en un período de «policrisis», en el que se producen acontecimientos catastróficos simultáneos e interrelacionados que se influyen mutuamente.

  • Para resolver la crisis alimentaria actual se necesitará ayuda de la industria del capital riesgo, en concreto de AgTech.

  • Democratizar las nuevas tecnologías que nos ofrecen tanto el capital riesgo como la filantropía puede aliviar muchos de los problemas a los que se enfrenta el sector.

Los científicos anunciaron recientemente el inicio de El Niño, un patrón meteorológico perturbador provocado por el calentamiento de los océanos que afectará a la agricultura, el comercio y la salud a escala mundial. Este efecto del calentamiento podría durar casi una década.

El último episodio «muy intenso» de El Niño, en 2015, fue el más caluroso desde que hay registros y tuvo repercusiones en todo el mundo. En África, provocó sequías, inundaciones extremas, malnutrición y enfermedades, y devastó los medios de vida de los pequeños agricultores de la región. Este episodio podría ser aún peor.

Y este es solo un nuevo acontecimiento que se suma a años de perturbaciones y a un planeta que se calienta de forma constante, donde ya se da por hecho un aumento de 1.5°Celsius. Últimamente, hemos visto los efectos de los incendios forestales llegar a la ciudad de Nueva York, inundaciones en Pakistán, hambrunas y sequías en el Cuerno de África, y el deshielo del permafrost en Siberia.

Como lo ha denominado el reconocido historiador Adam Tooze, estamos en un período de «policrisis», la ocurrencia simultánea de acontecimientos catastróficos interrelacionados y acumulativos que se influyen mutuamente de formas desastrosas.

Por ejemplo, cuando Ucrania, el granero de Europa, quedó aislada del mundo, las consecuencias fueron de gran alcance: causaron daños incalculables a las economías de toda Europa y escasez de alimentos en Egipto y Libia, y se entrelazaron con sistemas que ya sufrían los efectos del cambio climático, el aumento vertiginoso de los precios de la energía y las secuelas de la COVID-19.

Salvavidas para la agricultura

En el origen de todo, la agricultura es la columna vertebral de muchas economías emergentes del mundo: emplea a un gran número de personas y contribuye significativamente al PIB, pero también genera hasta un tercio de las emisiones.

Este pilar de la agricultura afecta y limita de manera sustancial a las sociedades que se han construido sobre ella; Wangari Maathai, quien más tarde ganó el Premio Nobel, comprendió profundamente la interrelación entre la deforestación, la democracia, los derechos de las mujeres, la solidaridad internacional y la estabilidad política, y movilizó a mujeres de toda África para abordar todos estos problemas de manera conjunta.

Es posible que vuelva a ser necesario el mismo esfuerzo multifacético, ya que la reaparición de la inestabilidad agrícola causada por la crisis climática amenaza con derrocar gobiernos y disparar la migración forzada. Como señaló The Economist, resolver la catástrofe alimentaria actual es «asunto de todos».

Por suerte, hay instituciones que pueden ayudar. La industria del capital riesgo (VC), y en concreto el sector «AgTech», interviene para prolongar ese salvavidas y ha experimentado un crecimiento explosivo durante la última década.

McKinsey & Company descubrió que el sector AgTech recibió 18.2 mil millones de dólares en financiación de capital riesgo en 2021, 20 veces más que en 2012, y creció al doble del ritmo de la industria del capital riesgo en su conjunto.

El sector AgTech es diverso y amplio. Comprende startups de tecnología profunda que desarrollan hardware novedoso, agricultura vertical, carne cultivada en laboratorio, maquinaria autónoma, drones, cultivos resistentes a las condiciones meteorológicas, hongos microbianos para la captura de carbono y otras herramientas extraordinarias.

En el otro extremo de la escala tangible, se están implantando nuevos mecanismos financieros y mercados de compensación de carbono que permiten a los agricultores acceder a nuevas fuentes de ingresos gracias a sus actividades respetuosas con el medio ambiente.

En algún punto intermedio, físico-digitales (físicas más digitales), startups como la mía, Farmerline, facilitan a los agricultores el acceso a las herramientas necesarias para desarrollar resiliencia, como datos meteorológicos, técnicas agrícolas, financiación flexible, insumos de alta calidad —por ejemplo, fertilizante orgánico que nutre el suelo, semillas resistentes a la sequía y equipos—, así como acceso a los mercados mundiales de materias primas.

Redoblar la apuesta por AgTech

Sin embargo, la inversión en AgTech ha caído desde el máximo de 2021 y, con los tipos de interés más altos que nunca, esta sequía de capital podría hacer que muchas innovaciones excelentes y tecnologías beneficiosas no lleguen a quienes más las necesitan.

¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial para ayudar a garantizar la seguridad alimentaria mundial?

En lugar de dar un paso atrás, debemos redoblar la inversión y el apoyo institucional a la agricultura climáticamente inteligente y a la innovación en los sistemas alimentarios. Esto ayudará a mejorar la estabilidad de los agricultores, reducir las emisiones y quizá incluso mantenernos dentro del límite de 1.5°C.

En la raíz de todo esto está el agricultor. Como crecí en la granja de mi tía en Ghana, conozco de primera mano el turbulento recorrido económico que debe atravesar cada agricultor y las consecuencias financieras y los riesgos que asume con cada nueva tecnología que compra. Este conocimiento no ha hecho más que crecer al escuchar y aprender de los 1.7 millones de agricultores de nuestra red.

Si queremos garantizar la seguridad alimentaria, debemos asegurarnos de que la adopción de tecnologías sea sencilla y asequible para los pequeños agricultores. Esto comienza con una educación eficaz para fomentar la adopción, financiación competitiva para aumentar la asequibilidad y una distribución eficiente hasta el último kilómetro, donde viven y trabajan la mayoría de los agricultores y las empresas agroindustriales locales. Hay que atender sus preocupaciones, resolver su precariedad financiera y reducir el riesgo de sus inversiones. Los beneficios de estas medidas irán mucho más allá de las explotaciones agrícolas, por lo que no seguir este camino sería insostenible desde el punto de vista económico y social.

La próxima década podría presenciar un colapso de la capacidad agrícola en África y Asia a medida que avance la crisis climática, pese al número cada vez mayor de personas que necesitan alimentarse. Hay que incluir e invertir en estos países, que históricamente han contribuido muy poco al cambio climático, pero son los más afectados por él.

Democratizar las nuevas tecnologías que nos ofrecen tanto el capital riesgo como la filantropía puede aliviar muchos de los problemas a los que se enfrenta el sector. Pero, para que esto ocurra, hay que dar prioridad a las soluciones viables que ya se utilizan en los mercados emergentes. Ignorarlas y centrarse únicamente en las herramientas y los recursos utilizados en Occidente iría en detrimento de todos.

Como dice Vanessa Nakate, valiente activista ugandesa y fundadora del movimiento Rise Up, esta no es una crisis de un futuro lejano: es una crisis de ahora.

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