Los sistemas hídricos y alimentarios mundiales afectan la vida y los medios de subsistencia de las personas, y son un sector con altas emisiones de carbono, por lo que constituyen una prioridad en el diálogo multilateral.
Los contextos locales varían y los métodos agrícolas deben adaptarse en consecuencia, por lo que los agricultores deben estar en la vanguardia y en el centro de las iniciativas de cambio.
La tecnología y la innovación impulsarán la adaptación climática y la resiliencia de los sistemas alimentarios; han surgido varias iniciativas para catalizar las condiciones adecuadas de inversión, ecosistema y mercado para soluciones idóneas.
La comida es más que sustento: es salud, alegría, arte, cultura y tradición en todas las sociedades. Detrás de los alimentos que consumimos hay un sistema complejo que representa el 10 % del producto interno bruto mundial y afecta directamente la vida y los medios de subsistencia de la población mundial, de 8.100 millones de personas.
Se ha avanzado en la priorización de los sistemas alimentarios e hídricos mundiales mediante hitos como la Cumbre de las Naciones Unidas sobre Sistemas Alimentarios, la Cumbre del Agua de la ONU y los diálogos de la CMNUCC. Sin embargo, la cruda realidad es que hasta 783 millones de personas padecieron hambre en 2022, un aumento del 1,3 % con respecto a los niveles previos a la pandemia.
Los sistemas alimentarios representan una tercera parte de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero y, por ello, presentan una oportunidad significativa para avanzar en la agenda de acción climática. A modo de ejemplo, los cambios en las prácticas de cultivo del arroz pueden reducir las emisiones de metano hasta en un 40 % sin efecto negativo en el rendimiento de los cultivos.
En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2023 (COP28), celebrada en los Emiratos Árabes Unidos, los sistemas alimentarios ocuparon un lugar central en la agenda. La Declaración de los Emiratos sobre Sistemas Alimentarios Resilientes, Agricultura Sostenible y Acción Climática insta a integrar la estrategia de sistemas alimentarios en las contribuciones determinadas a nivel nacional, los planes nacionales de adaptación y las estrategias y planes de acción nacionales sobre biodiversidad. Este paso supone un compromiso sustancial para situar la transformación de los sistemas alimentarios como eje de los resultados de la COP28 y convertirla en una realidad tangible.
Aprovechar la oportunidad
En un contexto de tensiones geopolíticas, crisis de energía, alimentos, agua y salud, presiones inflacionarias y aumento de costos, se necesita un liderazgo sólido para afrontar estos desafíos y complejidades y garantizar un futuro alimentario positivo. Tres ámbitos representan oportunidades de inversión en 2024.
Liderar el cambio junto a los agricultores
Debe mejorarse la forma en que producimos alimentos para garantizar mejor resultados positivos para la naturaleza y el agua, e inclusivos. Las prácticas agrícolas que pueden proteger y restaurar la salud del suelo y la biodiversidad son muy prometedoras para el futuro. De hecho, la agricultura regenerativa puede lograr una reducción del 80 % de la erosión del suelo, retener 20.000 galones adicionales de agua por cada aumento del 1 % de la materia orgánica del suelo, y aumentar la biodiversidad del suelo diez veces. Lo más importante es que esta transición podría aumentar la rentabilidad de los agricultores hasta en un 70 %.
Sin embargo, la realidad sobre el terreno de la implementación varía y a menudo es difícil. La disponibilidad de agua, el tipo de suelo, los cultivos principales, los mercados de productos, los entornos normativos, el tamaño de las explotaciones, el acceso al financiamiento y otras circunstancias diversas implican que las comunidades locales deberán adoptar los métodos agrícolas y adaptarlos a las condiciones locales para que sean eficaces y sostenibles.
Los agricultores, como custodios de la tierra, poseen un enorme conocimiento y saber hacer en materia de utilización y optimización de la tierra y los recursos. Los actores financieros y de la cadena de valor pueden apoyar a lo largo de las cadenas de suministro para reducir riesgos e incentivar los cambios hacia prácticas agrícolas más regenerativas. Estas prácticas pueden garantizar la productividad de los cultivos y los medios de subsistencia de los agricultores, al tiempo que aseguran la sostenibilidad ambiental y hacen que las tierras sean más resilientes a las nuevas realidades climáticas. Existe una oportunidad para desbloquear una serie de productos y servicios verdes diseñados conjuntamente con los agricultores, entre ellos instrumentos de financiamiento para reducir el riesgo de las inversiones, productos de seguros y de crédito, desarrollo de capacidades, tecnologías, normas, marca y acceso preferente a los mercados.
La comunidad mundial se encuentra en una coyuntura crítica, con organizaciones y países que asumen compromisos audaces en materia de agricultura sostenible. Es momento de pasar de las palabras a los hechos y garantizar la integridad y la equidad en las inversiones, para que los más de 500 millones de pequeños agricultores, que producen el 30 % de nuestros alimentos y son la columna vertebral de nuestra sociedad, lideren estas transiciones y se beneficien de ellas.
La tecnología y la innovación pueden ser un factor de cambio decisivo
Aun cuando la producción y el consumo de alimentos se transforman, lamentablemente, las perturbaciones climáticas, como el calor extremo y la sequía, se intensificarán y serán más frecuentes, mientras que la malnutrición podría seguir aumentando en todo el mundo. La tecnología y la innovación podrían cambiar las reglas del juego para escalar los esfuerzos que aborden estos desafíos, y su potencial es enorme. Entre los beneficios posibles se incluyen:
Variedades de semillas mejoradas.
Fertilizantes microbianos.
Avances en biosoluciones.
Agricultura digital mejorada que aprovecha los datos y la inteligencia artificial.
Tecnologías de riego y de salud del suelo.
Biología sintética.
Nutrición personalizada y proteínas alternativas.
Sin embargo, crear el entorno adecuado para innovar en la resiliencia de los sistemas alimentarios a gran escala requerirá alianzas y esfuerzos colectivos. Por ejemplo, las Misiones de Innovación en Agricultura para el Clima, dirigidas por los Emiratos Árabes Unidos y Estados Unidos, pueden contribuir a ofrecer las soluciones adecuadas mediante la inversión en innovaciones apropiadas. Los Centros de Innovación Alimentaria del Foro Económico Mundial fomentan el tipo adecuado de cooperación público-privada para impulsar tecnologías que respalden los sistemas de producción en climas áridos, promover cadenas de suministro eficientes y con bajo nivel de desperdicios, y centrarse en la diversidad alimentaria y la nutrición.
Mediante la acción colectiva, los socios también pueden enviar una señal de demanda significativa para los productos agroalimentarios compatibles con el clima, objetivo que la iniciativa Coalición de Primeros Compradores para la alimentación persigue reuniendo su poder de compra colectivo. La iniciativa se centrará en productos agroalimentarios fundamentales, a saber, arroz, lácteos, ganado vacuno y cultivos en hileras, que representan alrededor del 70 % de las emisiones mundiales.
Sin lo azul, no hay verde
Los alimentos y el agua están indisolublemente ligados; el 70 % de la extracción mundial de agua dulce se destina a la agricultura. El agua representa 58 billones de dólares de la economía mundial, principalmente por su papel directo en el sistema alimentario en sentido amplio. La alteración de los ciclos hidrológicos mundiales es también la primera consecuencia negativa del cambio climático y afectará gravemente al sector agrícola. Hoy en día, el 90 % de los desastres climáticos están relacionados con el agua, como las sequías o las inundaciones.
A medida que las reservas de agua subterránea se agotan más rápido de lo que se reponen, las iniciativas que pueden mejorar la gobernanza del agua y ayudar a cerrar el ciclo hídrico serán cada vez más importantes para garantizar la seguridad hídrica y alimentaria. Esto incluye reducir el desperdicio, disminuir la contaminación y minimizar las escorrentías, así como implementar soluciones energéticamente eficientes para recuperar y suministrar agua dulce para su uso.
En la COP28 se celebró el primer Diálogo Ministerial sobre Sistemas Alimentarios Resilientes al Agua, en el que países y actores no estatales asumirán compromisos para avanzar de forma integrada en el nexo entre alimentos y agua de cara a la COP30. Además de las tecnologías emergentes, las finanzas y la cooperación pueden impulsar resultados resilientes al agua. También es urgente que las partes interesadas de los sistemas alimentarios evalúen e incorporen la resiliencia hídrica en sus políticas, cadenas de suministro y usos. Invertir en la definición del valor del agua por unidad nutricional permitirá tomar mejores decisiones en materia de producción y consumo.
El liderazgo importa
La Declaración de los Emiratos constituye el primer paso para impulsar la voluntad política de introducir cambios significativos e integrales en el sistema alimentario. El siguiente paso es catalizar y movilizar alianzas público-privadas-filantrópicas para convertir la ambición en acción y progreso. Esto requiere valentía, imaginación y un liderazgo audaz por parte de todas las partes interesadas.
La COP28 es un punto de inflexión. Seguir como hasta ahora no es una opción.
Es momento de que todos los líderes, ya sean de organizaciones públicas, empresas privadas o la sociedad civil, aprovechen este impulso, redoblen esfuerzos y amplíen su alcance, inviertan en iniciativas pioneras, aprendan rápidamente y establezcan alianzas inteligentes. Mediante una colaboración intencionada y responsable, podemos lograr un beneficio colectivo, para la humanidad y el planeta, para las generaciones actuales y futuras.



