La inseguridad alimentaria podría pronto llegar a todas las mesas. Esto es lo que debemos hacer

A Sainsbury's worker walks past a customer next to empty shelves at a Sainsbury's store in Harpenden as the spread of the coronavirus disease (COVID-19) continues, in Harpenden, Britain, March 18, 2020
The pandemic's long-term consequences could trump its immediate impacts on our food suppliesImage: REUTERS/Peter Cziborra
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  • Una serie de buenas cosechas mitigó el impacto inmediato de la COVID-19 en la seguridad alimentaria, pero sus consecuencias a largo plazo podrían ser importantes.

  • Es de vital importancia que las partes interesadas de todos los sectores se unan para hacer frente a las amenazas inminentes para la seguridad alimentaria en todo el mundo.

  • Esta es una guía sobre esos desafíos y sobre la mejor manera de afrontarlos.

A medida que las repercusiones de la COVID-19 han pasado de las necesidades sanitarias inmediatas a nuestras sociedades y economías, la resiliencia y las ineficiencias de los sistemas alimentarios mundiales, regionales y locales podrían convertirse en otra consecuencia importante de la pandemia.

El hecho de que la crisis llegara tras una serie de buenas cosechas a nivel mundial ha hecho que este efecto no sea tan grave como podría haber sido y, en consecuencia, se haya limitado a problemas más localizados, como la escasez de alimentos básicos en los mercados desarrollados, agricultores que han desechado grandes cantidades de productos que no han podido vender, desde leche hasta aguacates, perturbaciones relacionadas con las plantas de procesamiento de carne y aumentos localizados de los precios de los alimentos.

No obstante, no hay lugar para la complacencia. Se prevé que 135 millones de personas más podrían enfrentarse a una inseguridad alimentaria aguda para finales de año. Las fragilidades en la producción y el suministro de alimentos podrían agravarse aún más por la posibilidad de perturbaciones relacionadas con el clima, infestaciones de langosta en varias regiones, millones de empleos afectados en toda la cadena de valor agrícola, consiguientes subidas de los precios de los alimentos y pérdidas financieras que afectan a cientos de miles de organizaciones locales pequeñas y medianas, fundamentales para la integridad de las cadenas de suministro de alimentos en todo el mundo.

Además, el impacto continuo de la COVID-19 en los medios de vida de las personas en todos los sectores tendrá un efecto cada vez más debilitante en su capacidad para comprar alimentos sanos y asequibles. Esto se hará sentir especialmente en las comunidades desfavorecidas, donde los hogares pueden destinar hasta el 80 % de sus ingresos a la alimentación, o donde cientos de millones de personas se ven afectadas por el cierre de escuelas que interrumpe programas vitales de alimentación escolar, que pueden ser una fuente importante —y a veces la única— de nutrición para los niños pequeños. En definitiva, esto significa que la realidad de la inseguridad alimentaria y nutricional en todo el mundo podría pronto llegar a todas las mesas.

Por lo tanto, es fundamental que el sector privado, los gobiernos, las organizaciones internacionales y la sociedad civil se unan para hacer frente a las crisis sanitarias, económicas, ambientales y sociales actuales y emergentes, en lo que se refiere a la construcción de sistemas alimentarios más resilientes, saludables, sostenibles y equitativos. En este sentido, se necesitan tres conjuntos de acciones urgentes.

1. Mejorar la resiliencia y la salud de los sistemas alimentarios existentes:

  • Estabilizar el acceso, la asequibilidad y los precios de los alimentos para la población, en particular para los más vulnerables, con especial atención al apoyo a las mujeres y a los jóvenes.

  • Proteger a todos los consumidores frente a daños duraderos para su salud garantizando que se satisfagan las necesidades nutricionales inmediatas.

  • Garantizar reservas estratégicas de alimentos a nivel nacional y regional.

  • Apoyar las fronteras abiertas, los canales verdes y el comercio regional de alimentos para facilitar el suministro y el acceso a los alimentos para todos, y permitir inversiones a más largo plazo en el sector.

  • Proteger la viabilidad inmediata de las pequeñas y medianas empresas en toda la cadena alimentaria.

2. Facilitar la recuperación hacia la construcción de sistemas alimentarios futuros saludables, sostenibles, inclusivos y eficientes:

  • Apoyar la inclusión de sistemas alimentarios fortalecidos que estén mejor preparados para ofrecer dietas saludables y producidas de forma más sostenible para todos, como pilar fundamental de los planes nacionales de recuperación de la COVID-19 y de los paquetes de estímulo previstos.

  • Garantizar que la mayor equidad en el acceso a dietas saludables se integre de forma más firme en las estrategias de los sistemas alimentarios en el futuro.

  • Mejorar la capacidad técnica continua de las autoridades competentes para desarrollar resiliencia frente a futuras perturbaciones interrelacionadas de los sistemas alimentarios, y abordar la naturaleza intersectorial de una gestión mejorada de los sistemas alimentarios.

  • Apoyar el emprendimiento en toda la cadena de valor de la alimentación y la agricultura para impulsar la transformación económica, el crecimiento y el desarrollo en medio de la pandemia.

3. Promover los facilitadores, entre ellos las finanzas, los datos y la digitalización, y la colaboración público-privada, como elementos fundamentales para generar resiliencia frente a los impactos de la COVID-19 en los sistemas alimentarios y para recuperarse de ellos:

  • Movilizar a gran escala financiación y medidas de reducción de riesgos para respaldar a las pymes con problemas de flujo de caja en la cadena de valor alimentaria más afectadas por la COVID-19.

  • Acelerar la preparación digital y de datos mediante la colaboración y el establecimiento de centros nacionales de coordinación o salas de situación para coordinar los flujos de datos específicos sobre alimentación que permitan una respuesta más informada a la pandemia.

  • Apoyar la demanda de mayor conectividad para las zonas rurales, la interoperabilidad entre los proveedores de TIC, en particular mediante la movilización de fondos de acceso a las TIC rurales, y facilitar que los agricultores dispongan de identidades digitales únicas reconocidas para favorecer la inclusión, el acceso a flujos de datos fiables y la creación de bases de datos eficientes de agricultores a medida que salimos de la crisis.

  • Promover la colaboración intersectorial y entre partes interesadas para lograr resultados más resilientes, mejor nutridos y más prósperos para todos.

La pandemia de COVID-19 ha puesto de manifiesto la fragilidad de nuestros sistemas alimentarios y el grado de dependencia que tenemos de ellos para proporcionar la nutrición que necesitamos. Con esas fragilidades ahora claramente en todas las mesas, la forma en que nos unimos para construir sistemas alimentarios inclusivos, sostenibles, saludables y resilientes frente a una serie de perturbaciones es más importante que nunca. En el Foro Económico Mundial, observamos un compromiso renovado con la acción de múltiples partes interesadas para resolver este desafío, no solo durante la duración de la pandemia, sino también para la transición a más largo plazo de los sistemas alimentarios que está por venir.

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