Así es como una red inteligente de campo a mesa podría revolucionar nuestro sistema alimentario

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  • Un sistema alimentario resiliente y respetuoso con el medio ambiente requerirá un cambio alejado de nuestras actuales cadenas de suministro fragmentadas.

  • Una red de suministro coherente y trazable es clave para garantizar que los alimentos sean seguros, nutritivos y sostenibles.

En mayo, la UE presentó su nueva estrategia de la granja a la mesa, un plan integral para transformar la producción de alimentos en cada etapa, con el fin de hacerla más resiliente y respetuosa con el medio ambiente. Su éxito convertiría a la UE en un líder mundial en sostenibilidad, lo que ayudaría a proteger su suministro de alimentos frente a amenazas como el cambio climático y las pandemias. Sin embargo, para que eso ocurra, necesitamos ver un cambio aún más fundamental: la transformación de la actual y fragmentada maraña de cadenas de suministro alimentario en una red de suministro coherente y trazable.

Afrontar grandes desafíos

La estrategia de la granja a la mesa establece una serie de objetivos que pretende alcanzar para 2030; en concreto, reducir el uso de plaguicidas en un 50 %, el de fertilizantes en un 20 % y el de antimicrobianos en los animales de granja en un 50 %. Además, pretende que la agricultura ecológica represente una cuarta parte de la superficie agrícola dentro de sus fronteras e insta a los Estados miembros a reducir, supervisar e informar sobre los niveles de desperdicio de alimentos en toda la cadena de suministro. Esto garantizaría que alimentos de buena calidad lleguen a más personas a precios justos y de forma más eficiente.

Sin duda, los objetivos podrían alcanzarse holgadamente dentro del plazo previsto. La tecnología y el presupuesto están disponibles. El principal problema que amenaza esta visión es una cuestión básica de confianza y seguridad en el sector alimentario y agrícola. Actualmente, todas las partes interesadas del sistema agrícola deben confiar en que los agentes situados antes que ellas en la cadena actúan de forma conforme a la normativa, y esto abarca hasta el consumidor final.

A pesar de los amplios procesos de gestión de cumplimiento normativo y auditoría, este sistema a menudo no ha logrado garantizar la seguridad y la calidad a lo largo de la cadena de suministro. Cada año miles de toneladas de alimentos fraudulentos son incautados en la UE. Cuando se descubre, el producto contaminado o inadecuado ya ha llegado, por lo general, a la cadena alimentaria humana. Semillas etiquetadas de forma fraudulenta y el uso de plaguicidas no autorizados en explotaciones ecológicas contribuyen al panorama de una cadena alimentaria insuficientemente sólida y responsable.

Actualmente existen ejemplos de fabricantes de agroquímicos, distribuidores y productores que colaboran en ensayos para excluir a los falsificadores del proceso y garantizar la identificación casi en tiempo real de la ubicación de los productos, con el fin de agilizar las retiradas. Algunos de los proyectos más exitosos que hemos visto se basan en códigos QR y aplicaciones para teléfonos inteligentes.

El principal problema es que estas iniciativas se desarrollan de forma aislada y se limitan a determinados segmentos del mercado. No abarcan el sistema en su conjunto. Hacer seguimiento de dos o tres etapas anteriores en una cadena de suministro, en el caso anterior desde el fabricante de insumos hasta el distribuidor y el productor, puede ser relativamente sencillo. Sin embargo, las cosas se vuelven mucho más complejas una vez que el producto sale del campo.

Comprender los riesgos en las redes alimentarias
Son numerosas las variables que intervienen al tener en cuenta el ecosistema que rodea a productores y fabricantes. En la situación actual, hay numerosas etapas por las que pasa incluso el más pequeño de los bienes de consumo —pongamos por caso, un grano de trigo— antes de convertirse en un «producto», con distintos conjuntos de preocupaciones para determinadas partes interesadas.

En primer lugar, el cultivo de una materia prima básica conlleva un riesgo natural: por ejemplo, ¿la persona que aplica productos fitosanitarios en el campo de trigo cumple las normas de salud y seguridad? ¿Existen las condiciones laborales y ambientales adecuadas? Estas cuestiones podrían afectar a muchos agentes posteriores de la cadena, de forma directa o indirecta, en caso de incumplimiento.

En la siguiente etapa del proceso, los procesadores y fabricantes de alimentos que transforman ese trigo en pan o cereales para el desayuno deben asegurarse de que el trigo se ajusta a las normas y especificaciones establecidas para la receta concreta, según lo exija el cliente. Esto requiere que el fabricante verifique que cada origen del trigo corresponde a la variedad adecuada; que todos los campos de los que se ha cosechado el trigo han sido tratados con productos químicos de forma verificablemente adecuada; y que el tipo y el volumen de plaguicidas utilizados cumplen los requisitos legislativos o las directrices establecidos en todos los territorios en los que opera el distribuidor.

Está claro que, en este proceso, hay muchas consideraciones, con poca transparencia, lo que exige una enorme cantidad de confianza.

Una posible solución

Los datos deben circular hacia arriba y hacia abajo en la cadena de suministro; las necesidades de los agentes posteriores deben satisfacerse con asesoramiento de cumplimiento normativo específico por zona geográfica, procedente de fabricantes de productos químicos, distribuidores de productos y asesores agronómicos de los agricultores. Los propios agricultores pueden compartir datos para demostrar su adhesión a las mejores prácticas.

Un sistema de producción alimentaria seguro debe ofrecer trazabilidad completa y un medio centralizado para rastrear y retirar en tiempo real los lotes defectuosos. Una forma de lograrlo sería convertir gradualmente múltiples cadenas de suministro fragmentadas en una red de suministro inteligente supervisada mediante tecnología digital. Esta red ofrecería transparencia en todos los segmentos, literalmente desde la semilla hasta el tenedor.

Una red digitalizada ofrecería a todas las partes interesadas una pista de auditoría clara y tranquilidad. Sin embargo, su éxito dependería de que todos esos agentes se sintieran lo bastante cómodos como para conceder acceso a sus datos a terceros.

Conectado e inteligente: este gráfico cuenta la historia «de campo a mesa»Image: Proagrica

Aunque algunos podrían estar dispuestos a colaborar, otros tal vez no. Por ejemplo, algunos agricultores y distribuidores/minoristas de productos de insumos se muestran naturalmente reacios a ceder demasiados datos de sus explotaciones o de sus clientes a los fabricantes de insumos, por temor a la desintermediación (es decir, que los intermediarios queden excluidos de la cadena) y a las posibles implicaciones para futuras negociaciones de precios.

Una alternativa sería establecer múltiples cadenas de suministro aisladas, pero su gestión resultaría enormemente costosa y requeriría mucho tiempo.

La mejor opción, con diferencia, es convencer a todas las partes interesadas pertinentes de la cadena de suministro para que colaboren. Sus intereses individuales e independencia podrían protegerse mediante una entidad independiente y de confianza que conecte a estos agentes y sus sistemas de datos independientes en una red digital. A partir de ahí, sería posible estandarizar y, lo que es crucial, anonimizar esos datos. Los beneficios de poder analizar e interpretar los datos ayudarían a elevar el nivel para todos.

Los gobiernos nacionales que colaboren en normas comunes, a través de una entidad como la UE, podrían asumir el liderazgo y la responsabilidad de la implementación de una red de este tipo. Esto sería más eficiente que intentar unificar múltiples iniciativas de estados individuales, organismos comerciales o grandes empresas.

Perspectivas de futuro

Sin duda, habrá desafíos para superar una mentalidad arraigada. Sin embargo, resulta mucho más fácil cambiar las mentalidades cuando el valor empresarial que encierran los datos se hace evidente y hay resultados tangibles para todo el sector, o al menos para los agentes responsables. Dado el coste mundial del fraude alimentario, estimado en torno a 30 000 millones de euros al año, los beneficios deberían ser inmediatamente evidentes en toda la industria.

Aunque la necesidad de simplificar el sistema actual está clara y la tecnología existe, poner en marcha este sistema será un reto. El enfoque más sensato consistiría en fijar objetivos intermedios en aquellos elementos más alcanzables. El éxito demostraría el valor para otros agentes y generaría impulso en todo el ecosistema para determinados segmentos del mercado que reconocerían beneficios inmediatos.

Un buen ejemplo sería la protección de cultivos. Los plaguicidas comerciales están estrictamente regulados en muchos mercados. En la UE, los niveles de residuos en los alimentos deben mantenerse por debajo de los límites establecidos por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria. En caso de retirada de un producto o de cambio en las instrucciones de uso, lo imprescindible es geolocalizar con rapidez cada lote y contenedor pertinente dentro de la cadena de suministro, hasta llegar al agricultor. Un enfoque coordinado desempeñaría un papel inestimable para minimizar los riesgos de posibles efectos en la salud del consumidor, al tiempo que ayudaría a los agricultores en sus esfuerzos por hacer lo correcto.

En este escenario, una serie de agentes —comerciantes, envasadores, mayoristas, procesadores y fabricantes de alimentos, minoristas de alimentación y establecimientos de comida— tendrían más confianza en que sus proveedores cumplen sus especificaciones; por ejemplo, en que los productos ecológicos están realmente definidos como tales.

Lo más significativo es que la cadena de suministro dejaría de ser demasiado grande para que cualquier agente pudiera vigilarla. Con el tiempo, este enfoque podría eliminar casi por completo el fraude en toda la red de suministro.

Hay poco tiempo que perder si la UE quiere hacer realidad su visión. Está totalmente en el interés del sector agrícola respaldar la estrategia. Nunca antes la cadena de suministro alimentario había sido objeto de tanto escrutinio, y ese escrutinio pone de manifiesto debilidades que ya no serán aceptables.

Además, con un creciente interés de los consumidores por factores como la procedencia y la sostenibilidad, aumenta la presión para mantener la confianza pública. Los beneficios potenciales superan con creces los costes. Si la UE logra crear una red alimentaria sólida, resiliente y responsable, podría servir de modelo para el resto del mundo y, en última instancia, impulsar un sistema de producción alimentaria más seguro y resiliente para todos.

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