El enset es un cultivo feculento poco aprovechado y con un potencial considerable, afirman investigadores.
Es un fruto perenne parecido al banano que se cultiva en el suroeste de Etiopía.
Identificar cultivos autóctonos infrautilizados podría reforzar la seguridad alimentaria mundial.
Uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas es acabar con el hambre en el mundo para 2030.
¿Podría una planta poco conocida que se parece al banano ayudar a acabar con la inseguridad alimentaria?
Eso es lo que se pregunta un grupo de científicos de Gales, Etiopía y Londres en un nuevo artículo sobre el enset, un fruto perenne parecido al banano que se cultiva principalmente en el suroeste de Etiopía. Aunque el fruto no es comestible, los tallos y las raíces pueden fermentarse y transformarse en gachas y pan.
El enset también tiene varias características que lo hacen apto para combatir la inseguridad alimentaria: es feculento, crece en diversas condiciones, tolera relativamente bien la sequía y puede cosecharse en cualquier época del año.
«Su alta productividad y la flexibilidad de la cosecha permiten que proporcione un alimento básico rico en almidón a unos 20 millones de personas», afirman los investigadores. «Su amplia distribución silvestre sugiere que una región mucho mayor podría tener condiciones climáticas adecuadas para su cultivo».
Combatir la inseguridad alimentaria
Encontrar cultivos que puedan reforzar la seguridad alimentaria y nutricional es cada vez más importante. El número de personas afectadas por el hambre en el mundo aumentó en 2020 a medida que la COVID-19 se propagaba por todo el planeta, y las Naciones Unidas afirman que el mundo «no ha avanzado en general» hacia su objetivo de garantizar a todas las personas el acceso a alimentos inocuos, nutritivos y suficientes durante todo el año.
De los 768 millones de personas desnutridas que había en el mundo en 2020, 418 millones vivían en Asia, 282 millones en África y 60 millones en América Latina y el Caribe, según estadísticas de la ONU.
Aunque la pandemia ralentizó los avances en la mejora de la seguridad alimentaria, el cambio climático crea otra área de vulnerabilidad. El aumento de las temperaturas, los cambios en los patrones meteorológicos y el incremento de los fenómenos extremos afectan a los cultivos que pueden producirse con éxito en distintas partes del mundo.
El cultivo prodigioso etíope
Ahí es donde entra en juego el enset, según los científicos de la Escuela de Ciencias Naturales de la Universidad de Bangor, en Gales; del Departamento de Biología de la Universidad de Hawassa, en Etiopía, y de los Jardines Botánicos Reales de Kew, en Londres. Afirman que la amplia tolerancia climática del cultivo podría permitir que se extienda mucho más allá de su área actual, sobre todo a regiones más secas y cálidas.
Calculan que el cultivo de enset podría resultar viable para entre 87,2 millones y 111,5 millones de personas más, no solo en Etiopía, sino también en Uganda, Kenia y Ruanda. Y aunque el cambio climático podría reducir el área potencial del cultivo, muchas zonas seguirían siendo aptas.
Entre otros beneficios del enset se encuentran sus fibras resistentes, que pueden utilizarse en la construcción y sus hojas, que la población etíope usa para hornear pan y fabricar techos y embalajes.
Obstáculos que hay que superar
Entonces, ¿por qué no se ha extendido ya el cultivo del enset? El informe señala dos obstáculos principales: en primer lugar, las restricciones de Etiopía a la transferencia internacional de material vegetal, una norma establecida para proteger los recursos biológicos autóctonos.
En segundo lugar, los conocimientos específicos necesarios para cultivar enset con éxito están estrechamente vinculados a ciertos grupos culturales. La necesidad de fermentarlo añade otra complicación, aunque algunas personas ya incorporan esa práctica a su cultura alimentaria.
Además, los autores señalan las preferencias alimentarias locales como otro posible obstáculo, junto con la cultura y las aspiraciones.
Pero no todo está perdido: los investigadores escriben que el enset ofrece «un potencial considerable en Etiopía y más allá».
Aunque hacen falta más investigaciones sobre cómo extender este cultivo prodigioso, la yuca feculenta ofrece un modelo exitoso con su expansión a Zambia.
Los científicos concluyen que impulsar el cultivo de especies infrautilizadas ofrece un enorme potencial para diversificar los sistemas agrícolas del mundo y hacerlos más resilientes frente al cambio climático.



