Una serie de factores geopolíticos está inclinando la balanza política a favor de una transformación real de los sistemas alimentarios mundiales.
Sin embargo, los marcos normativos actuales son insuficientes para mejorar los sistemas alimentarios: se necesitan políticas más coordinadas.
Para combatir las crisis alimentarias a largo plazo, son esenciales enfoques más matizados de las estrategias comerciales, el apoyo público y los datos sólidos.
La tormenta perfecta formada por recesiones económicas generalizadas y una inflación inminente, los efectos persistentes de la pandemia y las consecuencias cada vez más tangibles del cambio climático ha puesto de relieve la urgencia de mejorar nuestros sistemas alimentarios.
En la Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios de 2021, el imperativo de construir sistemas alimentarios más resilientes y ofrecer dietas saludables de forma sostenible fue la base que movilizó el apoyo político al cambio.
Aunque el objetivo de la cumbre era identificar y poner en práctica soluciones, son los actuales factores geopolíticos relacionados con los sistemas alimentarios los que podrían inclinar la balanza política a favor de una transformación real. Incluso entre quienes tienen acceso fácil a los alimentos, cada vez está más claro que los sistemas alimentarios actuales no son tan sostenibles ni resilientes como deberían para ofrecer a todos dietas saludables y asequibles. Pero toda crisis genera oportunidades.
Cinco ámbitos prioritarios para mejorar los sistemas alimentarios
Entonces, ¿cómo aprovechamos esa oportunidad para lograr un cambio significativo? A mi juicio, hay cinco aspectos que requieren más atención.
1) Pensamiento integrado
Aquí reside el mayor potencial de cambio. Debemos encontrar enfoques más eficaces que incluyan todos los niveles de gobernanza en los distintos sectores.
Los acuerdos mundiales actuales proporcionan los marcos en los que los países elaboran sus políticas, pero han demostrado ser insuficientes para respaldar la transformación de los sistemas alimentarios, ya que suelen centrarse en ámbitos aislados, como el comercio, la nutrición y el clima. Además, en gran medida se han ignorado las repercusiones que los cambios en esos acuerdos tienen sobre otros componentes de los sistemas alimentarios, lo que a menudo impide adoptar políticas alimentarias sensatas.
Lamentablemente, este problema también se reproduce a escala nacional. He trabajado estrechamente con varios países de África oriental y meridional donde las estrategias comerciales socavaron involuntariamente los alimentos básicos de producción nacional. Una razón clave fue la falta de políticas coordinadas: las estrategias comerciales suelen ser determinadas por los ministerios de Comercio, con el apoyo de donantes y socios para el desarrollo, mientras que los ministerios de Agricultura elaboran las estrategias de desarrollo agrícola con otros socios, mediante un proceso normativo distinto.
A menudo, resulta menos difícil a escala local. Al apoyar a varios municipios, entre ellos Lima, Daca y Nairobi, observamos que, una vez que el tema de la alimentación pasa a formar parte de la agenda de la ciudad —lo que ya puede ser una lucha—, surgen estructuras como los consejos de política alimentaria para ayudar a la población a acceder a alimentos saludables y asequibles.
No basta con la coordinación interna en cada nivel de gobernanza; también se necesita coordinación entre todos los niveles.
2) Centrarse en el uso de los subsidios
Reorientar el apoyo público a la agricultura para favorecer el suministro de dietas más saludables debe ser una prioridad fundamental en los debates sobre los sistemas alimentarios. La flexibilidad es clave. Lo que puede ser adecuado para el reducido grupo de países desarrollados que, en conjunto, gastan miles de millones en subsidios públicos a los alimentos no necesariamente funcionará para todos los países en desarrollo. Los cambios en los acuerdos internacionales no deben contradecir las estrategias nacionales de desarrollo.
3) Ventajas e inconvenientes de la autonomía
Debemos volver a centrarnos en la tendencia emergente hacia la autonomía estratégica, por la que un país o una región depende de sus propios recursos en ámbitos estratégicos y coopera con sus socios cuando es necesario. El objetivo es comprensible, sobre todo porque persisten los desafíos para la cadena de suministro mundial.
Sin embargo, los cambios en los sistemas agroalimentarios destinados a facilitar una mayor diversidad en la producción o ampliar la oferta local deben sopesarse frente al inevitable menoscabo de la competitividad. ¿En qué medida puede mitigarse mediante cambios en las políticas comerciales dentro de los acuerdos internacionales vigentes?
4) Datos, datos y más datos
Aunque parezca increíble, pese a vivir en un mundo impulsado por la información, seguimos careciendo de los datos necesarios sobre los alimentos para fundamentar la formulación de políticas basada en pruebas.
Los datos sólidos son esenciales para identificar soluciones que tengan mejor en cuenta las posibles disyuntivas y aumenten la transparencia en la toma de decisiones, y son fundamentales para superar los obstáculos de economía política a la transformación.
Para que herramientas esenciales como la contabilidad del costo real sean eficaces, los datos y las métricas en que se basan deben ser adecuados para el país en cuestión. Una lección clave de nuestro trabajo con datos sobre los mercados alimentarios de los países insulares del Pacífico, por ejemplo, es que la mejor manera de justificar la inversión en la recopilación y el uso de datos consiste en demostrar cómo las pruebas pueden mejorar las políticas.
5) Perspectiva de los sistemas alimentarios
Por último, debemos dar prioridad a los sistemas alimentarios, y no solo al suministro de alimentos, para evitar crisis recurrentes. Un enfoque sistémico prestará más atención a las múltiples disyuntivas que deben afrontar quienes formulan políticas. Como hemos visto en los últimos meses y años, los impactos externos suelen causar cuellos de botella en la cadena de valor alimentaria.
Por ejemplo, centrarse en los vínculos entre los sistemas energéticos y de transporte será esencial y nos ayudará a adoptar un enfoque más sistémico y de mayor alcance ante los riesgos emergentes para la disponibilidad y asequibilidad de los alimentos.
Aunque quedan menos de ocho años para alcanzar los ODS, aún hay tiempo suficiente para transformar los sistemas alimentarios si reconocemos que las soluciones no siempre serán evidentes.
Pero ya no podemos seguir pasando por alto las limitaciones fundamentales de gobernanza y de economía política que podrían impedirnos aprovechar las oportunidades de cambio que ha creado el conjunto actual de factores.


