Tras la propagación de la COVID, se han multiplicado los llamamientos a prohibir la venta y el consumo de carne de animales silvestres.
Se argumenta que, al limitar el contacto entre las personas y los animales silvestres, estas prohibiciones deberían, en teoría, reducir al mínimo el riesgo de futuros brotes de enfermedades.
Pero, según los expertos, prohibir el consumo de carne de animales silvestres puede empujar esas prácticas a la clandestinidad, donde resulta más difícil regularlas.
Se han multiplicado los llamamientos a prohibir mundialmente la venta y el consumo de carne de animales silvestres. Tras la propagación de la COVID a principios de 2020 (que se cree que se originó en murciélagos), más de 200 organizaciones conservacionistas firmaron una carta abierta dirigida a la Organización Mundial de la Salud, en la que pedían una prohibición permanente de todos los mercados de fauna silvestre viva y del uso de productos de animales silvestres en la medicina tradicional.
Los conservacionistas han recurrido al riesgo de propagación de enfermedades para legitimar los argumentos sobre la supuesta necesidad de separar a las personas de la naturaleza «silvestre». Desde el inicio de la pandemia, varios países han prohibido el consumo y el comercio de animales silvestres. Antes de la COVID, los brotes de gripe aviar y del virus del Ébola también provocaron prohibiciones del comercio y el consumo de fauna silvestre en el norte de Vietnam y África occidental, respectivamente.
Al limitar el contacto entre las personas y los animales silvestres, estas prohibiciones deberían, en teoría, reducir el riesgo de futuros brotes de enfermedades. Sin embargo, estas restricciones no tienen en cuenta su posible impacto en los grupos rurales e indígenas, que a menudo dependen de los recursos silvestres —en particular, carne, pescado e insectos— como fuentes de proteínas, grasas y micronutrientes en su dieta.
Nuestro trabajo anterior ha documentado la importancia de los «alimentos silvestres» en todo el mundo. Seguimos encontrando pruebas de que la carne de animales silvestres desempeña un papel fundamental en la mejora de la alimentación de grupos indígenas, como las comunidades Khasi de Meghalaya, en el noreste de India. (Para que quede claro, no promovemos en modo alguno el consumo de animales en peligro de extinción, que está estrictamente prohibido en todo el mundo).
Carne de animales silvestres: comprender los eventos de transmisión zoonótica
En nuestra revisión más reciente, recopilamos pruebas sobre «eventos de transmisión zoonótica» (la transmisión de un patógeno de un animal a una persona) vinculados al consumo de carne de animales silvestres y a prácticas relacionadas, como la caza y el despiece, a partir de los artículos científicos disponibles publicados entre 1940 y 2021. Concluimos que las pruebas eran limitadas y, a menudo, de baja calidad.
Por supuesto, existen riesgos asociados al consumo de carne de animales silvestres, pero necesitamos comprender mejor las conductas y prácticas de consumo específicas que originan enfermedades para diseñar medidas más concretas que mitiguen futuros brotes.
Existe el riesgo de que condenar las prácticas de caza y captura de animales silvestres en contextos de bajos ingresos impida reconocer los riesgos de enfermedades zoonóticas (enfermedades que pueden transmitirse de animales a personas) asociados a las prácticas occidentales de producción y consumo de alimentos.
Descubrimos que el mayor número de eventos de transmisión zoonótica recogidos en los artículos científicos se notificó en EE. UU., y que estaban vinculados principalmente a la caza recreativa. Aunque probablemente existan sesgos geográficos en la notificación (en algunos lugares, las enfermedades pueden no diagnosticarse o notificarse menos de lo debido), en otros lugares, las investigaciones han indicado que solo el 3 % de las enfermedades infecciosas emergentes entre 1940 y 2004 se atribuyeron a la carne de animales silvestres, frente al 17 % atribuible a la agricultura convencional y a la industria alimentaria. El 31 % estuvo vinculado a cambios en el uso del suelo, incluida la deforestación y la fragmentación del hábitat.
Señalamos mecanismos específicos que parecían aumentar el riesgo de transmisión zoonótica asociado a la caza y el consumo de animales silvestres, como participar en la caza o en la preparación de su carne, incluido el desollado y el despiece. Los métodos de cocción también eran relevantes: los informes mencionaban a menudo el consumo de carne cruda o poco hecha.
Hacia respuestas políticas más específicas
Nuestra investigación apunta a la necesidad de adoptar enfoques más matizados para proteger a un mundo cada vez más globalizado e interconectado de los posibles riesgos de transmisión zoonótica, sin estigmatizar las prácticas de consumo de las comunidades que dependen de los recursos silvestres.
Saber qué animales albergan enfermedades, quiénes están más expuestos a especies animales de alto riesgo, cómo varía la exposición según la estación y cuáles son las prácticas seguras e inseguras de caza y cocción podría ser más eficaz que imponer prohibiciones totales y favorecer una mayor adopción de conductas de protección.
Prohibir sin más el consumo de carne de animales silvestres estigmatiza a quienes la consumen y puede empujar esas prácticas a la clandestinidad, donde resulta más difícil comprenderlas y regularlas.
A medida que se acelera la aparición de nuevas enfermedades, es necesario adoptar enfoques más inclusivos, que equilibren las vulnerabilidades de las diversas comunidades locales y su necesidad constante de fuentes de alimentos silvestres con la necesidad de reducir el riesgo de futuras transmisiones zoonóticas asociadas al consumo de carne de animales silvestres.



