Apetito de destrucción: para salvar el planeta, debemos combatir el desperdicio de alimentos

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Imagina que, después de un largo día de trabajo, pasas por el supermercado y compras tres bolsas grandes de alimentos para la cena. Luego, de camino al coche, encuentras el cubo de basura más cercano del aparcamiento y tiras media bolsa de alimentos. Al llegar a casa, enseguida tiras la otra mitad de la bolsa al cubo de basura de la cocina.

En este momento, probablemente estés pensando: «Yo nunca haría eso». Sin embargo, esa situación refleja fielmente cómo funciona nuestro sistema alimentario actual. Casi un tercio de los alimentos que se producen en el mundo se pierde o se desperdicia. La diferencia entre la pérdida y el desperdicio de alimentos es bastante sencilla. Por ejemplo, si las manzanas cosechadas se caen de un camión o se pudren durante el transporte, se considera pérdida de alimentos. En cambio, si los alimentos destinados al consumo humano se estropean o quedan sin utilizar —como las manzanas que se echan a perder en el supermercado o que un cliente tira porque compró demasiadas—, se habla de desperdicio de alimentos. Me parece social y éticamente inaceptable que se pierda o desperdicie el 30% de todos los alimentos en un mundo donde una de cada nueve personas está desnutrida.

Tomemos como ejemplo la India. Aunque es el segundo mayor productor de alimentos del mundo, también alberga a una cuarta parte de todas las personas desnutridas del mundo. Las ineficiencias y la falta de refrigeración en la cadena de suministro de alimentos provocan actualmente pérdidas de hasta el 40%, lo que deja a muchas personas con hambre. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) reconoce y combate esta paradoja con el Día Mundial de la Alimentación, una iniciativa anual de concienciación cuyo objetivo es reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos, combatir el hambre y la pobreza, y proteger el clima.

Las cadenas de frío eficientes pueden reducir las pérdidas de alimentos hasta en un 40%

No solo ocurre en la India: una gran parte de las pérdidas de alimentos en el mundo se debe a cadenas de suministro ineficientes. Muchos de los alimentos que se consumen hoy son perecederos, entre ellos las frutas, la carne y los productos lácteos. El Birmingham Energy Institute del Reino Unido estima que hasta el 90% de la pérdida y el desperdicio de alimentos en los países en desarrollo se debe a pérdidas que se producen en algún punto de la cadena de suministro. Envasar, almacenar y transportar los productos perecederos a la temperatura adecuada prolonga su vida útil y reduce las pérdidas de alimentos —según nuestras propias estimaciones, hasta en un 40% en los países en desarrollo—, además de garantizar que lleguen más alimentos a las mesas de la población, que hoy sigue creciendo.

Limitar las pérdidas de alimentos tendrá amplios beneficios sociales

Cada año, se pierden 940.000 millones de dólares y se emiten 4.400 millones de toneladas de gases de efecto invernadero al producir alimentos que nunca se consumirán. Pensemos en un litro de leche que se echa a perder en el estante de un supermercado. Esa leche no solo deja de generar ingresos para el propietario del supermercado, sino que también ocasiona pérdidas económicas por los costes de almacenamiento y transporte. Más arriba en la cadena de suministro también están la vaca necesaria para producir la leche, el pienso que necesita y la superficie de tierra destinada a producirlo, además de muchos otros factores relacionados con su producción. Si aprovechamos mejor los alimentos que ya producimos, será posible distribuir productos frescos a más personas sin imponer una carga adicional al medio ambiente. Las mejoras en la cadena de frío en los países en desarrollo también pueden aumentar significativamente los ingresos de los pequeños agricultores, ya que una mayor parte de sus productos llegará al consumidor final.

Las cadenas de frío digitales y eficientes reducen las pérdidas de alimentos

Es un error suponer que las pérdidas de alimentos se producen principalmente en los países en desarrollo, mientras que el desperdicio predomina en el mundo desarrollado. De hecho, pese a contar con instalaciones modernas de almacenamiento en frío, plantas de envasado refrigeradas y acceso al transporte refrigerado, Europa sigue registrando una tasa de pérdida y desperdicio de alimentos del 40%. La razón principal de estas pérdidas es la falta de sistemas de supervisión y trazabilidad que conecten todos los elementos de la cadena de frío. Como las distintas partes de la cadena suelen estar gestionadas por personas o empresas diferentes, es difícil garantizar que los productos se hayan almacenado a la temperatura correcta en cada etapa.

El seguimiento en tiempo real de la temperatura de los productos mediante un sistema de trazabilidad en la nube garantiza que se mantengan a la temperatura y humedad adecuadas, lo que maximiza la inocuidad y la seguridad alimentarias. Si la temperatura baja alguna vez de los niveles aceptables, se envían alertas a todas las partes encargadas de la supervisión y la parte responsable puede actuar rápidamente para resolver la situación. Estos niveles de transparencia y seguridad benefician enormemente a todas las personas que participan en el proceso, desde el agricultor hasta el distribuidor, el transportista y el tendero. Cada una puede tener la certeza de que el producto se ha manipulado correctamente. En el pasado, la supervisión de la temperatura se había pasado por alto como parte de una cadena de frío eficiente, pero las nuevas innovaciones en tecnología de seguimiento la convierten en la solución que podría garantizar la máxima eficiencia y reducir aún más las pérdidas de alimentos.

Conserva las tres bolsas de alimentos

Te animo a que la próxima vez que vayas al supermercado reflexiones sobre tus propios hábitos de compra y consumo, y tengas presente cuántos alimentos ya se han perdido de camino hasta allí. En Danfoss seguiremos desarrollando innovaciones que permitan conseguir una cadena de frío más eficiente. Si trabajamos juntos, todos podemos contribuir a reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos, mejorar su calidad e inocuidad y aprovechar eficientemente los recursos de nuestro planeta.

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