Otros 6,7 millones de niños podrían sufrir emaciación debido a las repercusiones socioeconómicas de la COVID-19.
1.500 millones de niños han quedado fuera de la escuela, lo que ha generado una crisis educativa.
370 millones de niños se han quedado sin comidas escolares gratuitas.
80 millones de niños menores de un año podrían correr el riesgo de contraer otras enfermedades debido a la interrupción de los programas de inmunización.
Si bien se considera que los niños corren un riesgo bajo de sufrir una infección grave por COVID-19, la pandemia ha afectado sus vidas de innumerables maneras.
Así ha afectado el coronavirus la vida de los jóvenes de todo el planeta.
1. Desnutrición
En marzo de 2020, cuando la pandemia aún estaba en sus inicios, la Organización Mundial de la Salud (OMS), el UNICEF y el Grupo del Banco Mundial publicaron sus estimaciones conjuntas sobre desnutrición, en las que analizaron el retraso del crecimiento, la emaciación y la obesidad.
En 2019, 47 millones de niños menores de cinco años padecían emaciación, y 14,3 millones sufrían emaciación grave. La falta de nutrientes o las enfermedades, o ambas cosas, pueden causar emaciación, que reduce las defensas de los niños, provoca retrasos del desarrollo a largo plazo y, en su forma más grave, pone en peligro la vida.
«Estos niños necesitan alimentación, tratamiento y atención urgentes para sobrevivir», afirma el informe.
Otros 6,7 millones de niños menores de cinco años podrían sufrir emaciación debido al impacto socioeconómico de la pandemia, advirtió UNICEF en un informe más reciente.
«Cada vez es más evidente que las repercusiones de la pandemia causan más daños a los niños que la propia enfermedad», afirmó Henrietta Fore, directora ejecutiva de UNICEF.
«Han aumentado las tasas de pobreza de los hogares y de inseguridad alimentaria. Se han interrumpido los servicios esenciales de nutrición y las cadenas de suministro. Los precios de los alimentos se han disparado. Como resultado, la calidad de la dieta de los niños ha disminuido y las tasas de desnutrición aumentarán.»
2. Educación
Hasta agosto, más de mil millones de niños en todo el mundo seguían afectados por el cierre de escuelas. En marzo, esa cifra superaba los 1.500 millones, según la UNESCO – o el 94 % de los jóvenes estudiantes del mundo, con hasta el 99 % en los países de ingreso bajo y mediano bajo.
Antes de la COVID-19, el número de niños sin escolarizar superaba los 250 millones. El documento de políticas de las Naciones Unidas «La educación durante la COVID-19 y después» advierte de una crisis de aprendizaje, en la que otros 23,8 millones de niños y jóvenes «podrían abandonar la escuela o no tener acceso a ella el próximo año debido exclusivamente al impacto económico de la pandemia».
Esto retrasaría los avances hacia el logro del Objetivo de Desarrollo Sostenible de educación para todos, con enormes posibles consecuencias: «Cuando los sistemas educativos colapsan, no es posible mantener sociedades pacíficas, prósperas y productivas».
Según un artículo de la revista Time escrito conjuntamente por Angelina Jolie, actriz y Enviada Especial del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, cuando cierran las escuelas aumenta el número de niños reclutados por milicias, víctimas de explotación sexual, obligados a contraer matrimonio infantil y a realizar trabajo infantil.
El Banco Mundial calcula que esta generación de estudiantes perderá 10 billones de dólares en ingresos a lo largo del tiempo.
El movimiento Save Our Future, una coalición mundial dirigida por la UNESCO, el UNICEF y el Programa Mundial de Alimentos (PMA), exhorta a los líderes a dar prioridad a la educación a medida que reconstruyen mejor tras la pandemia.
3. Comidas escolares gratuitas
En el momento álgido de la pandemia, el cierre de escuelas en todo el mundo hizo que 370 millones de niños se quedaran sin comidas escolares gratuitas, según el PMA, que está vigilando y cartografiando el cierre de escuelas. Actualmente, esa cifra asciende a 346 millones.
Para muchos niños, esas comidas representaban el único alimento que recibían cada día.
Con la orientación del PMA y el UNICEF, los gobiernos de 68 países proporcionan a los niños raciones para llevar a casa, vales o transferencias monetarias, y trabajan en incentivos sanitarios y nutricionales para animar a los niños a regresar a la escuela una vez que reabran.
Una iniciativa de regreso a las aulas puesta en marcha por estas organizaciones tiene como objetivo llegar a 10 millones de niños en 30 países de ingreso bajo o frágiles en los próximos meses.
4. Salud mental
Durante el confinamiento en el Reino Unido, la salud mental de los niños pequeños se vio afectada: los padres de niños de entre cuatro y diez años informaron de un aumento de la dependencia y la preocupación.
Una encuesta de la Universidad de Oxford pidió a más de 10.000 padres que registraran el comportamiento de sus hijos y cómo se sentían durante un período de un mes de confinamiento.
Los padres y tutores de niños en edad de educación primaria informaron de un aumento de las dificultades emocionales, de conducta y de inquietud o falta de atención de sus hijos.
Al comentar la investigación, Tom Madders, director de campañas de YoungMinds, afirmó que sugería que «muchos niños pequeños han tenido cada vez más dificultades para afrontar la situación a medida que avanzaba el confinamiento, lo que podría deberse a la soledad, al miedo al coronavirus o a la pérdida de las rutinas y el apoyo que conlleva la escuela».
5. Interrupción de la vacunación
Alrededor de 80 millones de niños menores de un año corren, según se estima, un mayor riesgo de contraer enfermedades como el sarampión, ya que la COVID-19 ha interrumpido las campañas de vacunación.
Los datos de la OMS, el UNICEF y Gavi, la Alianza para las Vacunas, muestran que los servicios de inmunización de rutina contra enfermedades como la poliomielitis y la difteria se han visto afectados en al menos 68 países desde marzo.
«Hoy en día, más niños en más países están protegidos contra más enfermedades prevenibles mediante vacunación que en ningún otro momento de la historia», afirmó el Dr. Seth Berkley, director ejecutivo de Gavi.
«Debido a la COVID-19, este inmenso progreso está ahora amenazado, con el riesgo de que resurjan enfermedades como el sarampión y la poliomielitis. Mantener los programas de inmunización no solo evitará más brotes, sino que también garantizará que dispongamos de la infraestructura necesaria para desplegar, a escala mundial, una eventual vacuna contra la COVID-19.»
La advertencia se produjo antes de la Cumbre Mundial sobre Vacunas celebrada en Londres el 4 de junio, en la que se recaudaron 8.800 millones de dólares en compromisos para ayudar a Gavi a proteger a 300 millones de niños en 68 países de ingreso bajo frente a enfermedades mortales entre 2021-25.


