21 soluciones de economía circular: cambiar cómo comemos, vivimos y viajamos para un mundo más sostenible

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  • En 2019, la economía mundial consumió más de 100.000 millones de toneladas de materiales.

  • El Circularity Gap Report destaca cómo la transición a una economía circular puede reducir los niveles de consumo y ayudar a mitigar el cambio climático.

  • Estos 21 cambios en la forma de fabricar, conservar y desechar las cosas pueden construir sistemas más sostenibles y una economía circular.

Nunca antes la humanidad había fabricado y consumido tantas cosas. En 2019, por primera vez, la economía mundial consumió más de 100.000 millones de toneladas de materiales.

Ya se han traspasado cinco de los nueve límites planetarios durante la breve presencia de la humanidad en la Tierra, impulsados por una cultura de usar y tirar que con demasiada frecuencia explota la naturaleza. Nuestra economía se ha vuelto intrínsecamente lineal, y puede resultar difícil volver a imaginar cómo fabricamos, usamos y desechamos las cosas si no avanzamos hacia un sistema más regenerativo e intrínsecamente natural.

¿Cómo podemos construir una economía circular?

La edición más reciente del Circularity Gap Report explora el concepto de economía circular e investiga su papel en la mitigación del cambio climático y en el fomento de sociedades más equitativas en todo el mundo. En última instancia, el modelo exigirá un cambio sistémico: replantearnos radicalmente cómo usamos los recursos para satisfacer nuestras necesidades y deseos. El informe presenta diversas soluciones circulares basadas en cuatro principios clave de la economía circular: usar menos recursos, prolongar su uso, reciclarlos y regenerarlos.

El informe aplica estas estrategias a «necesidades y deseos sociales clave», como la vivienda, la nutrición y el transporte, para transformar la forma en que los recursos se incorporan a la economía. Si se aplicaran en todo el mundo, podrían reducir el uso de recursos en un 28% y las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en un 39%, manteniendo al mundo en la senda para alcanzar el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5 grados. Aquí exponemos 21 estrategias aplicables a la vida cotidiana, las empresas y los gobiernos locales y nacionales. Cabe destacar que no se basan únicamente en políticas energéticas: van mucho más allá y abarcan la política económica, la industria, las empresas y el comportamiento de cada consumidor.

Alimentar al mundo y la economía circular

Proporcionar nutrición al mundo es una tarea que requiere enormes recursos y genera muchas emisiones: representa 10.000 millones de toneladas de emisiones de GEI y 21.300 millones de toneladas de recursos al año. También es extremadamente ineficiente, ya que se calcula que se desperdicia más del 30% de todos los alimentos producidos . Mientras una gran proporción de la población mundial sufre desnutrición, muchas otras personas tienen sobrepeso. Es posible proporcionar nutrición a todo el mundo con una fracción de los recursos que actualmente se destinan a los sistemas alimentarios lineales. El modelo actual está listo para transformarse en una economía circular.

Construir una economía circular mediante la suficiencia alimentaria y la reducción del consumo excesivo.

1. De verdad, puede bastar con lo suficiente

Tiene un impacto enorme reducir primero el consumo excesivo antes de aumentar la producción para hacer frente a la escasez y la falta de alimentos. Las palabras «no» y «rechazar» son importantes en la economía circular.

El papel de los distintos países en la reducción de residuos y la creación de un enfoque sistémico para la economía circular.

2. Dar prioridad a los alimentos más saludables y saciantes

Hagamos tangible la reducción del consumo excesivo mediante la suficiencia alimentaria: reduzcamos la ingesta per cápita de calorías y proteínas de los países de ingresos altos y grandes emisores (como Estados Unidos o muchos países de la UE; véase el perfil Shift a la derecha) hasta ajustarla a niveles saludables: 2.000 calorías al día para una mujer promedio. Esto puede lograrse reduciendo la huella de materiales y emisiones por caloría de los alimentos, dando prioridad a opciones más saludables y saciantes frente a alimentos de escaso valor nutricional. Pensemos en las bebidas azucaradas y los productos refinados y muy procesados, que requieren recursos y energía para su producción, pero cuyo efecto de «calorías vacías» en nuestro estómago hace que sean una opción alimentaria muy ineficiente.

3. Adoptar una dieta basada en vegetales

Las proteínas de origen animal son otra forma ineficiente de alcanzar nuestra cuota diaria de calorías: se necesitan 25 kg de grano y unos 15.000 litros de agua para producir apenas 1 kg de carne de vacuno —insumos que podrían usarse, en cambio, para alimentar a las personas. En algunas partes del mundo, donde hay diversas opciones nutritivas con alto contenido proteico, prescindir de las proteínas animales puede ser una de las acciones individuales de mayor impacto para el clima. Seguir una dieta principalmente vegetal podría reducir las emisiones mundiales en 1.320 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente.

Seguir una dieta principalmente vegetal podría reducir las emisiones mundiales en 1.320 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente.

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4. Revisar lo que hay en la nevera y cocinar con creatividad

La transición circular también aportará beneficios secundarios, como la necesidad de menos envases para los alimentos —un gran avance para reducir los plásticos de un solo uso—, una menor obesidad y comunidades más saludables en general. También podría ayudar a reducir el desperdicio de alimentos, otra estrategia necesaria por sí misma para hacer más circulares nuestros sistemas alimentarios. En casa, podemos hacerlo no solo reduciendo el consumo excesivo, sino también planificando las comidas, buscando recetas innovadoras para aprovechar los tallos del brócoli o las cáscaras de fruta, revisando la nevera antes de ir al mercado y evitando, si es posible, las compras impulsivas. Los servicios de restauración pueden utilizar aplicaciones de IA como Winnow, que, según se ha comprobado, reduce el desperdicio en las cocinas en un 50% o más.

5. Comprobar las certificaciones

Elegir alimentos de origen sostenible —es decir, procedentes de ecosistemas gestionados conforme a normas ambientales que permiten su regeneración— es una decisión claramente circular. Diversos sistemas de certificación de sostenibilidad y neutralidad en carbono aspiran a ofrecer a los consumidores este sello ético. Hoy en día, incluso el queso puede contar con la certificación PAS2060, el sello internacional de neutralidad en carbono.

6. Apoyar lo local

Apoyar la agricultura local puede reducir las emisiones y contribuir a una economía circular.Image: Freepik.

A veces hay que mirar al pasado para aprender lecciones de cara al futuro. Recuperar los hábitos de nuestros abuelos y optar por productos locales y regionales al elegir los ingredientes puede aportar importantes beneficios ambientales. A menudo reduce la necesidad de cultivar verduras en invernaderos con calefacción, lo que disminuye el consumo de combustible, además de acortar las distancias recorridas por los alimentos y reducir el impacto del transporte. Apoyar o practicar modelos de agricultura urbana, orgánica y de precisión también puede eliminar el uso de fertilizantes sintéticos nocivos, que por sí solos son una fuente enorme de emisiones.

En el Reino Unido, el interés por los huertos comunitarios se disparó durante la pandemia de COVID-19 al popularizarse el cultivo de alimentos en casa. Por último, con el respaldo de una certificación de biomasa neutra en carbono, utilizar desperdicios y pérdidas de alimentos como alimento para animales —en vez de los habituales piensos a base de soja— es una tradición ancestral que impulsará el crecimiento de mercados secundarios, reducirá parte de las emisiones de la ganadería y ayudará a evitar la deforestación. Aunque no es legal en la UE, es una práctica exitosa en Japón y Corea del Sur, donde alrededor del 40% del desperdicio de alimentos se utiliza como pienso.

7. Cocinar sin contaminar

Por último, cocinar con combustibles contaminantes es un asesino silencioso: casi 4 millones de personas mueren al año por enfermedades relacionadas con la contaminación que generan. También es posible hacer más circulares y seguras las prácticas de preparación de alimentos, sustituyendo las estufas tradicionales contaminantes de biomasa y las que producen carbono negro por aparatos de cocina limpios, incluidas las estufas solares eléctricas avanzadas. Ampliar el acceso a energía limpia y sostenible en todo el mundo será clave para que esta práctica circular esté al alcance de quienes más la necesitan.

Los hogares y edificios y la economía circular

Proporcionar vivienda al mundo es la «necesidad» que más recursos consume y más emisiones genera. A menudo, los edificios se construyen sin tener en cuenta los ecosistemas de los que forman parte. A lo largo de la historia de nuestra civilización hemos construido mucho: la masa de los objetos fabricados por el ser humano, desde aceras y apartamentos hasta teléfonos, ya supera la de toda la biomasa natural, como árboles y animales. Es imprescindible aplicar estrategias de economía circular para reducir el impacto ambiental de nuestras necesidades de vivienda y construir en armonía con la naturaleza, en vez de ocupar su lugar. Satisfacer la necesidad de vivienda de la economía mundial genera actualmente casi 40.000 millones de toneladas de consumo de recursos y 13.500 millones de toneladas de emisiones de GEI al año.

Los edificios polivalentes reducen la superficie total necesaria y optimizan la eficiencia en el uso de los recursos, además de generar ahorros proporcionales en calefacción y refrigeración.

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8. Diseñar viviendas flexibles y polivalentes

Para que nuestras necesidades de vivienda se ajusten a la economía circular, debemos pedir que se construyan menos viviendas nuevas, pero de mejor calidad, y que sea habitual darles varios usos, sobre todo en los países de ingresos más altos, donde ya existe un enorme parque de edificios. Para aprovechar al máximo los edificios existentes, hay que darles un uso flexible y permitir que se adapten a medida que cambian las necesidades y pasa el tiempo. Imaginemos un edificio híbrido que funcione como oficina flexible, centro comunitario y escuela nocturna. Estos espacios pueden ofrecerse mediante pago por uso, como el edificio colaborativo entre sectores Dutch Mountains de Eindhoven, Países Bajos. Los edificios polivalentes reducen la superficie total necesaria y optimizan la eficiencia en el uso de los recursos, además de generar ahorros proporcionales en calefacción y refrigeración. Estos ahorros pueden aumentar aún más si cualquiera reduce el consumo de energía: bajando la temperatura de las habitaciones, usando contadores inteligentes y mejorando el aislamiento térmico.

9. Prolongar el uso de las viviendas existentes

Para seguir aprovechando al máximo los edificios que ya pueblan la Tierra, debemos dar prioridad a prolongar la vida útil del parque inmobiliario existente. Hasta la década de 1960 había una sólida tradición de reutilizar y clasificar los materiales de construcción, pero esto empezó a cambiar cuando el sector de la construcción en Europa pasó del mortero de cal al de cemento, los materiales de construcción se abarataron y disminuyeron los requisitos relativos a la vida útil de los edificios. Apoyar e impulsar medidas gubernamentales que prohíban construir con materiales vírgenes y políticas que limiten las nuevas construcciones de acuerdo con el volumen disponible de materiales secundarios para la construcción puede reducir la necesidad de extraer de la Tierra materiales finitos. En última instancia, los residuos de los edificios demolidos pueden transformarse en nuevos materiales de construcción, como mezclas de hormigón o arena para la construcción. Estas opciones aumentan enormemente la eficiencia en el uso de los recursos tanto en la producción como en el rendimiento.

Image: Freepik.

10. Que ningún edificio se quede atrás ni vacío

Los métodos circulares fundamentales deben aplicarse en todos los niveles, desde los consumidores hasta los gobiernos nacionales. Incluyen la renovación, la rehabilitación, la modernización y el diseño modular. Este último permite adaptar fácilmente los edificios con el tiempo para responder a las necesidades cambiantes y facilita el desmontaje, el traslado y la reutilización de sus componentes (o incluso de edificios enteros). También hay que ocupar los edificios infrautilizados y en desuso: en tiempos de escasez de recursos, no deberían permanecer vacíos. Solo con estos métodos podremos intentar satisfacer la demanda mundial de vivienda dentro de los límites de nuestro parque inmobiliario global.

11. Soluciones basadas en la naturaleza y tecnologías renovables

Las soluciones basadas en la naturaleza (SbN) también pueden reducir la demanda de materiales y energía para vivienda. Podemos inspirarnos en los enfoques de bajo consumo energético como el diseño Passivhaus (que minimiza las necesidades de calefacción, refrigeración y ventilación mecánicas), y aplicar tecnologías renovables como la energía solar fotovoltaica o térmica y las bombas de calor aerotérmicas y geotérmicas para reducir la huella de carbono de una propiedad. El Mahali Hub de Sudáfrica es un conjunto de viviendas modulares construidas con materiales reutilizados y disponibles localmente, e incorpora diversas soluciones sostenibles, como la captación de agua de lluvia y la refrigeración pasiva, para lograr viviendas con cero emisiones netas.

Es necesario generalizar el uso de materiales de construcción con bajas emisiones de carbono, reducir el peso de los materiales y abastecerse localmente para disminuir la energía incorporada en el sistema de vivienda. Además, para impulsar la regeneración, el uso de materiales de construcción naturales o renovables, como la madera, la paja y el cáñamo, puede fomentar la biodiversidad y regenerar los ecosistemas, al tiempo que suele reducir considerablemente la huella de materiales gracias a su ligereza. Los tejados verdes y los muros vivos son ejemplos de intervenciones de SbN con beneficios regenerativos, al menos en cuanto al rendimiento térmico, la gestión del agua, la biodiversidad y la calidad del aire.

Para profundizar en estas 21 soluciones circulares que pueden devolvernos a una trayectoria compatible con el objetivo de 1,5 grados y comprender el papel clave de los gobiernos locales y nacionales y las empresas en el impulso de la transición circular, descargue el Circularity Gap Report 2022.

El consumo y la producción de bienes y la economía circular

Satisfacer la necesidad social de bienes de consumo —un grupo diverso de productos que abarca desde frigoríficos y muebles hasta ropa y productos de limpieza— no requiere tantos recursos como la vivienda, por ejemplo: supone 6.900 millones de toneladas de recursos y 5.600 millones de toneladas de emisiones de GEI al año. Sin embargo, genera muchísimos residuos, es tóxico y consume enormemente otro tipo de recursos: algodón, materiales sintéticos derivados de combustibles fósiles, como el poliéster, y todos los pigmentos y productos químicos que los acompañan.

Al cambiar las decisiones de consumo y generalizar el diseño circular, pueden disminuir tanto el uso como la adquisición de productos.

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La producción de materiales sintéticos de bajo coste, que constituyen la base de la moda rápida y barata, ha aumentado nueve veces en los últimos 50 años, consume unos 350 millones de barriles de petróleo cada año y libera microplásticos durante el proceso. Mientras tanto, la industria de la moda es responsable de una quinta parte de las aguas residuales del mundo. Por eso debemos avanzar hacia una economía circular.

12. Elegir con cuidado como consumidores

Como ya sabemos, tenemos que empezar por consumir menos. Además de tomar decisiones conscientes y recurrir a la importantísima palabra que empieza por «r»: rechazar, debemos partir del diseño y el uso eficientes de los productos de consumo. Al cambiar las decisiones de consumo y generalizar el diseño circular, pueden disminuir tanto el uso como la adquisición de productos. Algunas acciones concretas son: aumentar la digitalización para reducir el uso de papel; dejar de fabricar textiles con materiales de origen animal; aspirar a eliminar los plásticos de un solo uso; optimizar el uso de aparatos electrónicos para minimizar los residuos electrónicos; elegir únicamente muebles de madera de origen responsable y con etiqueta ecológica, y dar prioridad a las compras y al abastecimiento locales.

13. Reparar y compartir

También debemos aprender a sacar el máximo partido a lo que tenemos. Para ello, promover la reparación, el mantenimiento, el uso compartido, la remanufactura y los programas de devolución de textiles, electrodomésticos, muebles y maquinaria es poderoso y debería constituir la base de los sistemas circulares. El denim duradero se combina con modelos empresariales circulares en el caso de Kuyichi: el modelo de reventa de la empresa ofrece un programa de devolución para que los clientes puedan dar fácilmente una nueva vida a sus prendas de denim, así como un servicio de reventa de artículos de segunda mano.

14. Apoyar el «derecho a reparar»

Hay que eliminar la práctica regresiva de diseñar productos para que se estropeen relativamente pronto, ya sea por obsolescencia programada o incorporada; si no, deberíamos optar por no invertir en las empresas que lo hacen. No debería ser necesario desechar y reemplazar un teléfono con una batería vieja: habría que repararlo y poder sustituir fácilmente la batería con repuestos disponibles y asequibles. El diseño que facilita el desmontaje, la personalización y la sustitución de piezas son opciones prácticas y comercializables que deberían generalizarse. La UE aún no cuenta con una política específica para poner fin a la absurda práctica de la obsolescencia programada; sin embargo, Biden dio un paso audaz y necesario en Estados Unidos al respaldar oficialmente la legislación sobre el «derecho a reparar» que exige a las empresas divulgar los conocimientos y las herramientas necesarios para reparar muchos dispositivos de uso común.

Cómo los portátiles reparables pueden reducir los residuos electrónicos en la economía circular.
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15. Tener en cuenta los productos químicos

Para reducir la presencia de toxinas y contaminantes en el medio ambiente, debemos dar prioridad al uso de materiales sostenibles para los bienes de consumo sin productos químicos. Esto es imprescindible a la luz de investigaciones recientes que sostienen que el quinto límite planetario que se ha sobrepasado es la contaminación química—provocada, por ejemplo, por los plásticos y los productos químicos de los fertilizantes agrícolas que se filtran al medio ambiente—. Usamos productos y los desechamos, pero no desaparecen sin más. Para evitar un mayor deterioro ambiental, tanto las empresas como los consumidores pueden dar prioridad a alternativas de origen biológico, al arrendamiento de productos químicos, a los fertilizantes naturales y al compost orgánico en los jardines.

16. Reciclar y contribuir a crear mercados secundarios

También podemos reciclar los bienes de consumo cuando no sea posible rechazarlos, repararlos o reacondicionarlos. Cerrar los ciclos y aumentar el valor de los mercados secundarios permitirá que prospere un mercado circular de bienes de consumo. Para lograrlo, los gobiernos deben promover el reciclaje de plásticos, fibras sintéticas, papel, madera y subproductos de la madera; además de establecer obligaciones sobre el contenido reciclado y sustituir, cuando sea posible, las materias primas vírgenes. En cuanto a los plásticos, ya se han promulgado diversas leyes en este ámbito: para 2030, todas las botellas de plástico de la UE deberán contener un 30% de material reciclado, mientras que en California el porcentaje es del 50%; y en Maharashtra, India, los envases industriales fabricados en el estado deberán incluir un 20% de contenido reciclado. Son pasos en la dirección correcta, pero hay que avanzar más rápido y, al mismo tiempo, cerrar el grifo del plástico reduciendo la producción innecesaria de plásticos. Según el Circularity Gap Report 2022, si se aplicara en todo el mundo, esto podría reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en 1.230 millones de toneladas y ahorrar 2.180 millones de toneladas de materiales.

La movilidad y los viajes y la economía circular

En su forma actual, los sistemas de movilidad son responsables de 8.700 millones de toneladas de recursos y 17.100 millones de toneladas de emisiones de GEI al año; solo la vivienda genera más. Por su enorme huella y su contribución a la contaminación atmosférica en todo el mundo, tanto las autoridades como la población suelen asociar la movilidad con la reducción de las emisiones de GEI.

Podemos aprender mucho de los comportamientos adoptados durante los confinamientos por la COVID-19, en particular, reducir los viajes de larga distancia y teletrabajar.

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Los hábitos actuales de movilidad dejan mucho que desear. En Europa, los vehículos de propiedad privada permanecen sin utilizar el 90% del tiempo, mientras que el fenómeno de los «vuelos fantasma» conmocionó al mundo hace poco: aerolíneas que hacen volar aviones vacíos solo para conservar sus franjas horarias, mientras emiten gases de efecto invernadero. Desde conducir hasta volar, abundan las oportunidades de cambio a medida que avanzamos hacia una economía circular.

17. Viajar con menos frecuencia

Para reducir el consumo de recursos y las emisiones de la movilidad, la forma más sencilla es viajar menos. Podemos aprender mucho de los comportamientos adoptados durante los confinamientos por la COVID-19: en particular, reducir los viajes de larga distancia y teletrabajar. Después de la pandemia, se puede seguir fomentando estos comportamientos respetuosos con el medio ambiente mediante diversas medidas.

La creación de centros regionales y locales —las llamadas ciudades de 15 minutos—que se están poniendo a prueba, por ejemplo, en París, Estados Unidos y China— permite a los residentes acceder a servicios en un radio de 15 minutos, a pie, en bicicleta o en transporte público. Los empleadores pueden seguir promoviendo las oficinas compartidas y virtuales, el teletrabajo y el trabajo desde casa cuando sea posible, especialmente porque muchas empresas reconocen que la productividad del personal se mantuvo.

18. Optar por diseños ligeros

Las mejoras en el diseño de los vehículos son otra forma más gradual de reducir la cantidad de materiales utilizados en la movilidad. Los vehículos más ligeros y pequeños, como los coches y los patinetes, requieren menos acero y aluminio para su fabricación, además de consumir menos combustible y tener menos energía incorporada.

Image: Unsplash.

19. Conserva tu coche durante más tiempo

A la hora de priorizar un diseño duradero y la selección de materiales, además de optimizar la facilidad de reparación y maximizar el mantenimiento, también podemos prolongar el uso de los materiales y la vida útil de los vehículos.

20. Comparte cuando puedas

Además de diseñar mejores vehículos, un uso más eficiente de todos ellos reducirá aún más la intensidad de esta necesidad social. Como la propiedad de un vehículo personal ya no es el sueño que era antes, las medidas incluyen la movilidad compartida mediante clubes y grupos de coches, los viajes compartidos y el transporte público, junto con aparcamientos disuasorios para reducir el consumo de combustible.

21. Diseñar para la reutilización

Por último, optimizar la gestión de los vehículos al final de su vida útil es fundamental para cerrar los ciclos de materiales, con un aumento del reciclaje de componentes metálicos y plásticos y del uso de materiales reciclados.

Para profundizar en estas 21 soluciones circulares que pueden devolvernos a una trayectoria compatible con 1,5 grados y entender el papel clave que desempeñan los gobiernos locales y nacionales y las empresas en impulsar la transición circular, descarga el Informe sobre la brecha de circularidad 2022.

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