Todo, desde la tecnología hasta los organismos vivos, se está volviendo más complejo. He aquí por qué

Complexity can develop the ability to manage, control and navigate the complexity it has constructed.
Complexity can develop the ability to manage, control and navigate the complexity it has constructed.Image: Unsplash/zhang kaiyv
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  • Muchos sistemas se están volviendo más «complejos»: esto significa que sus partes interactúan de maneras que a veces pueden resultar bastante sorprendentes.

  • Hay varios enfoques para abordar la complejidad: el enfoque analítico considera que los sistemas complejos pueden reducirse a algunas leyes simples, lo que nos permite predecir con precisión cómo se comportan.

  • El enfoque posmoderno considera que los sistemas complejos son impredecibles y caóticos, lo que significa que desenvolverse en ellos implica una especie de salto a lo desconocido, algo parecido a un acto de fe.

  • Ambos enfoques tienen problemas, pero cada uno capta algo importante sobre cómo abordar la complejidad.

Los organismos vivos, nuestro planeta e incluso el universo entero se vuelven cada vez más complejos con el tiempo. «Complejo» no significa simplemente «complicado»: significa que las partes de un sistema interactúan de maneras que dan lugar a propiedades que a veces pueden resultar bastante sorprendentes.

Siempre que se cruza cierto umbral, parece producirse una transición en la que algunos sistemas complejos, como las hormigas o las estrellas, desarrollan la capacidad de construir otros sistemas complejos, como colonias de hormigas o ciertos elementos químicos.

En la Tierra, organismos de distintos reinos —animales, plantas y microbios— también pueden unirse para formar ecosistemas complejos. Y los seres humanos construimos sistemas sociales, institucionales y tecnológicos extremadamente complejos. Así, la complejidad puede generar más complejidad.

La complejidad también puede desarrollar la capacidad de gestionar, controlar y desenvolverse en la complejidad que ha construido. Por ejemplo, gestionamos, controlamos y navegamos los complejos sistemas económicos y de tráfico que hemos construido. En cierto sentido, la complejidad puede así «volver sobre sí misma».

Esta es una de las razones por las que la complejidad sigue creciendo. El proceso es iterativo y genera exponencialmente más complejidad con el tiempo.

Los teóricos de la complejidad han descrito exhaustivamente cómo actuamos sobre —es decir, cómo gestionamos o controlamos— los sistemas complejos. Sin embargo, está menos claro cómo actuamos dentro de los sistemas complejos, es decir, cómo nos desenvolvemos en ellos. Esto se debe a que implica tomar decisiones sin necesariamente controlar el sistema para lograr un resultado deseado.

Por ejemplo, compramos con regularidad alimentos en el complejo sistema económico o cruzamos la calle en el complejo sistema de tráfico. Hacemos todo lo posible por gestionar nuestras finanzas personales teniendo en cuenta objetivos a corto y largo plazo, y planificamos nuestros desplazamientos diarios para reducir el tiempo en el tráfico. Por impredecibles que puedan ser los sistemas complejos, en general conseguimos buenos resultados al realizar este tipo de acciones.

Sin embargo, rara vez nos detenemos a pensar cómo es posible.

El enfoque posmoderno sí parece describir algunas de las decisiones que tomamos ante la complejidad.Image: Unsplash/胡 卓亨

Reglas para desenvolverse en la complejidad

Hay varias maneras de responder a la pregunta de cómo es posible desenvolverse con éxito en sistemas complejos. El «enfoque analítico» considera que los sistemas complejos pueden reducirse a una ley determinista simple o a un conjunto de leyes que nos permiten predecir con precisión cómo se comportan. Presumiblemente, podemos entonces actuar con éxito en sistemas complejos aprendiendo y siguiendo estas leyes.

Pero la mayoría de nosotros no tenemos idea de cuáles son, por ejemplo, las leyes que rigen la economía. De hecho, si existen leyes fundamentales de ese tipo, son increíblemente difíciles de descubrir.

Además, no hay garantía de que todos los sistemas complejos pertinentes puedan reducirse a leyes simples. Algunos sostienen que un sistema reducible nunca fue complejo en primer lugar, sino simplemente complicado.

Otro enfoque, denominado «posmoderno», sostiene que no hay leyes discernibles para actuar en sistemas complejos. El enfoque posmoderno considera que los sistemas complejos son impredecibles y caóticos, lo que significa que desenvolverse en ellos implica una especie de salto existencial a lo desconocido, algo parecido a un acto de fe. Presumiblemente, las acciones exitosas en sistemas complejos son, en gran medida, fruto de conjeturas afortunadas.

El enfoque posmoderno sí parece describir algunas de las decisiones que tomamos ante la complejidad. Entre ellas están aquellas para las que hay pocas pruebas y mucha incertidumbre, como decidir si casarse con cierta persona es un buen camino hacia una vida feliz.

Sin embargo, el enfoque posmoderno no explica la mayoría de las acciones que realizamos en sistemas complejos, como comprar alimentos o cruzar la calle. A primera vista, las decisiones que implican estas acciones no suponen un salto a lo desconocido. La regularidad y la fiabilidad con que las realizamos sugieren que ocurre algo menos arbitrario, algo más metódico.

Tanto el enfoque analítico como el posmoderno tienen problemas, pero aun así cada uno capta algo importante. ¿Hay alguna manera de aprovechar lo mejor de ambos?

Reglas prácticas

Creemos que intervienen las «heurísticas de razonamiento», más conocidas como reglas prácticas. En el contexto de los sistemas complejos, las reglas prácticas siguen regularidades «emergentes», en lugar de leyes deterministas subyacentes.

Una propiedad emergente no es fundamental, sino que surge de un gran número de interacciones subyacentes. Por ejemplo, las moléculas de agua individuales no pueden formar ondulaciones, pero estas pueden surgir de sus interacciones en la superficie de un estanque.

Del mismo modo, los sistemas complejos a veces pueden ser estables y comportarse conforme a leyes a cierta escala, en lugar de ser caóticos, lo que nos permite hacer predicciones. Cuando las circunstancias son propicias, podemos predecir qué hará un sistema complejo a partir de su comportamiento pasado, y esto puede orientar nuestras decisiones y acciones posteriores.

Este proceso, por supuesto, no es infalible. A veces, la gente va a la tienda a comprar leche y no queda; a veces, atropellan a quienes cruzan la calle. Así que, en cierto sentido, damos un salto de fe, como sugiere el enfoque posmoderno. Confiamos en que las condiciones sean propicias para que funcione nuestra regla práctica.

Sin embargo, también hay un sentido en el que las reglas prácticas se asemejan a leyes, como sugiere el enfoque analítico: son, en cierto sentido, metódicas y lo bastante fiables como para propiciar éxitos con regularidad.

Imagina, por ejemplo, que estás esperando para cruzar una calle. Ves un semáforo peatonal en verde, un camión que se acerca al paso de peatones y varios detalles más. El camión parece estar reduciendo la velocidad, así que deduces que el conductor ve un semáforo en rojo y se detendrá.

Así es como, por lo general, has visto comportarse a los conductores de camión en el pasado (conductores sobrios, no psicópatas y con buenos frenos). Lo mismo ocurre con el comportamiento de los semáforos, de los peatones que te rodean y otros elementos similares. Así que te adentras en la calzada.

Por un lado, obedeces una regla, aunque esta refleje estabilidad en sistemas complejos en lugar de leyes deterministas subyacentes. Por otro lado, disfrutas de cierto grado de libertad para elegir un curso de acción en vez de otro.

Esto ocurre cuando se cruza un umbral a partir del cual la complejidad desarrolla la capacidad de aplicar reglas prácticas. La capacidad de aplicar reglas prácticas podría equivaler, a su vez, a la capacidad de convertirse en un agente, algo que tiene intención y, por tanto, cognición. Quizá la cognición emerge en el universo cuando los sistemas complejos, como los organismos vivos, desarrollan la capacidad de aplicar reglas prácticas para desenvolverse con éxito en la complejidad adicional que crean.

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