¿Perderá el dólar su dominio?

¿Perderá el dólar su dominio?
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Desde 1976, el papel del dólar estadounidense como moneda internacional se ha ido debilitando lentamente. El uso internacional del dólar para mantener reservas de divisas, denominar transacciones financieras, facturar el comercio y como vehículo en los mercados de divisas se sitúa por debajo del nivel que tenía durante la época dorada del sistema de Bretton Woods, de 1945 a 1971. Pero la mayoría de la gente se sorprendería por lo que muestran las cifras más recientes.

Hay numerosas explicaciones para la tendencia a la baja. Desde la guerra de Vietnam, los déficits presupuestarios de Estados Unidos, la creación de dinero y los déficits por cuenta corriente han sido a menudo elevados. Presumiblemente, como consecuencia de ello, el dólar ha perdido valor frente a otras grandes monedas o en términos de poder adquisitivo. Mientras tanto, la proporción de Estados Unidos en la producción mundial ha disminuido. Y, más recientemente, la preocupante disposición de algunos miembros del Congreso de Estados Unidos a seguir una estrategia que llevaría al Tesoro a incumplir obligaciones legales ha minado la confianza global en la posición privilegiada del dólar.

Además, algunas monedas de mercados emergentes se están uniendo por primera vez al club de las monedas internacionales. De hecho, algunos analistas han sugerido que el renminbi chino podría rivalizar con el dólar como principal moneda internacional a finales de la década.

Pero la condición del dólar como moneda internacional no ha caído de manera uniforme. Curiosamente, los periodos en que el público está más preocupado por la cuestión no coinciden con los periodos en que la cuota del dólar en las transacciones internacionales efectivamente disminuye.

Según los criterios de uso internacional como moneda de reserva entre los bancos centrales y como vehículo en los mercados de divisas, las caídas más rápidas se produjeron entre 1978 y 1991 y entre 2001 y 2010. Entre estos dos periodos, de 1992 a 2000, hubo un claro cambio de tendencia, a pesar de la popular orgía de declinismo del dólar hacia la mitad de esa década. Se estima que los bancos centrales mantenían solo el 46% de sus reservas de divisas en dólares en 1992, pero esa proporción se recuperó hasta casi el 70% en 2000.

Posteriormente, la tendencia descendente a largo plazo se reanudó. Según una estimación, la cuota del dólar en las reservas de divisas de los bancos centrales cayó de alrededor del 70% en 2001 a apenas el 60% en 2010. Durante la misma década, su cuota en el mercado de divisas también disminuyó: el dólar estuvo presente en uno u otro lado del 90% de las operaciones de divisas en 2001, pero solo en el 85% en 2010.

Las estadísticas más recientes del Fondo Monetario Internacional sugieren, sorprendentemente, otra pausa en el largo descenso del dólar. Según el FMI, la cuota del dólar en las reservas de divisas dejó de caer en 2010 y se ha mantenido estable desde entonces. En todo caso, la cuota ha subido ligeramente en lo que va de 2013. Asimismo, el Banco de Pagos Internacionales (BIS) informó en su reciente encuesta trienal , en la que se indica que la cuota del dólar en las operaciones de cambio mundiales subió del 85% en 2010 al 87% en 2013.

Dada la disfuncional política fiscal estadounidense, la resistencia del dólar sorprende. O quizá ya no deberíamos sorprendernos. Al fin y al cabo, cuando en 2008 estalló la crisis financiera mundial desde las entrañas del mercado estadounidense de hipotecas de alto riesgo, los inversores globales respondieron huyendo hacia Estados Unidos, no desde él. Obviamente, siguen considerando las letras del Tesoro estadounidense como un refugio seguro y el dólar como la principal moneda internacional, sobre todo ante la ausencia de buenas alternativas.

En particular, el euro tiene sus propios problemas, todos ellos demasiado evidentes. De hecho, la participación del euro en las reservas y en las operaciones de cambio han disminuido varios puntos porcentuales en las estadísticas más recientes.

Al mismo tiempo, los datos del FMI indican que el tan cacareado renminbi aún no figura entre las siete primeras monedas en cuanto a tenencias de reservas de los bancos centrales. Y, según el BIS, aunque el renminbi por fin ha entrado entre las diez primeras monedas en los mercados de divisas, todavía representa solo el 2,2% de todas las transacciones, justo por detrás del 2,5% del peso mexicano. Pese a las recientes medidas del gobierno chino, al renminbi aún le queda mucho camino por recorrer.

Para intentar explicar la reciente estabilización de la condición del dólar, cabe señalar algo que los últimos tres años tienen en común con el periodo anterior de reversión temporal de 1992 a 2000: mejoras notables en el déficit presupuestario de Estados Unidos. Hacia finales de los años noventa, los récord de déficit de los años ochenta se habían transformado en récord de superávit; hoy, el déficit federal es inferior a la mitad de su nivel de 2010.

Quizá la observación fiscal sea una coincidencia. Al fin y al cabo, sería insensato extraer demasiadas conclusiones de dos puntos de datos históricos. Sería aún más insensato creer que, porque los políticos estadounidenses no han conseguido desplazar al dólar de su posición preeminente en los últimos 40 años, no podrían lograrlo con unas cuantas décadas más de esfuerzo.

No es una ley eterna de la naturaleza que el dólar siempre deba ser la número uno. La libra esterlina ocupó el primer puesto en el siglo XIX, solo para ser superada por el dólar en la primera mitad del siglo XX. Puede que llegue el día en que el dólar también sucumba ante un rival. Pero hoy no es ese día.

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Las opiniones expresadas aquí son las del autor, no necesariamente las del Foro Económico Mundial. Publicado en colaboración con Project Syndicate.

Autor: Jeffrey Frankel es catedrático de Formación de Capital y Crecimiento en la Universidad de Harvard.

Imagen: billetes de dólar y de yuan chino vistos a través de unas gafas. REUTERS/Nicky Loh.

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