La economía mundial actual se presenta como un lienzo diverso, lleno de desafíos y oportunidades. Las economías avanzadas siguen luchando por recuperarse: Estados Unidos se dispone a endurecer su política monetaria a medida que la economía cobra impulso, mientras que la aún débil zona del euro espera que entre en vigor la flexibilización cuantitativa. Al mismo tiempo, el desplome de los precios del petróleo ha puesto en marcha importantes transferencias de ingresos reales de los países exportadores a los importadores de petróleo. Sorprendentemente, en medio de toda esta turbulencia, Asia meridional se ha convertido en la región de mayor crecimiento del mundo durante el segundo semestre de 2014. Impulsada por una India sólida, se prevé que Asia meridional acelere aún más su crecimiento real, del 7 por ciento en 2015 al 7,6 por ciento en 2017, y deje atrás a una Asia oriental en desaceleración, que China fue llevando gradualmente al segundo puesto.

Aunque la región se ve favorecida por una inflación mínima sin precedentes y sólidas posiciones externas, la principal cuestión que aún deben abordar los responsables de formular políticas en Asia meridional es cómo aprovechar al máximo el petróleo barato.
Todos los países son importadores netos de petróleo y también grandes proveedores de combustibles y de los subsidios alimentarios relacionados, por lo que sin duda se beneficiarán de los bajos precios del petróleo. Sin embargo, el mayor dividendo que Asia meridional puede obtener de la caída del precio del petróleo aún está por ganarse; no se trasladará automáticamente a las cuentas del gobierno ni de los consumidores. La actual conjunción de factores macroeconómicos favorables ofrece a los responsables de formular políticas una oportunidad única para racionalizar los precios de la energía y mejorar la política fiscal. Desvincular los precios externos del petróleo de los déficits fiscales puede reducir la vulnerabilidad ante futuras alzas del precio del petróleo, algo que bien podría ocurrir a medio plazo. Además, el petróleo barato ofrece una gran oportunidad para introducir impuestos al carbono y abordar las externalidades negativas del uso de combustibles fósiles.
El último informe del Banco Mundial, South Asia Economic Focus (April 2015) titulado «Making the most of cheap oil», ofrece una visión más profunda de los diversos desafíos y oportunidades de política que plantea el petróleo barato en Asia meridional.
Una primera conclusión importante es que la transmisión de las variaciones de los precios del petróleo a las economías nacionales de Asia meridional es tan diversa como los propios países, debido a la variedad de entornos normativos entre países y productos petrolíferos. Esto también se refleja en las dinámicas recientes: India ha tomado medidas decididas para racionalizar los precios de los combustibles y la energía, incluso ha introducido de facto un impuesto al carbono y empieza a cosechar beneficios fiscales y ambientales. Hasta ahora, otros países han mostrado menos entusiasmo, o ninguno, por las reformas, pese a su dependencia significativa o creciente del petróleo (en particular para la generación de electricidad, uno de los puntos débiles de la región).

En segundo lugar, nuestro análisis macroeconómico revela datos interesantes sobre cómo podrían absorberse las caídas del precio del petróleo en la mayor economía de Asia meridional, India. En general, las perturbaciones de los precios del petróleo afectarán a la economía principalmente a través de las balanzas por cuenta corriente y las cuentas fiscales. A medio plazo, las balanzas comerciales también mejorarán gracias a las importaciones de petróleo más baratas; sin embargo, dado que las exportaciones de petróleo son considerables y más elásticas, los déficits comerciales a corto plazo podrían aumentar ligeramente. Es posible que las remesas acaben disminuyendo, pero las respuestas actuales son moderadas y cualquier reacción potencial dependerá en gran medida de la respuesta normativa de los países del Golfo. Se prevé que los déficits fiscales disminuyan tras la reducción de las facturas por subsidios. Según la experiencia de India entre 1995 y 2014, una caída del 20 por ciento de los precios internacionales del petróleo debería reducir el déficit presupuestario entre un 10 y un 15 por ciento. Esto se debe principalmente al menor gasto en subsidios energéticos. Sin embargo, la amortiguación del impacto mediante políticas también se traduce en efectos más moderados sobre la inflación y la actividad económica. En conjunto, la misma caída del 20 por ciento en los precios del petróleo elevaría el PIB de India aproximadamente 0,5 puntos porcentuales en cuatro trimestres.
En tercer lugar, los hogares se beneficiarán sin lugar a dudas, pero los hogares más ricos obtendrán mayores beneficios. La caída del precio del petróleo afecta directamente al bienestar de los hogares a través del cambio resultante en el precio interno de los productos petrolíferos e indirectamente mediante su impacto general en la actividad económica. Tanto los efectos directos como los indirectos sobre el bienestar en Bangladesh, India y Pakistán son positivos y nada desdeñables, pero se inclinan a favor de los hogares más ricos. Su carácter regresivo se debe a que los productos petrolíferos representan una proporción relativamente menor del gasto total de consumo de los hogares más pobres. En conjunto, los efectos en cuanto al cambio previsto en el poder adquisitivo del gasto de consumo oscilan entre una mejora del 2 por ciento para los hogares del decil más pobre y una mejora del 4 al 5 por ciento para los del decil más rico.

La evolución futura de los precios del petróleo está rodeada de gran incertidumbre, por lo que tanto los gobiernos como las empresas podrían explorar las opciones de cobertura disponibles. Sin embargo, una opción más viable para reducir la vulnerabilidad fiscal ante grandes fluctuaciones de los precios internacionales de las materias primas consiste en aprovechar el petróleo barato para recortar los subsidios energéticos. Además, los factores actualmente favorables para los saldos fiscales podrían enviar una señal equivocada a los responsables de la política fiscal y reducir la presión para abordar uno de los principales desafíos internos de Asia meridional: las deficiencias estructurales en la recaudación de ingresos. En conjunto, estos argumentos constituyen un sólido fundamento para aprovechar la oportunidad de sustituir los subsidios riesgosos por otras medidas de apoyo y sistemas de transferencias que permitan focalizar mejor la ayuda en quienes la necesitan, así como reformar las empresas eléctricas de bajo rendimiento y las refinerías estatales, que a menudo reciben cuantiosos subsidios.
En conclusión, es hora de aprovechar la oportunidad para racionalizar los precios de la energía y aislar permanentemente los saldos fiscales de las fluctuaciones de los precios del petróleo, sacando así el máximo partido del petróleo barato en Asia meridional.
Esta publicación apareció originalmente en el End Poverty in South Asia Blog del Banco Mundial. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Markus Kitzmuller, economista y doctor, trabaja actualmente en la Oficina del Economista Jefe para la región de Asia meridional del Grupo Banco Mundial.
Imagen: Un empleado llena un tubo de ensayo con aceite mineral del yacimiento de Vankor, propiedad de la empresa Rosneft, en un laboratorio de control de calidad de la empresa de productos petrolíferos Krasnoyarsknefteproduct, en Krasnoyarsk, Siberia. REUTERS/Ilya Naymushin



