Últimamente se ha hablado mucho en el mercado de las perspectivas de crecimiento y estabilidad en América Latina. ¿Saldrá América Latina indemne de la reducción gradual de las compras de activos de la Fed? ¿Cómo reaccionarán los mercados ante un mayor crecimiento en EE. UU.? ¿Cómo afectará a las perspectivas económicas de la región la desaceleración del crecimiento del PIB chino? Oigo y considero constantemente estas preguntas en el contexto del negocio de gestión de activos en América Latina, y me pregunto si quizá nos hemos acostumbrado a considerar plazos demasiado cortos para que el progreso llegue a afianzarse.
La América Latina que conocemos hoy lleva más de 30 años gestándose. Las reformas económicas que promovieron la liberalización del comercio y la inversión del sector privado ayudaron a América Latina a hacerse un lugar en el ecosistema financiero mundial tras las crisis de los años noventa. Al igual que en los noventa, hoy América Latina se encuentra en una encrucijada, con economías divergentes que atraen tanto la atención positiva como la negativa de la comunidad internacional.
México, anfitrión del Foro Económico Mundial sobre América Latina, ha acaparado gran parte de la atención durante los últimos tres años. Las reformas, que abarcan desde aumentar la transparencia política hasta formalizar la fuerza laboral y mejorar la educación, han sido importantes para fortalecer la confianza de los inversores en el país. Un Plan Nacional de Infraestructura (NIP) detallado y una histórica reforma constitucional en materia de energía han despertado aún más interés: el NIP estima una inversión privada de 220.000 millones de dólares en México hasta 2018.
Las reformas de México forman parte de una tendencia más amplia en la región. Estamos viendo cómo se afianzan cambios fundamentales en muchos mercados, incluidos Brasil, Chile, Perú y Colombia. En Colombia, el marco de Asociación Público-Privada (APP) está demostrando ser eficaz para atraer inversiones a proyectos de infraestructura pública. Brasil también ha manifestado claramente su deseo de colaborar más estrechamente con inversores internacionales interesados en complementar la financiación de infraestructura del sector público.
La inversión en infraestructura, que a menudo procede de fuentes internacionales privadas, puede ofrecer una vía para el crecimiento económico mediante una mayor eficiencia y empleo local, y al mismo tiempo se adapta a la asignación de carteras de inversores internacionales a largo plazo, como los fondos de pensiones y los fondos soberanos. Por este motivo, la infraestructura será un tema central en el Foro Económico Mundial sobre América Latina de esta semana.
Como ha demostrado la experiencia de México, las reformas no vienen en un paquete ordenado. Más bien, pueden y deben asentarse sobre un marco macroeconómico sólido. Las reformas orientadas a mejorar la salud fiscal y monetaria son importantes para demostrar prudencia y capacidad de gestión, y son prácticamente un requisito previo para atraer inversiones internacionales a los mercados privados.
Los países de América Latina que han entrado en un período de estabilidad macroeconómica a largo plazo necesitarán otro tipo de reformas para atraer titulares internacionales positivos. Crear un entorno más propicio para la inversión en infraestructura, fortaleciendo los marcos jurídicos y combatiendo la corrupción, sin duda ayudará a distinguir a los países con mejores resultados en esta encrucijada que enfrenta hoy América Latina.
Cuando pienso en las preguntas que me plantean con frecuencia, a menudo aconsejo a quienes me las hacen —y a mí mismo— que tengan paciencia. El cambio está en marcha en América Latina, y los mercados más persistentes sin duda obtendrán los mayores beneficios. Como escribió Paulo Coelho una vez, la paciencia es importante: «nos hace prestar atención».
El Foro Económico Mundial sobre América Latina 2015 se celebra en Riviera Maya, México, del 6 al 8 de mayo.
Autor: Armando Senra, director de la región de América Latina e Iberia, BlackRock
Imagen: Una ilustración muestra billetes de pesos mexicanos y dólares estadounidenses en Ciudad de México, el 10 de marzo de 2015. REUTERS/Edgard Garrido



