El llamamiento del Sr. Tsipras a celebrar el referéndum del 5 de julio sobre la propuesta del Eurogrupo es un resultado ideal para los acreedores oficiales. De este modo, el pueblo griego dará a su Gobierno un mandato para seguir aplicando el programa de asistencia financiera o votará por la incertidumbre. Creo que un voto negativo acabaría provocando caos financiero, económico y político, y podría culminar en una salida de Grecia del euro. Pero con un voto afirmativo, las negociaciones que hasta ahora podrían calificarse de engorrosas, ineficaces y poco amistosas quedarían en gran medida atrás, y las conversaciones deberían centrarse en los detalles y la aplicación, no en los principios fundamentales.
En una Unión Europea fundada en el principio de la democracia, el referéndum debería ser bienvenido. Todas las demás soluciones políticamente viables no habrían hecho más que prolongar la incertidumbre. El Gobierno griego considera que el mandato recibido en las elecciones de enero de 2015 no le permite aceptar la oferta de los acreedores. Por tanto, cualquier acuerdo impuesto sobre una versión ligeramente modificada de las condiciones exigidas por los acreedores probablemente habría dado lugar a problemas de aplicación y disputas futuras. Y el derrumbe del Gobierno griego podría conducir simplemente a una parálisis política y a una situación aún más descontrolada.
La declaración del Eurogrupo emitida después de que las conversaciones se rompieran el sábado 27 de julio reitera claramente que el programa actual de asistencia financiera expirará el 30 de junio de 2015. No indica que el plazo vaya a ampliarse unos días más allá del referéndum. Por tanto, la declaración del Eurogrupo hace que el referéndum sea en gran medida inútil.
Los jefes de Estado y de Gobierno de los países de la zona del euro deberían decidir prorrogar el actual acuerdo de rescate unos días después del referéndum. Una Europa democrática debería permitir que el pueblo griego se pronuncie sobre una cuestión histórica de tal importancia.
La prórroga del actual programa de rescate (o su ausencia) puede influir en la decisión del Banco Central Europeo, que será crucial durante los próximos días. El BCE no debería reducir la provisión de liquidez a los bancos griegos. Parece inevitable que antes del referéndum haya un feriado bancario o severas restricciones a las retiradas de efectivo y los pagos electrónicos, pero los bancos no podrían sobrevivir a una reducción del apoyo de liquidez del banco central. El colapso del sistema bancario arrastraría aún más a la economía. Es posible que el BCE no aumente el apoyo de liquidez durante la próxima semana, pero al menos debería esperar al resultado del referéndum antes de recortar el apoyo existente, ya que, con una prórroga, Grecia seguirá acogida a un programa de asistencia financiera.
Mientras tanto, los acreedores deberían reducir los requisitos de ajuste fiscal previstos. Grecia ha aplicado, con mucho, el mayor ajuste fiscal de la UE. Un superávit primario algo menor no cambiaría mucho la trayectoria de la deuda pública, a la luz del lamentable error de cálculo de los supuestos del programa de 2010-12. Debería ofrecerse un nuevo préstamo del MEDE (basado en las condiciones que se someterán a votación en el referéndum) para reembolsar la deuda griega en manos del BCE que vence próximamente.
El FMI debería reestructurar sus préstamos a Grecia del mismo modo que lo hicieron los prestamistas europeos.
Según las encuestas de opinión, la mayoría del pueblo griego desea permanecer en la zona del euro. Si se elimina el riesgo de una salida de Grecia del euro y continúan las reformas, la economía griega está destinada a crecer en beneficio del pueblo griego y de los prestamistas del país. En este momento histórico, los dirigentes de la zona del euro deberían permitir que el pueblo griego haga oír su voz, y el BCE debería esperar al referéndum antes de recortar el acceso de los bancos griegos a la liquidez.
Este artículo fue publicado originalmente por Bruegel, un centro de estudios con sede en Bruselas. Lea el artículo en su sitio web aquí. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
Para mantenerse al día con la Agenda, suscríbase a nuestro boletín semanal.
Autor: Zsolt Darvas es investigador sénior en Bruegel.
Imagen: Una bandera de la Unión Europea (izquierda) y una bandera nacional griega ondean mientras el cielo se refleja en la fachada de un edificio en Atenas, 17 de febrero de 2015. REUTERS/ Alkis Konstantinidis



