El resurgimiento del capitalismo de Estado tras la crisis financiera está acelerando enormemente la competencia entre gobiernos por el poder y la influencia.
Aunque Estados Unidos sigue dominando los mercados financieros, cada vez más países que no comparten la convicción estadounidense de que la intervención estatal debe ser limitada desempeñan un papel protagónico en el origen, el destino y la intermediación del capital a través de los mercados y los sectores económicos reales. En sus modelos, el Estado intenta desempeñar un papel nivelador en los mercados para garantizar que los auges y las caídas sean limitados y que el capitalismo sin trabas se modere teniendo en cuenta los intereses del Estado y de otras partes interesadas.
En cierto modo, esto no es nuevo: desde hace muchos años los gobiernos han utilizado su propiedad de empresas e instituciones financieras para promover sus objetivos estratégicos, pero hoy están ampliando su influencia de maneras nuevas y poderosas.
Bancos centrales politizados
En primer lugar, mediante bancos centrales cada vez más politizados, que utilizan herramientas «no convencionales» para promover los intereses de la política nacional, con un impacto transfronterizo significativo y, en algunos casos, mundial. A medida que las autoridades fiscales se han visto cada vez más paralizadas y sujetas a restricciones políticas, las respuestas posteriores a la crisis han recaído en los bancos centrales a través de la política monetaria. Los banqueros centrales, por elección o por otras razones, se han convertido en propietarios de enormes cantidades de títulos y, como resultado, ejercen una enorme influencia.
Además, las iniciativas legislativas posteriores a la crisis han ampliado las facultades de supervisión de la banca central para gestionar la estabilidad del sistema financiero. Los bancos centrales de los mercados emergentes se ven cada vez más atrapados entre las presiones políticas internas y las supuestas independencia de la política monetaria y autonomía de supervisión. Aumenta el riesgo de que los Estados utilicen los bancos centrales para promover intereses que van más allá de los que son explícitamente compatibles con sus mandatos.
Establecimiento de normas
Los gobiernos están utilizando la fijación de normas, las reformas legales y las reformas de políticas para promover los intereses nacionales y a sus campeones nacionales, cambiando las reglas del juego para sectores e industrias cruciales, tanto a escala regional como mundial.
Es más probable ahora que el establecimiento de normas regionales o internacionales para sectores estratégicos contribuya a promover los intereses nacionales mediante herramientas económicas y regulatorias. La creación de normas transfronterizas para los instrumentos de los mercados financieros, la banca, la tecnología, la energía y el comercio siempre ha sido inherentemente política, aunque se presente como una cuestión técnica. Ahora también podemos añadir el componente estratégico: cada vez se utilizan más herramientas de mercado, legislativas, regulatorias y de otras políticas para intentar fortalecer las empresas estatales (SOE’s) y los campeones nacionales.
Por ejemplo, existen visiones y normas contrapuestas sobre la aplicación de herramientas antimonopolio para promover los intereses nacionales en nombre de la competencia de mercado. En muchos casos, se invoca el pretexto de «nivelar el terreno de juego» para justificar resultados económicos de importancia estratégica.
Cada vez más, los países cuyos campeones nacionales dominan o desafían a los actores establecidos en industrias y sectores estratégicos fijan (o impiden) las normas regionales y mundiales. En particular, Estados Unidos, China y la Unión Europea lidian con la fijación de normas y los marcos regulatorios en sectores estratégicos como las finanzas, la energía y la tecnología. El impacto de cada sector va mucho más allá de los intereses económicos e incide en el papel de los países, las empresas y las regiones en términos de independencia económica y seguridad y estabilidad políticas.
El crecimiento de los sectores estratégicos
Además, están difuminando las fronteras entre lo comercial y lo estratégico en sectores como la tecnología y las finanzas, cuyas implicaciones para el avance de las agendas nacionales tienen alcance mundial. La tecnología reviste una importancia estratégica cada vez mayor, y las principales potencias evalúan un panorama de preocupaciones económicas y de seguridad derivadas de las oportunidades y los riesgos que plantean las interconexiones y la profunda dependencia de la tecnología como fundamento de la seguridad económica, militar y política mundial.
Mientras Estados Unidos y China, por ejemplo, debaten cuestiones tecnológicas y de propiedad intelectual, la OTAN analiza su posible función de respuesta ante intrusiones, en el marco de sus obligaciones de defensa mutua.
El reciente «hackeo» de Sony Pictures y la divulgación y el robo de sus archivos y películas privados han dado pie a especulaciones sobre posibles catalizadores y represalias vinculados con gobiernos. ¿Cómo se abordarán y acordarán las futuras preocupaciones de seguridad y tecnología? ¿Quién fijará las reglas y quién procurará garantizar su cumplimiento?
¿Quiénes ganan y quiénes pierden?
En el caso de los bancos centrales, Estados Unidos —como emisor de la principal moneda de reserva mundial— destaca como el mayor ganador. También lo son los bancos centrales de otros importantes actores económicos y financieros, incluidos el Banco Central Europeo, el Banco de Japón y el Banco de Inglaterra, cuyas decisiones de política ejercen una amplia influencia estratégica más allá de sus fronteras. El Banco Popular de China también es un ganador: su ascenso es tanto estratégicamente importante como necesario para el funcionamiento óptimo del sistema económico mundial.
Es probable que los países con grandes campeones nacionales sean ganadores. Por el contrario, Estados Unidos, que tradicionalmente ha ejercido su influencia sin poseer ni controlar realmente las herramientas de su influencia económica, será un perdedor si el mundo evoluciona hacia un modelo más centrado en las empresas estatales (SOE’s).
Los campeones nacionales existentes y los actores dominantes del mercado ganan si se benefician del apoyo continuo de sus gobiernos, lo que les permite aceptar o incluso rechazar las normas y los resultados acordados internacionalmente. En este marco, es menos probable que se acuerden normas mundiales que regionales, y es más probable que las regionales den lugar a acuerdos regulatorios favorables a los actores establecidos.
Las empresas tecnológicas estadounidenses son tanto grandes ganadoras como posibles perdedoras. El papel cada vez más importante de la tecnología en el panorama estratégico mundial implica que es probable que las empresas con un papel dominante sean ganadoras. Sin embargo, la reacción regulatoria y legal adversa y las agendas proteccionistas de algunos países hacen que estas mismas empresas y sectores sean potencialmente vulnerables a los desafíos tanto de competidores nacionales como de reacciones gubernamentales, hasta el punto de que su dominio los expone a un riesgo particular.
Quizá, lamentablemente, los mayores perdedores en estos escenarios sean las instituciones internacionales, cuyos mandatos son mundiales, pero cuyas capacidades y recursos limitados, así como las dificultades prácticas de implementación, implican que las iniciativas regionales y nacionales llenarán los vacíos creados por su incapacidad para resolver problemas mundiales.
El informe, Geo-economics: Seven Challenges to Globalization, está disponible aquí.
Autor: Douglas Rediker, investigador visitante, Peterson Institute for International Economics
Imagen: El 17 de marzo de 2009 se fotografiaron edificios de oficinas que albergan bancos y fondos de gestión patrimonial en el distrito financiero de Singapur. REUTERS/Vivek Prakash



