De aquí a 2030, los países de todo el mundo tendrán que crear unos 600 millones de empleos solo para absorber el crecimiento de la población en edad de trabajar, al tiempo que afrontan rápidos cambios tecnológicos, transformaciones demográficas sin precedentes, una urbanización acelerada, el cambio climático y obstáculos a la convergencia económica.
En este panorama tan cambiante, una de las preguntas más importantes es cómo serán esos empleos. O, dicho de otro modo, ¿qué combinación de personas y máquinas —o incluso robots o androides— podrían representar? Curiosamente, algunos describen esta nueva era como «la nueva era de las máquinas» (Andrew McAfee y Erik Brynjolfsson, del MIT). Otros la llaman «la era humana» (ManpowerGroup): «el nuevo capitalismo que atribuye un valor sin precedentes al talento como motor del éxito empresarial». Y otros la denominan «la era de los robots “casi humanos”», como PricewaterhouseCoopers, que informa de que una importante empresa de robótica llama a su robot de nueva generación «asistente inteligente para el trabajo industrial».
Para contribuir a este debate, el Consejo Global sobre el Futuro del Empleo del Foro Económico Mundial, del que formo parte, está poniendo en marcha una encuesta que abarcará 2.000 empresas (las 100 empresas más grandes de cada uno de los países del Grupo de los 20) para conocer cómo prevén que las principales tendencias darán forma al mercado laboral de su sector de aquí a 2020. Para el Grupo Banco Mundial, los resultados deberían ayudarnos a asesorar mejor a los responsables de formular políticas sobre la agenda de competencias, así como sobre los tipos de políticas que pueden adoptar para aumentar las probabilidades de aprovechar las oportunidades de empleo y evitar las peores consecuencias previsibles para sus trabajadores, en especial el 40 % con menores ingresos y grupos vulnerables como las mujeres y los jóvenes.
Un panorama económico y social en rápida transformación
Pero antes de entrar en más detalles sobre la encuesta, demos un paso atrás para comprender mejor la cambiante situación económica y social.
En primer lugar, el desafío del empleo es enorme. Durante los próximos 15 años, más de mil millones de jóvenes se incorporarán al mercado laboral, además de los 75 millones que actualmente están desempleados. Hay que tener presente que, entre los jóvenes, la tasa de desempleo es tres veces mayor que entre los adultos. También es necesario aumentar la participación de las mujeres en el empleo remunerado, impulsar la productividad del sector informal —que predomina en el mundo en desarrollo— y abordar el empleo en los Estados frágiles y afectados por conflictos, donde vivirá el 40 % de las personas más pobres del mundo para 2030.
En segundo lugar, la tecnología está cambiando la naturaleza misma del trabajo. Permite innovar y abre nuevas oportunidades, pero también puede ser disruptiva: sustituye ciertos empleos y, a la vez, permite que otros sean más productivos. En Silicon Valley se dice que los robots nos liberarán a todos de las tareas tediosas y que deberíamos celebrarlo. Además, un documento encargado por el Foro Económico Mundial (FEM) a McAffee predice que China se convertirá en «uno de los mayores compradores de equipos robóticos del mundo». Ya hoy, los cajeros automáticos no solo «nos dan» efectivo, sino que también nos permiten pagar facturas. Incluso en la República Democrática del Congo se puede enviar y ahorrar dinero desde un teléfono móvil. Desde hace años, la navegación por satélite nos ayuda a perder menos tiempo extraviándonos. Y Amazon ya está entregando paquetes con drones (aeronaves no tripuladas) en algunos lugares de prueba.
En tercer lugar, no está claro cómo se producirá la convergencia económica de los países más pobres con los más ricos. Los países de menores ingresos solían observar el asombroso éxito económico de Asia Oriental y pensar que podían imitar la estrategia de los gansos voladores: una división internacional del trabajo basada en la ventaja comparativa dinámica, que avanza sin tropiezos desde la manufactura ligera hasta la industrialización y, finalmente, el nirvana de los servicios. Pero la trayectoria del ganso al dragón quizá esté llegando a su fin: algunos expertos en desarrollo señalan una desindustrialización prematura en muchos países de bajos ingresos y pocas oportunidades de ascender siquiera los peldaños más bajos de las cadenas internacionales de valor. Por ejemplo, Dani Rodrik sostiene que en el futuro tendrá mucho menos peso la rápida convergencia mediante la industrialización que dio buenos resultados en Asia Oriental y otras partes del mundo. En cambio, por lo general, el crecimiento tendrá que lograrse por la vía difícil: invirtiendo en competencias y capital humano, y mejorando la gobernanza y las instituciones.
La encuesta sobre el futuro del empleo
En este contexto, la encuesta del FEM sobre el futuro del empleo aportará información a los debates sobre los cambios tecnológicos y el empleo, así como sobre cómo es probable que sus efectos varíen entre sectores, países y tipos de empresas. Las preguntas se centran en las principales tendencias que afectarán la forma en que estas empresas líderes hacen negocios, cuáles serán los efectos previstos en su propio empleo (incluida la composición por género) y cómo están planificando actualmente ajustar sus prácticas de empleo ante estos cambios previstos.
De las aproximadamente 15 tendencias posibles mencionadas en el cuestionario, cerca de la mitad se refieren a la tecnología. Entre las principales figuran: (i) el aumento de la longevidad y el envejecimiento de las sociedades; (ii) el «auge de la población joven» en los mercados emergentes y sus implicaciones para la reserva mundial de talento; (iii) el cambio de las aspiraciones de las mujeres en la fuerza laboral; (iv) el reequilibrio de la economía mundial hacia los mercados emergentes; (v) el cambio climático, las limitaciones de los recursos naturales y la transición a una economía verde; (vi) una mayor conciencia de los consumidores sobre la privacidad, la inocuidad de los alimentos y las preocupaciones éticas y ambientales; (vii) la transformación de los entornos laborales y los acuerdos de trabajo flexibles (a tiempo parcial, por proyectos); (viii) nuevos ecosistemas empresariales, la colaboración colectiva y las plataformas entre pares.
Los resultados de este cuestionario servirán de base para el trabajo posterior de nuestro consejo, destinado a consolidar los conocimientos más recientes sobre tendencias y disrupciones, elaborar escenarios de competencias y demanda de empleo para los próximos 5-10 años e identificar las implicaciones de estas proyecciones para la planificación del capital humano y las políticas laborales de los gobiernos, así como para las empresas y los proveedores de educación.
Otro aporte importante al debate mundial sobre el empleo será el Informe sobre el desarrollo mundial 2016 del Banco Mundial, que examinará cómo las tecnologías digitales pueden impulsar el desarrollo, especialmente para las personas pobres y vulnerables de las economías en desarrollo. Está claro que nunca ha sido más urgente que la comunidad mundial elabore nuevos enfoques para la creación de empleo y el desarrollo de competencias, y no de cualquier empleo, sino de empleos de calidad y productivos que contribuyan a un crecimiento sostenible e inclusivo.
Esta publicación apareció originalmente en el blog sobre empleo y desarrollo del Banco Mundial. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Nigel Twose es director sénior del Banco Mundial.
Imagen: Trabajadores de la línea de montaje sustituyen las cubiertas traseras de televisores de 32 pulgadas en Element Electronics, en Winnsboro, Carolina del Sur. REUTERS/Chris Keane



