¿Cómo debería ser el sistema financiero de EE. UU.?

¿Cómo debería ser el sistema financiero de EE. UU.?
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La industria de servicios financieros de EE. UU. recibió numerosas críticas tras la crisis financiera de 2007, una reacción natural si se tienen en cuenta los papeles que desempeñaron distintas instituciones financieras al inflar una burbuja inmobiliaria y desencadenar la peor recesión desde la Gran Depresión. Por supuesto, ahora hay más regulaciones financieras prudenciales, gracias a la Ley Dodd-Frank de 2010; aun así, vale la pena dar un paso atrás y considerar el importante papel que desempeña hoy el sistema financiero en la economía estadounidense.

Una primera observación importante es que, en realidad, el sector financiero en su conjunto se ha vuelto menos eficiente desde la década de 1980, según una investigación del economista de la Universidad de Nueva York Thomas Phillippon. Sin embargo, Noah Smith, profesor de la Universidad de Stony Brook, señala en una columna para Bloomberg View que lo que consideramos «finanzas» abarca una variedad de servicios distintos. Los fondos de cobertura son diferentes de los fondos de capital de riesgo, que a su vez son diferentes de los bancos comunitarios. Pero Smith observa que todos tienen algo en común: toman los ahorros y los convierten en inversiones, una función de enorme importancia en una economía capitalista compleja.

Pero ¿qué tamaño y qué grado de predominio necesita tener el sector financiero en sentido amplio dentro de la economía estadounidense para cumplir esta importante función? Smith sostiene que la mejor manera de averiguarlo es evaluar el valor de cada parte específica del sector financiero. Así, por ejemplo, cabe preguntarse cuál es el valor de las operaciones de alta frecuencia o de la inversión de capital privado impulsada por la deuda. Su respuesta es que estos son subsectores que probablemente son «demasiado grandes en el margen».

Luego está la cuestión del propósito. El sistema financiero estadounidense convierte los ahorros en inversión, pero ¿son los tipos de inversión elegidos los más eficaces? Consideremos, por ejemplo, la transformación del sector de la banca comercial a lo largo del siglo XX. La mayoría de las personas cree que los bancos comerciales se centran en financiar inversiones empresariales, pero la realidad es que cada vez se concentran más en canalizar los ahorros hacia hipotecas para vivienda, mientras que subsectores financieros como los mercados de bonos y los mercados de préstamos apalancados atienden las necesidades de las empresas. Quizás, a la luz de estos hechos, convendría considerar una reestructuración del sector de la banca comercial para que se ajuste a su propósito más destacado.

O consideremos el papel de los inversores activistas, que utilizan los ahorros para impulsar el desplazamiento de las inversiones hacia un aumento de los dividendos y las recompras de acciones. Este tipo de empresas financieras está fijando los criterios con los que se juzgan las inversiones. Pero ¿son estos pagos una señal precisa de la estabilidad de las empresas a largo plazo? De no ser así, podría haber consecuencias para la economía en general. Sin duda, esta es una cuestión de propósito, no de tamaño.

Por tanto, el tamaño quizá no sea la única cuestión pertinente en lo que respecta al sector financiero. También es importante considerar la estructura y el propósito del sistema financiero y de sus partes constituyentes. Si las finanzas funcionan como un sistema de riego para la economía en general, debemos preguntarnos no solo cuán grandes son las tuberías concretas, sino también adónde conducen finalmente.

Este artículo se publica en colaboración con Equitable Growth. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.

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Autor: Nick Bunker es analista de políticas del Washington Center for Equitable Growth.

Imagen: Un letrero de Wall Street cuelga frente a la Bolsa de Nueva York. REUTERS/Lucas Jackson

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