¿Qué nos hace esperar subidas de precios?

¿Qué nos hace esperar subidas de precios?
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Las expectativas sobre las variables macroeconómicas desempeñan un papel importante en la teoría económica y en la formulación de políticas. En particular, las expectativas de inflación de los hogares son fundamentales para entender las decisiones de consumo e inversión y, en última instancia, el impacto de las políticas monetarias. Aunque los bancos centrales desean naturalmente influir en las expectativas, no existe consenso sobre cómo se forman las expectativas de los hogares ni sobre cuál es la mejor manera de influir en ellas (véanse Bernanke 2007, Bachmann et al. 2012, Coibion y Gorodnichenko 2013, y Armantier et al. 2014).

Cuando se miden mediante encuestas, las expectativas de inflación de los hogares suelen ser mucho más heterogéneas que las de los pronosticadores profesionales (Ranyard et al. 2008, Armantier et al. 2013). A modo de ilustración, la Figura 1 compara las expectativas de los hogares y los expertos de Estados Unidos y Argentina, los dos países de nuestro estudio (véase Nishiguchi et al. 2014 para evidencia similar de Japón). En la bibliografía económica se han propuesto dos explicaciones principales para este grado de dispersión en las expectativas de los hogares. Algunos autores lo atribuyen a la falta de atención racional, según la cual las personas solo incorporan parcialmente la información sobre temas como las estadísticas de inflación, porque obtenerla tiene un costo (Mankiw et al. 2003, Carroll 2003). Esta explicación resulta especialmente convincente en contextos de baja inflación como Estados Unidos, donde el costo financiero potencial de ignorar la inflación es insignificante para la mayoría de los hogares. Otros autores sostienen que, al formar sus expectativas de inflación, las personas utilizan información derivada de su experiencia personal como consumidores, que puede ser diversa e inexacta (Bruine de Bruin et al. 2011, Malmendier y Nagel 2013, Madeira y Zafar, de próxima publicación). Estas explicaciones son difíciles de distinguir empíricamente porque no son mutuamente excluyentes. Las personas pueden optar por prestar atención de manera racionalmente limitada y, al mismo tiempo, usar sus experiencias personales de compra como una fuente de bajo costo de información sobre los cambios de precios.

Figura 1. Expectativas de inflación de los hogares y los pronosticadores profesionales para 2013, Estados Unidos y Argentina

Nota: Inflación esperada para el período del 1 de enero al 31 de diciembre de 2013, según lo informado en diciembre de 2012.
Fuentes: Survey of Consumers de la Universidad de Michigan, diciembre de 2012 (encuesta a hogares, Estados Unidos, N=502); Survey of Professional Forecasters del Banco de la Reserva Federal de Filadelfia, cuarto trimestre de 2012 (pronosticadores profesionales, Estados Unidos, N=48); WP Public Opinion Survey (encuesta a hogares, Argentina, N=777; véase Cavallo et al. 2014 para más detalles) y LatinFocus Consensus Forecast, enero de 2013 (pronosticadores profesionales, Argentina, N=16).

Nuevas evidencias de experimentos con encuestas

En un trabajo reciente (Cavallo et al. 2014), presentamos evidencia de una serie de experimentos con encuestas diseñados específicamente para separar algunos de estos efectos. Proporcionamos aleatoriamente a los participantes información relacionada con la inflación pasada, como estadísticas de inflación y precios históricos de productos específicos de supermercado. A partir de esa variación experimental, usamos un modelo de aprendizaje bayesiano para inferir cuánto peso asignan los participantes a una determinada información en relación con sus creencias previas sobre la inflación pasada. Nuestra metodología nos permite distinguir entre aprendizaje espurio y genuino. Para evaluar el papel del modelo de falta de atención racional, realizamos experimentos similares en un contexto de baja inflación —Estados Unidos, con una tasa de inflación anual promedio del 1.8% en los cinco años anteriores a nuestro estudio— y en un contexto de alta inflación —Argentina, donde la tasa de inflación anual promedio durante el mismo período fue de alrededor del 22.5%.1

Los hogares actualizan sus creencias, especialmente en un contexto de baja inflación

Nuestros resultados indican que la información relacionada con la inflación pasada tiene un impacto importante en las expectativas de inflación. Observamos que, cuando se enfrentan a información sobre la inflación pasada distinta de sus creencias previas, las personas asignan un peso del 50% al 80% a los nuevos datos para actualizar sus creencias. Esto ocurre tanto cuando proporcionamos información sobre estadísticas agregadas de inflación como cuando proporcionamos información sobre los precios históricos de algunos productos individuales de supermercado. Esta evidencia es coherente con la existencia de consumidores en gran medida desatentos que aprenden a partir de nueva información.

Además, los resultados entre países sugieren que esta falta de atención es racional. En relación con su creencia previa, una persona en un contexto de baja inflación asigna un peso de aproximadamente el 85% a la información sobre las estadísticas recientes de inflación, mientras que una persona en un contexto de alta inflación asigna un peso de aproximadamente el 50%. Las diferencias son similares al comparar los pesos asignados a la información sobre precios de supermercado en lugar de estadísticas de inflación. El hecho de que las tasas de aprendizaje fueran un 70% más altas en el contexto de baja inflación es coherente con el modelo de falta de atención racional, que predice que las personas en un contexto de mayor inflación están mejor informadas porque el costo de percibir erróneamente la inflación es mayor.

Estadísticas de inflación frente a precios de productos conocidos

En una de nuestras variantes de tratamiento, proporcionamos a las personas información sobre estadísticas de inflación y, simultáneamente, información sobre los precios históricos de un puñado de productos de supermercado. Los participantes siguieron asignando un peso significativo a los precios de productos específicos, incluso mayor que el asignado a las estadísticas de inflación. En otras palabras, los participantes tendían más a incorporar información sobre los cambios de precio de algunos productos conocidos, como el pan y la leche, que estadísticas sobre los cambios de precio de miles de productos. Una posible interpretación, todavía compatible con la falta de atención racional, es que a las personas les cuesta menos incorporar información sobre precios individuales porque son más fáciles de entender.

Los recuerdos pueden inducir a error

Dado que interpretar las estadísticas de inflación tiene un costo, las personas podrían sustituirlas por sus recuerdos de los cambios de precios en las tiendas minoristas. Para entender mejor cómo las experiencias de compra pasadas afectan las expectativas de inflación, realizamos un experimento con una encuesta a consumidores interceptados en una cadena de supermercados de Argentina. Registramos las compras de los consumidores escaneando los recibos de supermercado de los participantes, que vinculamos con datos sobre los precios históricos reales de esos mismos productos en la misma tienda. También pedimos a los encuestados que recordaran los precios históricos de un conjunto aleatorio de artículos que acababan de comprar, lo que nos permitió generar variaciones exógenas en la relevancia de sus propios recuerdos de precios. Encontramos evidencia de que las personas utilizan sus propios recuerdos de los cambios de precio de productos específicos al formar sus expectativas de inflación. Sin embargo, sus recuerdos no guardan relación con los cambios de precio reales experimentados por los productos que los participantes habían comprado recientemente. Lejos de corregir un sesgo de representatividad en las estadísticas agregadas de inflación, el uso de recuerdos de precios como insumos para formar expectativas de inflación parece inducir errores significativos en esas expectativas.

Observaciones finales

Nuestros hallazgos son pertinentes para los debates recientes sobre la transparencia de los bancos centrales y sus estrategias de comunicación. Los bancos centrales suelen intentar utilizar información para influir en las expectativas de inflación de los hogares. Por ejemplo, al momento de redactar este artículo, el banco central de Japón se esfuerza por aumentar las expectativas de inflación de los hogares (véanse Baldwin y Gros 2013), mientras que países con alta inflación como Argentina y Venezuela intentan reducirlas con urgencia. Nuestra evidencia sugiere que, además de difundir estadísticas agregadas, los bancos centrales disponen de un margen de política adicional: comunicar cuán objetivas, precisas y representativas son sus estadísticas. Por ejemplo, el BCE y el organismo estadístico francés han realizado esfuerzos notables para crear herramientas en línea que comuniquen esta información y expliquen, de manera accesible, cómo se recopila y procesa. Además, junto con la publicación de las tasas de inflación anual agregadas, los organismos estadísticos podrían ofrecer tablas con precios históricos de productos individuales similares a los de nuestros experimentos, seleccionando conjuntos de productos ampliamente conocidos cuyos cambios de precio promedio reproduzcan la tasa agregada.

Publicado en colaboración con VoxEU

Autor: Alberto Cavallo es profesor adjunto de Economía Aplicada en MIT Sloan. Guillermo Crucas es subdirector del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS) de la Universidad Nacional de La Plata. Ricardo Perez-Truglia es investigador posdoctoral en Economía en Microsoft Research New England.

Imagen: En esta ilustración fotográfica, un carrito de compras avanza por un pasillo. REUTERS/Srdjan Zivulovic

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