Tras semanas de negociaciones y meses de incertidumbre, Grecia ha aceptado un plan de rescate de 86 000 millones de euros con sus acreedores internacionales. Sin embargo, existen dudas sobre si sus condiciones son suficientes, en particular en lo relativo al alivio de la deuda. Y, además, Europa necesita de forma apremiante encontrar una manera más sostenible de gestionar la creciente deuda soberana.
La gran pregunta es: ¿cómo? Ciertamente no queremos atravesar el mismo tipo de crisis que hemos visto en Grecia si otros países europeos, como Portugal, España o incluso Italia, se encuentran en apuros.
Y, sin embargo, la deuda soberana de Grecia no es la mayor del mundo. Aunque se presenta como una montaña de 177 % del PIB, Japón es el líder mundial en deuda del sector público, que se sitúa en un nivel mucho más impresionante de 234 % del PIB.
Ante una cifra tan asombrosa, me preguntaba qué encontraría al bajar del avión en Tokio hace poco. Unas semanas antes había estado en Atenas, donde presencié largas colas frente a los cajeros automáticos, debates políticos apasionados con casi cualquier persona con la que hablabas y masivas manifestaciones callejeras. Grecia era una sociedad al límite.
Pero Japón era completamente distinto. Los cajeros automáticos entregaban cualquier cantidad de dinero. Los bancos tenían balances sólidos. En una semana recorriendo Tokio de un lado a otro, solo vi una pequeña protesta, protagonizada por unas pocas personas mayores. Las personas con las que hablé sabían que su país afrontaba desafíos. Pero los grandes temas del debate nacional eran la política de defensa y el estadio olímpico – no la deuda nacional.
Grandes diferencias
¿Por qué, me pregunté, debería Grecia estar de rodillas mientras Japón parecía desempeñarse bien en silencio? Al empezar a profundizar, descubrí algunas diferencias importantes. La primera es que la deuda del gobierno japonés es, en parte, fruto de la contabilidad. Una parte considerable de la deuda del gobierno japonés se debe a sí mismo. Si se tiene en cuenta la deuda que se debe a otras partes del gobierno, la ratio deuda/PIB baja hasta el 140 %.
El segundo factor distintivo de la deuda japonesa es que se debe en gran medida a inversores japoneses. Alrededor del 90 % de la deuda está en manos de residentes japoneses. Los japoneses tienen tasas de ahorro de los hogares muy elevadas, y gran parte de ese ahorro se invierte en bonos del Gobierno japonés. Esto contrasta marcadamente con Grecia, donde la gran mayoría de la deuda del país se debe a extranjeros: el FMI, los países de la eurozona y el Banco Central Europeo. Esto significa que, mientras Japón depende de su propia población (como los pensionistas y los depositantes), los griegos tienen que negociar con tecnócratas del norte de Europa. Y, como han descubierto recientemente, esto puede socavar considerablemente la soberanía nacional.
La tercera gran diferencia es que Japón todavía tiene un margen considerable para subir impuestos con el fin de pagar su deuda. Actualmente, el impuesto al consumo del país se sitúa en el 8 %. Es muy inferior a los tipos de otros países desarrollados, como el Reino Unido, donde el IVA es del 20 %. En Grecia, el tipo vigente es de entre el 6,3 % y el 23 % , según el tipo de bien.
Sin embargo, hay un inconveniente. Recientemente, el Gobierno japonés intentó elevar el tipo al 10 %, lo que hizo que la economía retrocediera. Como resultado, el Gobierno aplazó la subida de impuestos hasta 2017. Algunos economistas japoneses sostienen que la deuda del país es insostenible y han instado al Gobierno a afrontarla con mayor determinación mediante medidas de austeridad de amplio alcance . Los factores demográficos hacen que esto sea más urgente. El rápido envejecimiento de la sociedad japonesa significará que los ingresos fiscales disminuyan a medida que la población activa se reduzca en los próximos años.
La cuestión del control
La siguiente gran diferencia con Grecia es que Japón tiene control sobre su propia política monetaria. Si quiere empezar a imprimir dinero, puede hacerlo. Así, el Banco de Japón ha estado imprimiendo dinero para comprar deuda pública, lo que ha ayudado a convertir su carga de deuda pública en una ilusión. Grecia, en cambio, no tiene esta opción. Al estar vinculada a la eurozona, no puede reducir el valor de su moneda para abaratar su deuda y hacer más atractivas sus exportaciones.
Luego está la reciente política fiscal de Japón. Como respuesta a un desempeño económico poco brillante (y, en consecuencia, a unos ingresos fiscales bajos), el Gobierno de Abe ha puesto en marcha un programa de estímulo fiscal masivo. Esta medida keynesiana tradicional ha propiciado un crecimiento modesto. En lugar de recortar de forma drástica el gasto público en un momento en que la economía languidece (como ha hecho Grecia en el marco de sus paquetes de rescate), Japón ha hecho exactamente lo contrario: utilizar el gasto público para impulsar la actividad económica.
Japón también sigue contando con numerosas fortalezas económicas básicas. Tiene empresas líderes a escala mundial, bien gestionadas (piénsese en grandes compañías como Toyota y Sony). Pero también tiene fortalezas en una amplia gama de otros sectores, como las finanzas, el comercio minorista y los servicios de información. Además, cuenta con un sector público eficaz capaz de prestar servicios públicos y de apoyar a la industria japonesa. En cambio, las fortalezas de la economía griega se concentran principalmente en dos ámbitos: el transporte marítimo y el turismo. Su sector público es notoriamente corrupto.
La última diferencia significativa es que, mientras Japón es considerado un prestatario de buena reputación en los mercados internacionales, Grecia ha perdido legitimidad ante la mayoría de sus acreedores tras negociaciones tensas y sucesivos rescates. El FMI ha declarado públicamente que duda de la capacidad de Grecia para devolver su deuda. No es el caso de Japón.
Lecciones de Japón
No todo es de color de rosa en Japón, y el país tiene claramente que hacer frente a su enorme deuda nacional. Pero estas llamativas diferencias muestran que hay lecciones que Grecia —y Europa en general— podrían extraer sobre cómo convivir con la deuda y gestionarla sin que ello constituya una crisis tan grave:
Cuando la deuda está en manos de extranjeros, estos suelen estar más interesados en apropiarse de activos e imponer políticas de austeridad severas que no tienen que soportar ellos mismos.
Se puede reducir la deuda generando crecimiento, en lugar de limitarse a aplicar austeridad. Japón ha demostrado que las políticas keynesianas tradicionales pueden generar crecimiento, lo que aumenta los ingresos fiscales y puede utilizarse para reducir la deuda.
Tener control sobre la política monetaria es importante. Como la eurozona controla cuánto dinero se crea, los países individuales no pueden salir de la deuda imprimiendo dinero.
Construir una base industrial y del sector público sólida para la generación continua de riqueza es fundamental. Esto implica crear empresas que ofrezcan productos y servicios verdaderamente excelentes y garantizar un sector público eficaz y bien gestionado.
Mantener la legitimidad ante los acreedores parece ser de suma importancia. Aunque muchos detractores de Yanis Varoufakis admiten ahora que el análisis que hizo el antiguo ministro de Finanzas sobre la dinámica que subyace a la crisis de la deuda griega era, en líneas generales, acertado, también detestan abiertamente al hombre. Esta podría no ser la mejor posición negociadora cuando se pide cierta indulgencia a los deudores.
Sin embargo, en última instancia, Japón demuestra que son posibles alternativas a la austeridad rigurosa. La experiencia europea nos ha mostrado que las crisis de deuda pueden trasladar de forma efectiva el poder de decidir sobre las políticas, desde los gobiernos nacionales democráticamente elegidos hacia tecnócratas no elegidos de agencias financieras internacionales. Además, las crisis de deuda pueden atrapar con frecuencia a las economías en espirales negativas de caída de los ingresos fiscales, recortes del gasto y una economía que se contrae rápidamente.
Está claro que se necesitan nuevas ideas si queremos evitar que se perpetúe la crisis griega y de la eurozona. La idea misma de que la deuda soberana está escrita en piedra merece ser cuestionada , junto con una reflexión sobre cómo repartir el riesgo de forma más justa entre acreedores y deudores, de modo que, cuando las cosas van mal, ambos compartan el dolor.
Como muestra Japón, convivir con altos niveles de deuda no tiene por qué ser la tragedia griega que hemos visto en los últimos meses, y es hora de salir de la calle de sentido único de la austeridad.
Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
Para estar al día con Agenda suscríbase a nuestro boletín semanal.
Autor: Andre Spicer es catedrático de Comportamiento Organizacional en la Cass Business School de la City University London.
Imagen: Hombres de negocios caminan detrás de una bandera nacional japonesa en un centro de convenciones de Tokio el 21 de mayo de 2015. REUTERS/Toru Hanai



