La digitalización ofrece a las infraestructuras de poscontratación la oportunidad de contribuir a definir una nueva estructura de mercado.
Acelerar la liquidación de las operaciones para que se complete un día después de la negociación es una de las principales iniciativas actuales.
Al recopilar y organizar digitalmente la información sobre las operaciones, las infraestructuras de posmercado ayudan a los clientes a comprender mejor el comportamiento de los mercados.
A medida que la digitalización transforma el mercado financiero mundial, las empresas responsables de compensar y liquidar operaciones tienen la oportunidad de contribuir a definir una nueva estructura de mercado que combine los valores tradicionales de hoy con los activos digitales del mañana.
Activos digitales: la transformación de los mercados financieros
El desarrollo y la implementación de tecnología de vanguardia, junto con las demandas de mayor eficiencia y menores costos, y el impulso constante a innovar para aumentar el valor para los clientes, hacen que las infraestructuras de mercado deban mantener un pie en el presente y otro en el futuro.
Cada día, las organizaciones de poscontratación cumplen su misión cotidiana —ejecutar de manera fluida e impecable las transacciones mundiales de valores— mientras identifican oportunidades para replantear procesos y aprovechar la tecnología a fin de mejorar la transparencia, la eficiencia y la gestión de riesgos.
Un ejemplo significativo de este trabajo es el avance hacia una liquidación más rápida en Estados Unidos: pasar del estándar actual de dos días después de la negociación (T+2), adoptado por el sector en 2017, a un día después de la negociación (T+1). Este ciclo más corto reduciría el riesgo de mercado y los requisitos de margen —cada día se mantienen en promedio más de 13.400 millones de dólares en márgenes para gestionar el riesgo de incumplimiento de las contrapartes en el sistema— y recortar un día permitiría a las empresas destinar esos recursos a otros usos. La iniciativa T+1 ha obtenido apoyo en muchos sectores de la industria, y la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos ha propuesto implementarla en el primer trimestre de 2024, aunque la industria sugiere hacerlo algo más avanzado ese año.
Al igual que el cambio a T+2 en 2017, acelerar la liquidación a T+1 será complejo y requerirá una amplia coordinación y comunicación entre los participantes del mercado, las partes interesadas del sector y los reguladores para garantizar una transición fluida. Como firmes defensores desde hace tiempo de este cambio, la Securities Industry and Financial Markets Association (SIFMA), el Investment Company Institute (ICI) y la Depository Trust & Clearing Corporation (DTCC) se están reuniendo con las partes interesadas y este verano publicarán una «guía práctica» de T+1 que describirá los pasos para organizar equipos, eliminar o simplificar procesos manuales, realizar pruebas exhaustivas e implementar las amplias soluciones T+1 en una gran variedad de valores, productos y servicios financieros.
Acelerar la liquidación supone una mejora importante, pero es solo una parte de las oportunidades que ofrece hoy la poscontratación. Por ejemplo, cada vez está más claro que los datos —y las formas de convertir los datos operativos en análisis innovadores— están redefiniendo las relaciones entre las operaciones de las áreas de atención al cliente y las de gestión interna, y contribuyendo a transformar los mercados.
Aunque la negociación de distintas clases de activos en los mercados mundiales genera de forma inherente una fragmentación entre plataformas y bolsas competidoras, las infraestructuras de poscontratación desempeñan un papel fundamental en la recopilación y organización digital de esta información dispersa mediante los procesos de compensación y liquidación. A medida que aumenta el volumen de datos, las áreas de atención al cliente, los fondos de cobertura, los intermediarios bursátiles y otros actores los aprovechan para comprender mejor el comportamiento de los mercados, reconocer patrones de compra y venta y obtener mayor transparencia sobre las correlaciones, el contagio, los riesgos y la valoración.
Con esta información empírica, las áreas de gestión interna encuentran nuevas oportunidades para innovar con activos de datos y convertirse en mejores socios de las áreas de atención al cliente. La importancia de esa información seguirá creciendo a medida que las infraestructuras de mercado extiendan los beneficios de la compensación al lado comprador, además de respaldar los préstamos titulizados y los bonos del Tesoro, y desarrollen reglas y mecanismos para compensar y liquidar nuevos activos digitales. Estos productos y reglas serán esenciales para crear el nivel suficiente de transparencia e integridad que se requiere para atraer a participantes institucionales.
Dado el crecimiento y el alcance potencial de los nuevos activos digitales, las empresas deben estar preparadas para evolucionar del modelo tradicional de intercambio de valores por efectivo a un entorno digital en el que las cámaras de compensación se conviertan en «facilitadoras de transferencias de activos» que gestionen diversas transacciones de «activo por activo». Las infraestructuras de mercado deben ser muy flexibles y estar preparadas para adaptarse rápidamente, ya que estas transacciones futuras podrían incluir moneda fiduciaria tradicional, monedas digitales de bancos centrales (CBDC), tokens no fungibles, monedas estables y tokens digitales o nativos. Es probable que estos y otros activos se utilicen para pagar valores tradicionales o derivados, o que sirvan tanto de activo como de pago recibido. A medida que se tokenizan activos tangibles, desde el oro hasta las obras de arte y las tarjetas de béisbol —y se supone que esos activos digitales se utilizarán en algún momento para comprar bienes físicos, así como valores—, los inversores y consumidores deben confiar en cómo se determina el valor de esos activos y en las normas de regulación, gobernanza y gestión de riesgos que protegen a los inversores y los mercados contra las estafas digitales.
De hecho, el valor de un activo digital o un token depende de la integridad del lugar donde se almacena. Las infraestructuras de mercado, incluida la DTCC, están invirtiendo en crear plataformas que respalden nuevos modelos y mecanismos para aportar estabilidad y seguridad a los mercados digitales, del mismo modo que han protegido los mercados de efectivo durante décadas. Hoy utilizamos, en distintos grados, tecnología de registros distribuidos, interfaces de programación de aplicaciones y servicios en la nube en proyectos que van desde un prototipo para explorar cómo podría funcionar una CBDC en la compensación y liquidación en Estados Unidos, hasta una plataforma de gestión de valores digitales que crea infraestructura y estándares para los mercados privados, y la plataforma ION, que acelera los ciclos de liquidación y conserva las ventajas de la compensación neta y las garantías de las operaciones. Todos estos esfuerzos sientan las bases para respaldar transacciones que impliquen la digitalización y tokenización de activos, y para cumplir nuestra responsabilidad de mantenerlos y protegerlos.
Mejorar la eficiencia, reducir los costos y mitigar los riesgos son objetivos esenciales hoy y seguirán siéndolo en el futuro. Aunque mantengamos un pie en el presente y otro en el futuro, la misión de las infraestructuras de mercado no cambiará: nuestro papel consiste en mantener y proteger cualquier representación de un activo, digital o de otro tipo, ofrecer certidumbre y garantizar la seguridad de los mercados financieros mundiales.



