¿Demasiado grande para caer? Pruebe a ser demasiado complejo para gestionarlo

A woman walks between buildings at Sanlitun SOHO residential and commercial complex in Beijing May 12, 2011.
Image: REUTERS/Jason Lee
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¿Quiere captar la atención de los altos directivos de las multinacionales hoy en día? Dígales que puede simplificar sus cargas normativas.

El principio de «demasiado grande para caer» ha dado lugar a un descontrol normativo demasiado complejo de gestionar. La ley Dodd-Frank, la Directiva sobre los mercados de instrumentos financieros, la Ley de Cumplimiento Tributario de Cuentas Extranjeras, la iniciativa de erosión de la base imponible y traslado de beneficios (BEPS) y las Normas Internacionales de Información Financiera son solo algunas de las principales iniciativas de reforma introducidas en los últimos años para abordar cuestiones que van desde las transacciones en los mercados financieros hasta la legislación fiscal mundial.

Este fenómeno ha convertido el cumplimiento normativo en una de las categorías profesionales de más rápido crecimiento y ha elevado a la categoría de arte la práctica de desenvolverse en una red de requisitos normativos en constante evolución y expansión. Aunque muchas grandes empresas han adquirido gran destreza para gestionar este reto, en parte gracias al crecimiento económico sostenido, cada vez hay más indicios de que el ritmo desbocado del rigor normativo se está convirtiendo en una carga de costes insostenible. La tecnología puede ayudar, pero aún queda mucho camino por recorrer.

Consideremos los resultados de una encuesta publicada en mayo por mis colegas de Thomson Reuters Regulatory Intelligence, que reveló que los bancos y otras instituciones financieras gastan ahora hasta 500 millones de dólares al año para cumplir los requisitos de «conozca a su cliente» (KYC), diseñados para prevenir el blanqueo de capitales, la financiación del terrorismo y otros delitos financieros. Eso es solo una pequeña parte de los requisitos de cumplimiento asociados a una fracción de las nuevas normativas introducidas en los últimos seis años.

Añadamos el coste de cumplir con la larga lista de reformas fiscales mundiales derivadas de la iniciativa BEPS, y los costes totales de cumplimiento se vuelven casi imposibles de calcular. Más allá de los propios impuestos, es considerable el enorme esfuerzo necesario para implantar los sistemas financieros requeridos para gestionar las obligaciones de información país por país y los nuevos impuestos sobre las transacciones digitales vinculados a BEPS. Muchos de nuestros clientes nos dicen que, como resultado directo de la iniciativa BEPS, prevén duplicar el presupuesto actual para resolver controversias fiscales. En todo el mundo, el 86 % de los profesionales de fiscalidad corporativa afirma que está dedicando más tiempo al cumplimiento fiscal debido a BEPS.

La retórica política reciente en torno a las elecciones presidenciales de Estados Unidos y al voto del Reino Unido sobre el Brexit se ha centrado en eliminar parte de esta complejidad. El presidente electo Donald Trump hizo una campaña incansable con una plataforma de impuestos más bajos y menos regulación. Su secretario del Tesoro anunció, apenas unos minutos después de ser nombrado para el cargo, que su «prioridad número uno es la reforma fiscal». Asimismo, unos impuestos corporativos más bajos ocupaban un lugar central en la estrategia económica de la Gran Bretaña posterior al Brexit, y el Tesoro del Reino Unido planeaba reducir los impuestos corporativos para evitar que las empresas abandonaran el Reino Unido.

Sin embargo, si consideramos el impacto real de estos cambios sísmicos en los tipos impositivos corporativos de grandes economías como Estados Unidos y el Reino Unido, el resultado final para las grandes empresas es, en realidad, una mayor complejidad administrativa. Las estructuras que las multinacionales tienen actualmente para desenvolverse en los códigos fiscales mundiales —desde las estrategias de precios de transferencia hasta la ubicación de las sedes— no pueden desmantelarse de la noche a la mañana solo porque cambien los tipos impositivos generales.

Entonces, ¿cuál es la respuesta? Si el camino que seguimos es realmente insostenible, ¿tendrán las multinacionales que apretar los dientes y soportarlo? ¿Veremos cómo los costes de cumplimiento se convierten en un estribillo en los informes trimestrales de resultados de empresas que no alcanzan sus objetivos de crecimiento? ¿O hay una solución en el horizonte?

Lo más probable es que la respuesta combine un poco de ambas cosas. De hecho, ya hemos visto a muchas empresas, en particular del sector de los servicios financieros, atribuir sus menores beneficios al aumento de los costes de cumplimiento. Pero también estamos viendo el auge de una categoría completamente nueva de empresas «RegTech» que afrontan este reto de frente y aprovechan los macrodatos y las tecnologías de computación cognitiva para simplificar muchos de los obstáculos normativos de cumplimiento que se han vuelto tan costosos de gestionar. Incluso en el ámbito de la fiscalidad corporativa, las nuevas tecnologías basadas en la nube están abriendo paso a capacidades predictivas que están transformando la manera en que los profesionales fiscales proyectan obligaciones futuras y prevén el impacto de nuevas leyes antes de que se aprueben.

Quienes aún añoran la sencillez de los buenos tiempos probablemente no verán cumplidos sus deseos, pero la nueva normalidad de sobrecarga normativa no es el fin del mundo. Es simplemente un nuevo reto que los innovadores y agentes de cambio más brillantes encontrarán la manera de gestionar.

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