El nuevo primer ministro de Italia, Matteo Renzi, quiere atacar el elevado desempleo juvenil reduciendo los impuestos sobre el trabajo. Ese enfoque tiene mucho a su favor, no solo en Italia, sino en toda Europa, donde los impuestos directos e indirectos sobre los empleadores y los puestos de trabajo representan la mitad de la recaudación fiscal total, mientras que los impuestos sobre el capital suponen solo una quinta parte. Pero la reforma fiscal será un proceso largo y difícil, y existen formas mucho más rápidas de incorporar a los jóvenes al mercado laboral.
Hace treinta años analicé a fondo la lacra del desempleo que entonces azotaba Europa en un libro titulado World Out of Work. La lacra ha vuelto y parece más intratable que nunca. Sin embargo, hay tres atajos para poner fin a la crisis del empleo en Europa, aunque pocos gobiernos de la UE parecen interesados en ellos.
El primer atajo es obvio: respaldar a los jóvenes emprendedores con garantías bancarias sin precedentes, muy generosas, y con exenciones fiscales. El segundo es la política mucho menos evidente de aumentar el empleo femenino mediante servicios de guardería baratos o incluso gratuitos. Y el tercero es la idea completamente contraintuitiva de hacer que el desempleo juvenil sea mucho más manejable simplemente recalculando las estadísticas (suena falso, lo sé, pero tengan paciencia).
Incluso en lo que respecta a la propuesta evidente de animar a más personas, y en especial a los jóvenes, a crear su propia empresa, los gobiernos han adoptado el enfoque equivocado. Sí, existen innumerables programas para subvencionar a las empresas emergentes y para ofrecer servicios centralizados y asesoramiento experto en parques empresariales especiales. Pero el primer obstáculo con el que suelen toparse los emprendedores son los bancos.
Los bancos odian el riesgo, y las empresas emergentes son muy arriesgadas. La cultura empresarial europea, a diferencia de la estadounidense, estigmatiza el fracaso. Los magnates estadounidenses suelen acumular una serie de quiebras antes de dar en el clavo, pero en Europa los bancos nunca dan segundas oportunidades y son extremadamente cautelosos a la hora de conceder una primera.
Ahí es donde interviene el gobierno, garantizando la financiación de nuevas empresas por parte de los bancos. En una Europa sometida a la austeridad, donde los bancos están recuperando su negocio crediticio para reconstruir sus propios balances, avalar iniciativas empresariales impulsaría el crecimiento.
Muchas de esas empresas emergentes fracasarán. ¿Y qué? La actividad económica generada solo por su puesta en marcha generaría nuevos ingresos fiscales que cubrirían con creces el coste para las arcas públicas.
La clave del aval de los gobiernos de la UE a los emprendedores es la simplicidad. La esencia de la burocracia es la complejidad, que es la mayor barrera de todas para las empresas emergentes. Acceder a los programas de apoyo debe facilitarse, incluso si las normas de sentido común son más vulnerables al abuso que los trámites burocráticos. La facilidad de acceso es esencial, al igual que las exenciones fiscales que abarquen varios años (cuyo coste se compensará con una reducción de las quiebras).
Políticos y periodistas suelen sugerir que las personas compiten por los empleos, lo que implica que incorporar a más mujeres a la fuerza laboral europea privaría de empleos a los hombres. Eso, por supuesto, no es cierto: los economistas rechazan la idea de que exista un número determinado de empleos que deba repartirse, a la que denominan «falacia del volumen de trabajo». Necesitamos que trabaje el mayor número posible de personas, que generen actividad económica y paguen impuestos.
El valor de esto queda ilustrado en Estados Unidos, donde analistas de McKinsey estiman que la incorporación de muchas más mujeres al mercado laboral desde la década de 1970 ha impulsado la economía estadounidense en un 25 %. En el norte de Europa, y especialmente en Escandinavia, más del 70 % de las mujeres trabajan, frente a menos de la mitad en el sur de Europa. Un factor limitante importante, el elevado coste de la educación preescolar y de las guarderías, podría abordarse fácilmente por parte de los gobiernos.
Ahora, el atajo estadístico. Las cifras generales de desempleo juvenil (menores de 24 años) – alrededor del 55 % en Grecia y España, cerca del 40 % en Italia y el 30 % en Irlanda – son tan desalentadoras que frenan las iniciativas políticas. Sin embargo, están distorsionadas porque agrupan a los jóvenes con las personas mayores. Cuando el número de jóvenes desempleados se considera como proporción de la población juvenil, la tasa de desempleo juvenil baja al 19 % en España, al 13 % en Grecia, y al 12 % y 8 % en Irlanda e Italia, respectivamente. Aún no es suficiente, pero estas cifras hacen que los programas de formación y creación de empleo sean realistas en lugar de desesperanzadores.
Al analizar los problemas de desempleo de Europa, conviene recordar que el mayor desafío a largo plazo no es la falta de empleo, sino la creciente escasez de mano de obra que debilita la vitalidad económica de los países de la UE. El crecimiento está estrechamente vinculado a los cambios en el mercado laboral. Mientras que Estados Unidos se beneficia de una población en crecimiento (que pasará de 300 millones a 400 millones a mediados de siglo), la UE sufre un declive demográfico (hasta 450 millones a mediados de siglo, desde los 500 millones actuales).
Aunque los europeos despertaran a la necesidad de inmigrantes y aceptaran a 100 millones de ellos para 2050, el mercado laboral no aumentaría de tamaño. Y el envejecimiento habrá reducido la proporción de pensionistas frente a trabajadores. Hoy hay cuatro trabajadores por cada pensionista; a mediados de siglo, solo habrá dos. Sin tiempo que perder, Europa no puede permitirse desaprovechar sus atajos hacia el crecimiento del empleo.
Las opiniones expresadas aquí son las del autor, y no necesariamente las del Foro Económico Mundial. Publicado en colaboración con Project Syndicate.
Autor: Giles Merritt es director de Europe’s World y dirige los centros de estudios con sede en Bruselas Friends of Europe y Security & Defense Agenda.
Imagen: Un buscador de empleo visita una Agencia Nacional de Empleo REUTERS/Eric Gaillard



