La inversión extranjera directa (IED) es un motor fundamental del crecimiento y de la transferencia de conocimientos, y con la proliferación de las cadenas de valor globales se ha vuelto inseparable del comercio. Sin embargo, mucho más que en el comercio, donde las disciplinas multilaterales están mejor establecidas, el actual conjunto fragmentado de disciplinas que rigen la IED, que adoptan principalmente la forma de acuerdos regionales y de tratados bilaterales de inversión (TBI), es desigual, incompleto, distorsionador y propenso a generar incertidumbre y confusión.
La incertidumbre sobre qué normas se aplican en un caso concreto es un problema especialmente grave. Las disciplinas vigentes en materia de IED hacen poco para regular los diversos incentivos fiscales y financieros que las comunidades, los estados y los países ofrecen para atraer inversiones. Estos incentivos a menudo distorsionan las decisiones de inversión, son costosos, pueden agravar las disparidades regionales y desvían la atención de las decisiones difíciles necesarias para mejorar el clima empresarial de una comunidad o de un país.
El número de nuevos TBI firmados ha disminuido recientemente, quizás porque ya se han concluido muchos o debido a la inclusión de capítulos de inversión en los acuerdos de libre comercio regionales y bilaterales, cada vez más numerosos. En 2011 se firmaron en total 47 nuevos acuerdos internacionales de inversión (AII), de los cuales 33 eran TBI y 14 eran otros AII, frente a 69 en 2010. Casi todos los países del mundo han firmado un TBI; a menudo, varias decenas de ellos. La UNCTAD cifra en 2.833 el número de TBI a finales de 2011.
Estados Unidos y la UE han elaborado TBI modelo con el objetivo de obligar a los socios a adoptar características atractivas para estas dos grandes economías, y también de hacer que los acuerdos sean compatibles entre los distintos socios inversores. En la práctica, la compatibilidad es difícil de alcanzar, ya que los modelos de la UE y de Estados Unidos difieren en aspectos clave del trato a la inversión y a los inversores. Además, los TBI rara vez, por no decir nunca, abordan la disciplina de los incentivos a la inversión, ya que su finalidad principal es proteger a los inversores extranjeros directos y no limitar los beneficios que podrían recibir de los gobiernos anfitriones.
Los gobiernos de los países en desarrollo, por su parte, han buscado activamente negociar TBI como una forma de impulsar el comercio y las relaciones económicas y de hacer que sus economías resulten más atractivas como destinos de la IED. A mediados de 2012, por ejemplo, China tenía TBI con 128 países, de los cuales 101 estaban en vigor. En la misma fecha, la India había firmado TBI con 83 países, de los cuales 67 estaban en vigor. Solo unos pocos países se han resistido a participar en la carrera de los TBI, sobre todo Brasil, donde las autoridades han rechazado las cláusulas de protección sólida a los inversores y los mecanismos de solución de controversias inversor-Estado de los TBI, con el fin de preservar su margen de acción en materia de políticas.
En el futuro, la creciente importancia de los países en desarrollo como inversores extranjeros, incluso como inversores Sur-Sur, podría provocar un gran cambio en su mentalidad en materia de políticas. Como importadores de capital, los países en desarrollo podrían seguir interesados en incluir salvaguardias detalladas en sus TBI para preservar sus prerrogativas en la orientación del proceso de desarrollo interno. En cambio, como recién llegados a la exportación de capital, estos países descubrirán que tienen un gran interés en TBI que concedan a sus inversores libertad de maniobra y que también los protejan de las acciones arbitrarias.
Lea el informe Foreign Direct Investment as a Key Driver for Trade, Growth and Prosperity: The Case for a Multilateral Agreement on Investment .
Autor: Uri Dadush es Asociado Sénior y Director del Programa de Economía Internacional de la Carnegie Endowment for International Peace, y también es miembro del Consejo de la Agenda Global sobre Comercio Mundial e IED.
Imagen: Contenedores vistos a través de la ventana de una grúa REUTERS/Ronen Zvulun


