Pese a la referencia popular a la primarización de las exportaciones en la mayoría de los países latinoamericanos exportadores de materias primas, el término que describe mejor la dinámica de la oferta en los últimos años es «terciarización».1 Impulsada por la demanda interna y la apreciación de los tipos de cambio reales, la actividad económica se desplazó gradualmente de las manufacturas a los servicios, cuya participación pasó de representar un promedio del 60% del valor agregado total en 2000 a cerca del 64% en 2011 (Figura 1).2
Figura 1. Una mirada comparativa al patrón de crecimiento de los países de América Latina (AL): el lado de la oferta
Panel A. Valor agregado real por sector

Panel B. Crecimiento del valor agregado real en AL-7

Notas: El valor agregado está expresado en unidades de moneda local (LCU) constantes de 2005. En el panel A, AL-7 y Uruguay (excluidos Brasil y México): Argentina, Chile, Colombia, Perú, Uruguay y Venezuela. MIC de Europa del Este: Croacia, Estonia, Hungría, Lituania, Polonia, Rumania, Eslovaquia y Turquía. MIC del Sudeste Asiático: Indonesia, Malasia, Filipinas, Corea del Sur y Tailandia. Exportadores de materias primas: Australia, Canadá, Nueva Zelanda, Noruega y Suecia. En los paneles B y C, AL-7: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú, Uruguay y Venezuela. En los paneles A y C, Agricultura, silvicultura y pesca corresponde a los sectores A y B de la Clasificación CIIU Rev. 3; Minería y servicios públicos incluye los sectores C y E; Manufactura incluye el sector D; Construcción incluye el sector F; Servicios especializados incluye los sectores J-P. En el panel A, Comercio mayorista, minorista y restaurantes incluye los sectores G y H, y Transporte, almacenamiento y comunicaciones incluye el sector I. En el panel B, el sector primario incluye los sectores A-C y E de la CIIU, y Servicios incluye los sectores G-P.
Fuente: Estadísticas de la ONU.
¿Tiene la región demasiados servicios? ¿Deberíamos preocuparnos por la desindustrialización? En principio, no. Para empezar, la participación de las manufacturas en el PIB suele disminuir a medida que aumenta el nivel de desarrollo (Figura 2, paneles A y B). Por lo tanto, la terciarización parece ser menos un efecto secundario específico del auge de las materias primas que una consecuencia más general del desarrollo de la región. De hecho, un vistazo rápido a la participación de los servicios en el PIB en todo el mundo sugiere que los países latinoamericanos han ido convergiendo hacia la trayectoria esperada (Figura 2, panel C).
Figura 2. ¿Se están volviendo demasiado dependientes de los servicios los países latinoamericanos, o simplemente están convergiendo?
Panel A. Valor agregado de los servicios, 2010

Panel B. Empleo en los servicios, finales de la década de 2000

Panel C. Participación de los servicios y PIB

Panel D. Participación del empleo en los servicios y PIB

Notas: El valor agregado está expresado en unidades de moneda local (LCU) constantes de 2005. En los paneles A y C estimamos una regresión de la participación del valor agregado de los servicios sobre un polinomio del logaritmo del PIB per cápita, en una muestra de países con datos disponibles para 2000 y 2010. Los valores ajustados son la participación prevista del valor agregado de los servicios según esta regresión. En los paneles B y D estimamos una regresión de la participación del empleo en los servicios sobre un polinomio del logaritmo del PIB per cápita, en una muestra de países con datos disponibles para principios de la década de 2000 (2000 o 2001) y finales de la década de 2000 (2007 o 2008). Los valores ajustados son la participación prevista del empleo en los servicios según esta regresión. La participación de los servicios es la proporción entre el valor agregado de los sectores G a S (CIIU Rev. 3) y el valor agregado total.
Fuente: Estadísticas de la ONU.
Además, las medidas de la participación industrial quizá no sean comparables a lo largo del tiempo. La desintegración vertical mediante la subcontratación y la deslocalización implica que muchas actividades que antes se realizaban dentro de las empresas industriales (transporte, telecomunicaciones, seguridad, catering, servicios de salud, correo, etc.) ahora las prestan empresas de servicios externas y, en consecuencia, se clasifican como servicios, en detrimento del producto industrial. Así, parte de la terciarización medida puede deberse a un «efecto de reclasificación» (Berligieri, 2014).3
La terciarización en América Latina: un balance equilibrado
El debate sobre los aspectos positivos y negativos de la terciarización quizá sea más pertinente para los países latinoamericanos ricos en recursos naturales que, ahora que se ha desvanecido el impulso favorable global, se enfrentan a un dilema de crecimiento: parecen demasiado ricos (es decir, demasiado caros) para competir con los nuevos tigres asiáticos, y demasiado pobres (es decir, no lo bastante productivos) para emular a exportadores de materias primas de altos ingresos como Australia o Canadá. ¿Pueden los servicios complementar los recursos naturales y la agroindustria para trazar una trayectoria de crecimiento sostenible para la región? ¿O la terciarización es simplemente una sustitución, asociada con la enfermedad holandesa, hacia actividades no transables menos sofisticadas, como suele considerarse?
Servicios, composición de habilidades y productividad
Una mirada casual al sector servicios muestra que las contribuciones al crecimiento del valor agregado en América Latina no se han limitado a actividades que requieren pocas habilidades ni a la construcción; por el contrario,
las contribuciones al crecimiento han sido más significativas en los servicios que requieren altas habilidades durante la última década, en consonancia tanto con las economías asiáticas como con los exportadores de materias primas (Figura 3).
La teoría económica sugeriría que los servicios serían menos productivos.4 Si se aproxima la productividad total de los factores (PTF) mediante la productividad laboral sectorial (valor agregado dividido por empleo), una perspectiva de largo plazo sitúa la productividad de los servicios por debajo de la de las manufacturas (que, a su vez, va a la zaga del sector primario, beneficiario de importantes avances tecnológicos en los métodos de producción, la maquinaria y los insumos a finales de la década de 1990); sin embargo, la última década muestra una historia nueva y más alentadora para el sector servicios (Figura 4, basada en Pagés-Serra et al. 2010).5
Figura 3. Contribuciones sectoriales al crecimiento del valor agregado real

Notas: El valor agregado está expresado en unidades de moneda local (LCU) constantes de 2005. AL-7 y Uruguay (excluidos Brasil y México): Argentina, Chile, Colombia, Perú, Uruguay y Venezuela. MIC de Europa del Este: Croacia, Estonia, Hungría, Lituania, Polonia, Rumania, Eslovaquia y Turquía. MIC del Sudeste Asiático: Indonesia, Malasia, Filipinas, Corea del Sur y Tailandia. Exportadores de materias primas: Australia, Canadá, Nueva Zelanda, Noruega y Suecia. Agricultura, silvicultura y pesca corresponde a los sectores A y B de la Clasificación CIIU Rev. 3; Minería y servicios públicos incluye los sectores C y E; Manufactura incluye el sector D; Construcción incluye el sector F; Servicios especializados incluye los sectores J-P; Otros servicios incluye los sectores G-I.
Fuente: Estadísticas de la ONU.
Figura 4. Crecimiento anual de la productividad laboral en los países latinoamericanos, por sector

Notas: AL incluye Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México, Perú, Uruguay y Venezuela. El sector primario incluye los sectores A-C y E de la CIIU Rev. 3; Manufactura incluye el sector D; Construcción incluye el sector F, y Servicios incluye los sectores G-P. La productividad laboral se mide como la proporción entre el valor agregado y el empleo total en un sector determinado.
Fuente: Timmer y de Vries (2007).
Además, un vistazo rápido a la composición de habilidades por sector indica que los servicios son el sector que utiliza, con diferencia, la mayor proporción de mano de obra educada en los países latinoamericanos: más del 50% de la fuerza laboral empleada en los servicios tiene al menos educación secundaria (el 20% tiene educación terciaria).
Estas cifras superan en 10 puntos porcentuales las de las manufacturas, el segundo sector que más habilidades requiere (si usamos la educación como medida de las habilidades) (Figura 5, paneles A y B). Además, al observar la evolución de la intensidad de habilidades a lo largo del tiempo, vemos que, en todo caso, el sector servicios (sobre todo si se excluyen los servicios de construcción) se ha vuelto más intensivo en habilidades que el sector manufacturero (Figura 5, paneles C y D).6
Figura 5. Participación de trabajadores con educación por sector a lo largo del tiempo en AL-7
Panel A. Intensidad educativa por sector a lo largo del tiempo (terciaria); Panel B. Intensidad educativa por sector a lo largo del tiempo (secundaria o superior)

Panel C. Intensidad educativa relativa a las manufacturas (terciaria); Panel D. Intensidad educativa relativa a las manufacturas (secundaria o superior)

Notas: Todas las variables se calculan usando promedios simples para Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Uruguay. Usamos dos definiciones de intensidad educativa. La primera (denominada terciaria) mide la intensidad educativa como la proporción de trabajadores con título universitario. La segunda definición (secundaria o superior) mide la intensidad educativa como la proporción de trabajadores con título de educación secundaria o superior. LCRCE a partir de SEDLAC.
«Dime qué exportas y te diré en qué te convertirás» parece ser la conclusión de un cuerpo reciente de literatura que vincula positivamente la sofisticación de las exportaciones, por un lado, con el desempeño económico y el dinamismo del mercado laboral, por otro.7
¿Podemos extender el argumento del valor agregado exportado a las exportaciones de servicios? Una mirada superficial a las exportaciones de servicios de los países latinoamericanos en comparación con las de economías similares revela que, si bien las exportaciones de servicios con un alto grado de sofisticación y un elevado contenido de habilidades (servicios informáticos y de información, otros servicios profesionales y empresariales) han aumentado, las exportaciones de servicios siguen estando muy por debajo de lo que predeciría su nivel de ingresos.8
Figura 6. Exportaciones de servicios, excluido el turismo
Panel A. Exportaciones de distintos tipos de servicios

Panel B. Exportaciones de servicios especializados

Panel C. Exportaciones de servicios, excluido el turismo

Notas: En los paneles A y C, AL-7: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Uruguay. Europa del Este: Croacia, Estonia, Hungría, Lituania, Polonia, Rumania, Eslovaquia y Turquía. Sudeste Asiático: Indonesia, Malasia, Filipinas, Corea del Sur y Tailandia. Exportadores de materias primas: Australia, Canadá, Nueva Zelanda, Noruega y Suecia. Los promedios de cada grupo se calculan usando los países con datos disponibles.
Fuente: LCRCE a partir de Haver Analytics.
¿Quién teme?
Quienes defienden la terciarización señalan los servicios sofisticados como fuente de empleos de alta calidad y crecimiento (Ghani et al. 2011), particularmente en el caso de las nuevas economías emergentes —como los llamados Leones de África, que se han «beneficiado de los aumentos de productividad en el sector servicios, mientras que el sector agrícola sigue siendo improductivo» (Ghani, 2014).9 A su vez, los escépticos de la terciarización advierten que los servicios transables «suelen ser sectores que requieren muchas habilidades y emplean relativamente pocos trabajadores comunes» (Rodrik, 2014).10
Quizá el equilibrio adecuado esté a medio camino entre el modelo convencional basado en la industria de los Tigres Asiáticos y el modelo impulsado por los servicios, aún no probado, que algunos proponen para los Leones de África, sin industria. En América Latina, en particular, los servicios han evolucionado rápidamente hasta convertirse en un motor clave del crecimiento y en un factor que aumenta el valor de las actividades industriales, y probablemente serán esenciales en la próxima etapa de desarrollo, siempre que la educación y la capacitación no se queden atrás. En ese contexto, más que una preocupación para el crecimiento, la terciarización debería considerarse parte de la solución.
Referencias
Antràs, P, L Garicano y E Rossi-Hansberg (2006), «Offshoring in a Knowledge Economy», Quarterly Journal of Economics, vol. 121 (1), pp. 31-77.
De la Torre A, E Levy Yeyati y S Pienknagura (2013), Latin America and the Caribbean as Tailwinds Recede: In Search of Higher Growth, Informe semestral sobre AL y el Caribe, Banco Mundial, Washington, DC, abril.
Baumol, W J (1967), «Macroeconomics of Unbalanced Growth: The Anatomy of Urban Crises», American Economic Review, vol. 57(3), pp. 415-426.
Berlingieri, G (2014), «Outsourcing and the Rise in Services», documento de debate 1199 del Centro de Desempeño Económico de la LSE.
Berlingieri G (2014), «Outsourcing and the shift from manufacturing to services», VoxEU.org, 25 de septiembre
Carranza, J E, y S Moreno. (2013), «Tamaño y Estructura Vertical de la Cadena de Producción Industrial Colombiana», Borradores de Economía, núm. 71.
Ghani, E (2014), «Growth Escalators and Growth Convergence», VoxEU.org, 17 de agosto
Ghani, E, A G Goswami, H Kharas (2011), «Can services be the next growth escalator?» VoxEU.org, 12 de diciembre
Ghani, E y S O’Connell (2014), «Can Service Be a Growth Escalator in Low Income Countries?», documento de trabajo de investigación sobre políticas 6971 del Banco Mundial.
Lederman, D y W Maloney (2012), «Does What You Export Metter? In Search of empirical Guidance for Industrial Policy», Serie de desarrollo de América Latina, Banco Mundial, Washington, DC.
Levy Yeyati, E y S Pienknagura (2014) «Wage Compression and the Decline in Inequality in Latin America: Good or Bad?» VoxEU.org, 10 de junio
Rodrik, D (2014), «Are Services the New Manufactures?» Projectsyndicate.org, 13 de octubre
Pagés-Serra, C (ed.) (2010), «The Age of Productivity: Transforming Economies from the Bottom Up», Washington, DC: Banco Interamericano de Desarrollo.
Timmer, M y G de Vries. (2007). «A Cross-country Database For Sectoral Employment And Productivity in Asia and Latin America, 1950-2005», Memorando de investigación GD-98 del GGDC, Centro de Crecimiento y Desarrollo de Groningen, Universidad de Groningen.
Triplett, J y B Bosworth (2003), «Baumol’s Disease Has Been Cured: IT and Multifactor Productivity in U.S. Services Industries», en Jansen, D (ed.), The New Economy: How New? How Resilient?, Chicago: University of Chicago Press.
Notas al pie
[1] El concepto de terciarización existe desde el modelo pionero de tres sectores de Fisher (1939) y Clark (1940), y reapareció más recientemente bajo diversas formas (sociedad posindustrial, economía del conocimiento, etc.) en el mundo desarrollado.
[2] Véase De la Torre et al. (2013) para un análisis detallado de los datos presentados aquí.
[3] Usando datos de Estados Unidos de los últimos 60 años, Berlingieri muestra que la evolución de la estructura insumo-producto debido a la subcontratación de servicios profesionales y empresariales «explica el 36% del aumento de los servicios y el 25% de la caída de las manufacturas». En esta línea, y más cerca de la región, Carranza y Moreno (2013) estiman el valor agregado corrigiendo por la subcontratación y no encuentran una pérdida de participación industrial en el valor agregado agregado. En términos más generales, Antràs et al. (2006) sostienen que los recientes shocks tecnológicos han favorecido la desintegración vertical.
[4] Cabe señalar que, aunque los datos de Estados Unidos de la década de 1970 respaldaban esta opinión, trabajos recientes sugieren que la hipótesis de Baumol se ha invertido. Véase Triplett y Bosworth (2003).
[5] La productividad laboral refleja la productividad «verdadera» solo si el proceso de producción utiliza el trabajo como único insumo. De lo contrario, la productividad laboral es función tanto de la productividad verdadera como de otros factores, principalmente el capital.
[6] Esto pone en duda la opinión que atribuye a la terciarización la reciente compresión salarial en los países latinoamericanos (véase Levy Yeyati y Pienknagura 2014).
[7] Véase Lederman y Maloney (2012) para un análisis empírico exhaustivo —y crítico— de esta premisa.
[8] Una salvedad importante: debido a las limitaciones de los datos, las cifras no incluyen una de las exportaciones de servicios más importantes de la región, a saber, los servicios turísticos.
[9] Véase también Ghani y O´Connell (2014).
[10] «Podrían actuar como motores del crecimiento en economías donde la fuerza laboral esté debidamente capacitada. Pero las economías en desarrollo suelen tener fuerzas laborales predominantemente poco cualificadas», explica Rodrik.
Este artículo se publica en colaboración con VoxEU. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Eduardo Levy Yeyati es profesor visitante de Políticas Públicas en la Harvard Kennedy School y profesor de Economía y Finanzas (con licencia) en la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) y la Universidad de Buenos Aires. Samuel Pienknagura es economista investigador en la Oficina del Economista Jefe para América Latina y el Caribe del Banco Mundial.
Imagen: Empleados trabajan en la línea de montaje de la planta de Renault en Sao Jose dos Pinhais el 2 de agosto de 2012. REUTERS/Rodolfo Buhrer.



