Durante cinco años, de diciembre de 2008 a noviembre de 2013, la tasa de desempleo de EE. UU. se mantuvo por encima del 7 %, alcanzando un máximo del 10 % en octubre de 2009. Este período de desempleo elevado no se comprende bien. Los macroeconomistas han propuesto varias explicaciones para la magnitud y la persistencia del desempleo durante el período, entre ellas:
Un alto desajuste causado por grandes choques en los sectores financiero e inmobiliario,
Un bajo esfuerzo de búsqueda de empleo por parte de los trabajadores desempleados, provocado por las largas prórrogas de las prestaciones por desempleo, y
Una baja demanda agregada causada por una necesidad repentina de pagar deudas o por pesimismo,
pero no se ha alcanzado ningún consenso.
En nuestra opinión, esta falta de consenso se debe a una carencia en la teoría macroeconómica: no disponemos de un modelo lo bastante rico como para dar cuenta de los numerosos factores que impulsan el desempleo —incluida la demanda agregada— y, al mismo tiempo, lo bastante sencillo como para prestarse a un análisis con lápiz y papel.
El conocido modelo de precios fijos de Barro y Grossman (1971), que fue la primera representación formal de un mundo keynesiano con precios y salarios rígidos, era un candidato prometedor porque captaba el vínculo entre la demanda agregada y el desempleo. Ese modelo se basaba en el desequilibrio, por el cual la oferta puede superar a la demanda porque los precios no se ajustan. El modelo de Barro-Grossman perdió popularidad, quizá porque carecía de manejabilidad, o debido al desarrollo de modelos de ciclos económicos de equilibrio, como el modelo de ciclo económico real de Kydland y Prescott (1982).
En Michaillat y Saez (2014), desarrollamos un nuevo modelo de fluctuaciones del desempleo para examinar los mecanismos que subyacen a dichas fluctuaciones. El modelo puede considerarse una versión de equilibrio del modelo de Barro-Grossman. Conserva la arquitectura de este modelo, pero sustituye el marco de desequilibrio en los mercados de productos y de trabajo por un marco de emparejamiento en equilibrio.
Imaginemos un mundo en el que todas las empresas son restaurantes y todos los trabajadores son cocineros y camareros. Los restaurantes contratan cocineros y camareros en el mercado laboral y venden comidas en el mercado de productos. Los mercados de productos y de trabajo tienen dos rasgos en común.
En primer lugar, no todos los trabajadores encuentran empleo en los restaurantes, y no todas las mesas son ocupadas por clientes. Así, los trabajadores están desempleados parte del tiempo y, dado que los restaurantes no siempre funcionan a plena capacidad, los empleados de los restaurantes permanecen ociosos parte del tiempo.
En segundo lugar, los restaurantes no siempre pueden cubrir una vacante de inmediato: a veces los clientes deben hacer cola antes de sentarse a una mesa. La variable económica que determina lo fácil que resulta para los trabajadores encontrar empleo, y lo difícil que es para un restaurante cubrir una vacante, es la tensión del mercado laboral. La variable económica que determina lo ocupados que están los empleados de los restaurantes, y lo difícil que es para los clientes conseguir una mesa, es la tensión del mercado de productos.
En el mundo de los restaurantes, tanto los precios de las comidas como la tensión del mercado de productos pueden ajustarse para equilibrar la oferta y la demanda de comidas. Por supuesto, los precios elevados de las comidas estimulan la oferta, pero desalientan la demanda. Además, una alta tensión del mercado de productos estimula la oferta de comidas al garantizar que la mayoría de las mesas de los restaurantes estén llenas, pero desalienta la demanda al obligar a los clientes a hacer cola para conseguir mesa. El mismo mecanismo opera en el mercado laboral, donde tanto los salarios como la tensión del mercado laboral se ajustan para equilibrar la oferta y la demanda de trabajo.
Cuando los precios de las comidas no son totalmente flexibles, la demanda agregada de comidas se transmitirá al mercado laboral. Una mayor demanda agregada aumenta la proporción de mesas ocupadas en los restaurantes, lo que hace que los empleados de los restaurantes tengan más trabajo. Como los empleados más ocupados son más rentables para los restaurantes, estos contratan más personal cuando aumenta la demanda agregada, lo que a su vez reduce la tasa de desempleo de cocineros y camareros.
No se presume que solo se ajusten las tensiones del mercado o solo los precios para equilibrar la oferta y la demanda. Si la tensión de los mercados de productos y de trabajo se mantiene constante, el equilibrio se alcanza mediante el ajuste de precios, y el mundo de los restaurantes se parecerá a un mundo walrasiano de libro de texto con precios flexibles. Pero si los precios son rígidos, el equilibrio se alcanza mediante el ajuste de la tensión de los mercados de productos y de trabajo, y el mundo de los restaurantes se parecerá al mundo de precios fijos de Barro y Grossman.
Figura 1.
Notas: Las fluctuaciones significativas de la tensión del mercado de productos (panel izquierdo) y de la tensión del mercado laboral (panel derecho) indican rigidez de precios y de salarios reales. La tensión del mercado de productos se aproxima mediante la utilización de los trabajadores empleados. La tensión del mercado laboral se mide como la proporción de vacantes publicadas por las empresas en relación con el desempleo.
En los datos observamos que las tensiones de los mercados de productos y de trabajo fluctúan significativamente, lo que sugiere que los precios y los salarios reales no son totalmente flexibles a lo largo del ciclo económico. Una forma sencilla de entender el argumento es volver a pensar en los restaurantes. Los precios de los restaurantes suelen permanecer constantes desde la mañana hasta la noche, mientras que la demanda fluctúa significativamente a lo largo del día. Como resultado, los restaurantes están mucho más ocupados a la hora de las comidas que entre ellas. En cambio, si los precios fueran flexibles, un restaurante podría mantener constante la tasa de ocupación de sus mesas ajustando los precios al alza o a la baja cuando la demanda aumenta o disminuye. La Figura 1 muestra las medidas empíricas de la tensión de los mercados de productos y de trabajo. Ambas medidas fluctúan bruscamente a lo largo del ciclo económico y, en particular, ambas se desploman en 2008 y 2009 durante la Gran Recesión. La implicación es que los precios y los salarios reales son algo rígidos a lo largo del ciclo económico.
Figura 2.
Notas: La correlación positiva entre la tensión del mercado laboral y el empleo indica choques de demanda de trabajo. La tensión del mercado laboral se mide como la proporción de vacantes en relación con el desempleo. El eje y representa la desviación porcentual respecto de la tendencia.
La Figura 1 muestra que los precios son algo rígidos ante los choques macroeconómicos. El siguiente paso es determinar cuáles son estos choques. En los datos observamos que el empleo está correlacionado positivamente con la tensión del mercado laboral, lo que sugiere que las fluctuaciones del desempleo son causadas principalmente por choques de demanda de trabajo y no por choques de oferta de trabajo.
El argumento es sencillo. Si los restaurantes no desean contratar más, el empleo caerá. Al mismo tiempo, los trabajadores desempleados tardarán más en encontrar empleo, pero la contratación será más fácil para los restaurantes que todavía quieren contratar; es decir, la tensión del mercado laboral será baja. En resumen, un choque negativo de demanda de trabajo provoca caídas tanto del empleo como de la tensión del mercado laboral.
Si los cocineros y camareros desempleados reducen su esfuerzo de búsqueda de empleo, el empleo también caerá. Pero ahora será más difícil para los restaurantes contratar; es decir, la tensión del mercado laboral será alta. En resumen, un choque negativo de oferta de trabajo provoca una caída del empleo, pero un aumento de la tensión del mercado laboral.
La Figura 2 muestra que la tensión del mercado laboral y el empleo están fuertemente correlacionados de forma positiva a lo largo del ciclo económico. La implicación es que las fluctuaciones del mercado laboral están impulsadas principalmente por choques de demanda de trabajo, y no por choques de oferta de trabajo. En particular, la tensión del mercado laboral y el empleo cayeron bruscamente en 2008 y 2009 durante la Gran Recesión, lo que apunta a un colapso de la demanda de trabajo.
La Figura 2 muestra que los choques de demanda de trabajo impulsan las fluctuaciones del mercado laboral. El último paso es determinar si estos choques son choques tecnológicos o de demanda agregada. En los datos observamos que la producción está correlacionada positivamente con la tensión del mercado de productos, lo que sugiere que los choques de demanda de trabajo reflejan principalmente choques de demanda agregada y no choques tecnológicos.
Para explicar el argumento, volvemos de nuevo al mundo de los restaurantes. Si la demanda agregada de comidas aumenta, se venderán más comidas y aumentará la proporción de mesas ocupadas. Formalmente, la producción y la tensión del mercado de productos se mueven en la misma dirección ante choques de demanda. En cambio, si los restaurantes de repente tienen acceso a una mejor tecnología —por ejemplo, hornos microondas que les permiten preparar comidas en solo 15 minutos en lugar de los 30 minutos habituales—, también se venderán más comidas, pero la proporción de mesas ocupadas disminuirá significativamente porque los clientes esperarán menos tiempo en las colas de los restaurantes. Formalmente, la producción y la tensión del mercado de productos se mueven en direcciones opuestas ante choques tecnológicos.
La Figura 3 muestra que la tensión del mercado de productos y la producción están correlacionadas positivamente a lo largo del ciclo económico. La implicación es que las fluctuaciones del mercado laboral están impulsadas principalmente por choques de demanda agregada y no por choques tecnológicos. En particular, la tensión del mercado de productos cayó bruscamente durante la Gran Recesión en 2009, lo que es coherente con un colapso de la demanda agregada.
Figura 3.
Notas: La correlación positiva entre la tensión del mercado de productos y la producción indica choques de demanda agregada. La tensión del mercado de productos se aproxima mediante la utilización de los trabajadores empleados. Los ejes y representan la desviación porcentual respecto de la tendencia.
A través de la lente de nuestro sencillo modelo, la evidencia empírica sugiere que los precios y los salarios reales son algo rígidos, y que las fluctuaciones del desempleo están impulsadas principalmente por choques de demanda agregada.
Publicado en colaboración con Vox
Autores: Pascal Michaillat, profesor en el Departamento de Economía de la LSE, y Emmanuel Saez, catedrático de Economía y director del Center for Equitable Growth, Universidad de California en Berkeley
Imagen: Maniquíes motorizados sostienen carteles con la leyenda «Contrátame» en Toronto, el 23 de mayo de 2014. REUTERS/Mark Blinch






