Medir los beneficios de las microempresas es difícil. La mayoría de los propietarios de estas pequeñas empresas no lleva registros y tiene ingresos muy volátiles. Preguntar a los propietarios de las empresas cuáles son sus beneficios puede dar lugar a altas tasas de rechazo, datos ruidosos, dificultades para recordar y, además, existe la preocupación de que las respuestas cambien con las intervenciones (ya sea porque una intervención, como la capacitación empresarial, modifica la forma de llevar los registros, o porque quienes reciben financiación quizá quieran hacer creer que esta les ha beneficiado). Sin embargo, los beneficios son el resultado más importante para evaluar el éxito de muchas intervenciones a nivel de empresa, así que necesitamos encontrar mejores formas de medirlos.
La promesa de la RFID
En principio, las etiquetas de identificación por radiofrecuencia (RFID) ofrecen una solución tecnológica a este problema. Una etiqueta RFID tiene un microchip integrado que le permite almacenar datos y una antena integrada para transmitir esta información. Cuando una etiqueta RFID pasiva entra en el alcance de un lector, la energía de radiofrecuencia transmitida por el lector activa los circuitos de la etiqueta y esta refleja la señal de vuelta al lector.
Cada vez más grandes minoristas de EE. UU., como Kohls, Walmart, LLBean y Best Buy, utilizan etiquetas RFID para gestionar sus inventarios. En principio, se pueden colocar las etiquetas en las existencias nuevas a medida que llegan y, después, utilizar un lector para medir los niveles de existencias en cualquier momento, sin tener que escanear físicamente los artículos uno por uno, como ocurre con los códigos de barras. Medir el flujo de existencias junto con los datos de precios puede proporcionar datos sobre las ventas, que a su vez podrían combinarse con datos sobre el costo unitario o el margen de beneficio para obtener una medida de los beneficios.
Las etiquetas cuestan 22 centavos cada una, y los costos fijos del hardware (impresora y lector) y el software ascendían a 8600 dólares. Por tanto, el costo está muy por encima de lo que haría rentable que una microempresa utilizara esta tecnología por cuenta propia para hacer un seguimiento del inventario. Pero no es tan elevado en comparación con el costo de las encuestas como para descartar que los investigadores puedan utilizarla para comprender el flujo de existencias y la rentabilidad de empresas tan pequeñas.
Una prueba de concepto en Sri Lanka
Un nuevo documento de trabajo (elaborado en colaboración con Suresh de Mel, Dammika Herath y Yuvraj Pathak) detalla nuestros intentos de probar esta tecnología. Implementamos este proceso en 22 microempresas de Kandy, Sri Lanka. Junto con el etiquetado de los inventarios, realizamos conteos físicos de existencias y encuestas a los propietarios de las empresas para determinar los niveles de inventario. Esto permite comparar la precisión de las lecturas RFID con las respuestas a las encuestas. Además, probamos la precisión del etiquetado RFID con una gama más amplia de productos en nuestra oficina de campo, a fin de aportar pruebas sobre los tipos de productos para los que esta tecnología funciona mejor.
Aquí hay un video breve que muestra el proceso.
Pruebas de que el concepto aún no está listo para su uso generalizado
Nuestros resultados principales son tres:
1. La tecnología disponible en el mercado es más difícil de usar y más engorrosa de lo que habíamos previsto y de lo que sugieren las noticias sobre la creciente adopción de esta tecnología
Nuestra expectativa previa (ingenua), basada en las descripciones en línea de impresoras fáciles de usar y en las impresoras de escritorio estándar, era que se trataría de una tecnología sencilla, de conectar y usar, que podría configurarse fácilmente en uno o dos días. Además, pensábamos que, como el lector RFID no tenía que escanear físicamente los códigos de barras artículo por artículo, podría escanear rápidamente todo el inventario etiquetado.
En la práctica, el proceso resultó mucho más difícil de configurar y más lento de utilizar de lo esperado. La impresora es grande y pesada (pesa 49 libras para el envío), por lo que quedó retenida en la aduana durante más de 2 semanas. El proceso de configuración exigió muchos ensayos y errores para calibrar correctamente la impresora y que imprimiera las etiquetas, determinar en qué banco de memoria de la etiqueta RFID almacenar la información del producto y configurar correctamente el software tanto para imprimir como para leer. Además de que la configuración llevó más tiempo del previsto, leer la información de los productos escaneados tomó mucho más tiempo de lo esperado. Cuando el lector escanea las etiquetas, busca cada una en una lista de selección y recorre la lista en cada ocasión. Se tardaba entre una y dos horas en generar cada noche una nueva lista de selección para utilizar al día siguiente; luego, escanear los aproximadamente 280 artículos seleccionados de una empresa tomaba, en promedio, entre 10 y 15 minutos, y procesar las etiquetas mediante la búsqueda de coincidencias en la base de datos del lector llevaba otros 15 minutos.
2. Es posible lograr que las empresas utilicen esta tecnología, y funciona razonablemente bien con productos de papel
Se informó a los propietarios de microempresas que el propósito del estudio era probar la viabilidad de una nueva tecnología para ayudar a supervisar las existencias, y se les ofrecieron 5000 LKR (38 dólares) para compensarlos por el tiempo y la colaboración que dedicaran al estudio. Las empresas aceptaron participar con este incentivo, aunque 2 de las 24 se retiraron después de una prueba inicial y otras 2 abandonaron el estudio a mitad del proceso por motivos de salud.
Hicimos dos pruebas en las que simplemente imprimimos etiquetas y las leímos en la oficina, sin pegarlas a nada: en la primera imprimimos 70 etiquetas y pudimos leer 69; en la segunda imprimimos 200 y leímos 198.
Cuando pegamos las etiquetas a artículos de papelería, pudimos leer aproximadamente el 90 por ciento de los artículos etiquetados; era más difícil leerlos cuando estaban apilados unos encima de otros.
3. Sin embargo, en general la eficiencia de lectura es pésima
De los 4773 artículos etiquetados que nuestros equipos de campo contaron físicamente en las tiendas, el lector RFID solo pudo leer 1210, es decir, el 25,4 por ciento. Además, la eficiencia de lectura varía considerablemente para un mismo producto en distintos días y para un mismo tipo de producto según las combinaciones de marca, tamaño del producto y tienda. Por ejemplo, un tipo de pastilla de jabón (Sunlight, pequeña) tuvo una eficiencia de lectura promedio del 52,5 por ciento, aunque con una desviación estándar del 18 por ciento entre días. Además, otros cinco tipos de pastillas de jabón tuvieron eficiencias de lectura inferiores al 10 por ciento. Esto significa que no se puede simplemente multiplicar los resultados por un factor para obtener el nivel real.
¿Por qué no funcionó?
Los tres problemas principales son los líquidos, los metales y el efecto de sombra de las etiquetas. Los materiales que contienen mucha agua absorben la energía de radiofrecuencia, por lo que la etiqueta no recibe suficiente energía para reflejar una señal potente. El metal puede desviar la energía de la etiqueta o desviar su señal para alejarla del lector. Por último, si los artículos están apilados de modo que las etiquetas queden alineadas una detrás de otra, la primera puede captar la energía del lector y hacer sombra a las etiquetas de los artículos que tiene detrás. El resultado puede ser que se lea el primer artículo, pero no los que están detrás. Habíamos evitado etiquetar artículos como latas de Coca-Cola y botellas de agua por las dos primeras razones, pero cualquiera que haya entrado en una microempresa sabe que los artículos apilados son una realidad; sacarlos uno por uno para escanearlos equivaldría a hacer un conteo de existencias y frustraría el propósito.
¿Un rayo de esperanza?
Por ahora, esta tecnología no está lista para su uso. Pero hay un rayo de esperanza: además de las lecturas RFID y los conteos físicos de existencias, también hicimos preguntas de encuesta para que los encuestados recordaran las cantidades. En promedio, unas preguntas sencillas sobre cuánto tienen de cada artículo los propietarios de microempresas parecen coincidir bastante bien con las cantidades medidas mediante conteos físicos de existencias. Así que, mientras continúa la búsqueda de una mejor forma de medir los beneficios de las empresas, al menos nuestras medidas basadas en encuestas no parecen tan malas después de todo.
Publicado en colaboración con The World Bank.
Autor: David McKenzie es economista principal de la Unidad de Finanzas y Desarrollo del Sector Privado del Grupo de Investigación sobre Desarrollo del Banco Mundial.
Imagen: etiquetas RFID en productos. Banco Mundial.



