En algún momento de nuestra vida laboral, muchos nos encontramos en el trabajo equivocado. Oigo hablar de esto a menudo. Puede ser difícil (e inútil) atribuir la culpa a algo concreto. Sin embargo, un día quizá mires a tu alrededor y descubras que tu vida laboral está peligrosamente desincronizada. Nada resulta más alarmante que entregarte por completo a tu función y darte cuenta de que las cosas han tomado un rumbo evidente.
¿Qué es lo importante aquí? Identificar el problema tal como es (y hacerlo con rapidez) y actuar para introducir cambios. A veces hay incompatibilidades. Los trabajos cambian. Los grandes jefes se marchan. Crecemos y cambiamos. Todo esto puede contribuir a acelerar el proceso.
Procura no culparte y evitar una experiencia prolongada que te consuma el alma. No encajar bien es algo muy común, y es importante reconocer sus síntomas.
Estas son algunas señales a las que conviene prestar atención:
1. Te sientes perdido. ¿Has tenido la clásica pesadilla en la que llegas a clase el día del examen y te das cuenta de que no has comprado el libro de texto? Desde luego, no deberías vivir esa experiencia en tu lugar de trabajo mientras estás despierto. Si las tareas o los proyectos te hacen sentir que no estás preparado, toma nota: algo no va bien.
2. No se aprovechan tus fortalezas. En última instancia, el trabajo debería estar en consonancia con nuestras fortalezas. Sin embargo, si tus debilidades parecen haber acaparado el protagonismo, es poco probable que mantengas la energía a largo plazo. Habla de ello lo antes posible.
3. No hay retos. Sin duda, el trabajo consiste en completar tareas. Hacerlo realidad a diario es nuestra responsabilidad. Sin embargo, si no hay ninguna oportunidad de mejorar tus habilidades, puede tratarse de un problema importante. Si sientes que estás «estancado» en cuanto a tus habilidades, es hora de planteárselo a tu jefe. Recuerda: «marchitarse en la vid» no es una estrategia profesional viable.
4. Te sientes desconectado. ¿Sientes que el equipo está claramente en la misma sintonía y tú en otra? Tanto si trabajas en atención al cliente, ventas o consultoría, si no te identificas con la visión de la organización, quizá haya un desajuste entre la persona y el puesto. Si te ves como una isla (y todos hablan un «idioma» completamente distinto), puede que sea hora de plantearte un cambio.
5. Parece que no consigues terminar nada. ¿Te parece que todos los proyectos carecen de sentido y tienes la motivación por los suelos? ¿Se acercan las fechas límite mientras una pantalla en blanco te devuelve la mirada una y otra vez?
6. Estás en modo evasión. Sé sincero: el proceso de ir al trabajo es insoportable. Si dependiera de ti, no volverías a poner un pie en la oficina. Si has intentado que las cosas funcionen y sencillamente no puedes imaginar un futuro en tu puesto, tienes un problema grave.
7. Estás en modo de echar culpas. Por supuesto, puedes asumir la parte del problema que estaba bajo tu control (por ejemplo, haber ignorado tu «voz interior»). Sin embargo, sin duda había muchos otros factores en juego. La conclusión es esta: ha llegado el momento de actuar. Echar culpas no ayuda a resolver las cosas; solo lo hará un plan para avanzar.
A lo largo de los años, he oído expresar estas inquietudes muchas veces. Son señales claras de que algo no va bien. Es hora de abordar el tema con tu supervisor, un mentor de confianza o un profesional de orientación laboral. Recuerda que encajar es fundamental para mantener el compromiso a largo plazo.
Publicado en colaboración con LinkedIn
Autora: la Dra. Marla Gottschalk es psicóloga industrial y organizacional. Es directora de Thought Leadership en Kilberry Leadership Advisors, Toronto.
Imagen: Operadores trabajan en la sala de negociación de la Bolsa de Valores de Nueva York, el 18 de noviembre de 2008. REUTERS/Shannon Stapleton



