¿Es el desempleo juvenil una amenaza para la estabilidad árabe?

¿Es el desempleo juvenil una amenaza para la estabilidad árabe?
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La amenaza que el desempleo juvenil supone para la estabilidad del mundo árabe es tal que los gobiernos, tanto los actuales como los nuevos, deben abordar con urgencia el empeoramiento del entorno económico. Si no se encuentra pronto una solución, toda la región corre el riesgo de inestabilidad e incluso de revoluciones secundarias.

beyondbrics, del FT, abordó este tema recientemente en un artículo sobre los avances hacia un salario mínimo más alto en Arabia Saudí, al sostener que la creación de empleo es «imperativa» para «un país que arroja dinero a su población potencialmente inquieta». Es un punto importante. Dado que los comentarios sobre la región se centran sobre todo en la lucha por la libertad y el cambio político, a menudo se olvida que el problema en el núcleo de estas revoluciones era el déficit crónico y creciente de oportunidades económicas, combinado con la bomba de relojería demográfica de una población juvenil que crecía rápidamente.

Y esto no es solo un problema para quienes buscan evitar posibles disturbios. Los países árabes en transición también deben afrontar la crisis económica. Las expectativas son altas, pero que los regímenes hayan caído no significa necesariamente que los empleos y la vivienda vayan a estar disponibles de inmediato.

Egipto, el país árabe más poblado, es un ejemplo importante. La euforia de la plaza Tahrir de El Cairo se ha disipado hace tiempo y, a pesar del floreciente desarrollo democrático y de un gobierno recién elegido, el país se enfrenta a inmensos desafíos en el frente interno. Aunque en los últimos meses ha habido ligeras mejoras, la seguridad pública se ha deteriorado en general desde la revolución, con un aumento de asesinatos, secuestros y robos, además de los disturbios que tanta difusión tuvieron a principios de este año.

Al mismo tiempo, la economía sigue empeorando. Más del 40 por ciento de los egipcios vive por debajo del umbral de pobreza, y los sectores críticos del turismo y la construcción se han paralizado, lo que provoca una crisis de liquidez. La escasez de combustible es también un problema cada vez más urgente.

Lo cierto es que en Egipto deben crearse 700.000 empleos al año solo para evitar que el desempleo aumente. Ese ritmo de crecimiento es simplemente irrealista. El Banco Mundial prevé que la tasa de crecimiento anual de Egipto sea del 1 por ciento o inferior, y la inversión extranjera directa se ha desplomado. En su proyecto de presupuesto de junio, el gobierno egipcio previó que su déficit aumentará hasta casi el 11 por ciento del PIB.

Las perspectivas a largo plazo de Egipto podrían ser muy positivas, pero sin medidas para estabilizar la crisis del empleo a corto y medio plazo, el país quizá nunca alcance ese potencial. El FMI acordó recientemente un préstamo stand-by de 3.000 millones de dólares para ayudar al país a cubrir su déficit del año fiscal 2011-2012, pero esto es solo la punta del iceberg.

Entonces, ¿cuál es la respuesta?

El liderazgo gubernamental es, por supuesto, esencial. La reforma del mercado laboral, como estamos viendo en Arabia Saudí, es sin duda una forma de desactivar la «bomba social de relojería de la región», al igual que lo es combatir la corrupción y mejorar la educación.

El sector privado también tiene un papel crucial que desempeñar. La inversión en proyectos de infraestructura, como la construcción de autopistas y puentes, y en grandes proyectos rurales o agrícolas, podría generar rendimientos atractivos y crear empleo con rapidez. El sector privado podría ejecutarlos, pero hay que proporcionar la financiación. El Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) está probablemente en la mejor posición a este respecto, dado que las empresas del Golfo ya son importantes inversoras en Egipto y no se enfrentan a la misma desconfianza que las firmas occidentales.

Egipto no es el único país árabe que se enfrenta a estos problemas. Antes de la llamada «primavera árabe», el desempleo juvenil regional se situaba en el 24 por ciento, y la cruda realidad es que en las próximas dos décadas solo en el mundo árabe deben crearse 100 millones de empleos, más de los que se crearon en todo el siglo pasado. Combatir el desempleo no es en modo alguno una panacea, pero para quienes desempeñan un papel en la transición de la región, las lecciones son claras: no es prudente separar los derechos políticos de los derechos económicos.

Autor: Majid Jafar es consejero delegado de Crescent Petroleum y miembro del Consejo de la Agenda Global sobre Desempleo Juvenil del Foro Económico Mundial.

Este artículo se publicó originalmente en beyondbrics.

Imagen: Un joven juega con su teléfono en el casco antiguo de Trípoli. REUTERS: Zorha Bensemra

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