Este artículo se publica en colaboración con VOX EU.
El debate en Estados Unidos sobre el acuerdo comercial de la Asociación Transpacífica (TPP, por sus siglas en inglés) se ha centrado en gran medida en los posibles efectos sobre los trabajadores estadounidenses. La actual favorita del Partido Demócrata, Hillary Clinton, se negó recientemente a respaldar el TPP en su forma actual. En sus palabras: “Como he dicho muchas veces, debemos asegurarnos de que los nuevos acuerdos comerciales superen pruebas claras: deben crear buenos empleos estadounidenses, elevar los salarios… Según lo que he visto, no creo que este acuerdo lo haya cumplido.” Su postura refleja una opinión pública generalizada de que las ganancias del comercio, por grandes que sean en conjunto, no se reparten equitativamente entre los miembros de la sociedad. Una encuesta realizada por Pew Research en 2014 reveló que solo alrededor del 20 % de los estadounidenses creía que el comercio creaba empleo y elevaba los salarios.
La desigualdad ha crecido, por supuesto, de forma considerable en las últimas décadas, y algunos estudios recientes han establecido un vínculo causal entre el comercio con países de bajos ingresos, la desigualdad salarial y la pérdida de empleo en Estados Unidos (Autor et al. 2013; Pierce y Schott 2012). Sin embargo, lo que con frecuencia se pierde en el debate público es que el comercio afecta a los precios de los bienes de consumo (por ejemplo, el precio de los zapatos, las memorias USB, etc.) y no solo a los precios de los factores (por ejemplo, los salarios). Dado que las personas con distintos niveles de ingreso consumen estos bienes con distinta intensidad, el comercio también tendrá un impacto distributivo a través de un canal de gasto. Por ejemplo, un aumento del precio de los alimentos provocado por el comercio tiene un efecto negativo más fuerte en los consumidores de bajos ingresos, que suelen destinar una proporción mayor de su gasto a alimentos que los consumidores más ricos.
Nueva investigación
En una nueva investigación (Fajgelbaum y Khandelwal 2015) desarrollamos un marco para analizar cómo el comercio internacional afecta a las personas a través de este canal de gasto. Una de las principales fortalezas de nuestro enfoque es que solo requiere datos públicamente disponibles sobre comercio y producción, por lo que debe considerarse complementario de los trabajos recientes que exploran el canal de gasto con datos microeconómicos más detallados, pero menos accesibles (por ejemplo, Atkin et al. 2015).
El enfoque incorpora el Sistema de Demanda Casi Ideal, introducido por Deaton y Muellbauer (1980), en un modelo estándar de comercio internacional, el modelo de Armington multisectorial. Esto nos permite derivar una ecuación de gravedad no homotética. Como en una ecuación de gravedad estándar, relaciona los flujos comerciales bilaterales por sector con los costes comerciales y las medidas del tamaño del mercado de importadores y exportadores. Además, contiene un término que capta la elasticidad-ingreso del bien exportado y una medida de la distribución de la renta del importador. Estimamos la elasticidad-ingreso de los bienes y servicios exportados por distintos países. Por ejemplo, si observamos que, controlando por los costes comerciales, la ropa japonesa representa una mayor proporción de las importaciones en los países más ricos en relación con la ropa india, nuestro marco implica que los consumidores de altos ingresos prefieren la ropa japonesa a la india. Utilizando las estimaciones de los parámetros de la ecuación de gravedad y del modelo comercial de equilibrio general, podemos simular los efectos del comercio sobre el bienestar de los consumidores con distintos niveles de ingreso.
Resultados
La figura 1 muestra el hallazgo clave. Representa las ganancias simuladas del comercio (el porcentaje de la renta real que se perdería en un movimiento contrafactual hacia la autarquía) por percentiles de la distribución de la renta (restando el cambio de bienestar del individuo mediano de cada país).
Encontramos un sesgo del comercio a favor de los pobres en todos los países.
En promedio, las ganancias de abrirse al comercio son del 63 % para el percentil 10 de la distribución de la renta y del 28 % para el percentil 90.
Figura 1. Las ganancias del comercio por percentil de ingreso

¿Por qué la liberalización desde la autarquía beneficia más a los pobres que a los ricos? Porque los consumidores pobres gastan proporcionalmente más en sectores más comerciados, mientras que las personas de altos ingresos consumen proporcionalmente más servicios, que se cuentan entre los sectores menos comerciados. En consecuencia, al pasar de la autarquía al comercio, caen más los precios relativos de los bienes que consumen con mayor intensidad los pobres.
¿Qué determina la intensidad del sesgo del comercio a favor de los pobres?
La respuesta está en la elasticidad-ingreso de los productos de cada país frente a sus socios comerciales. En los países que exportan bienes con una elasticidad-ingreso relativamente baja, como India, las ganancias del comercio están menos sesgadas hacia los consumidores pobres. En estos países, abrirse al comercio aumenta el precio relativo de los bienes de baja elasticidad-ingreso (que se exportan) o reduce el de los bienes de alta elasticidad-ingreso (que se importan).
Nuestro marco también puede utilizarse para simular los efectos de shocks específicos por sector. Esto es útil porque los acuerdos comerciales, como el TPP, ni alejan a los países de la autarquía ni desencadenan una reducción generalizada de las barreras arancelarias. Esto se ilustra en la figura 2, que muestra el cambio medio de bienestar entre países para cada percentil de la distribución de la renta (de nuevo, descontado respecto del individuo mediano), correspondiente a una reducción del 5 % de los costes comerciales en los sectores de alimentos, manufacturas y servicios, respectivamente. Los shocks en los sectores de alimentos o manufacturas favorecen a los pobres porque estos bienes suelen tener una elasticidad-ingreso negativa. Sin embargo, en el caso de la reducción de los costes comerciales de los sectores de servicios, observamos un sesgo relativo a favor de los ricos, porque estos sectores tienden a tener elasticidades-ingreso positivas. El mensaje clave es que, para medir las desiguales ganancias del comercio a través del canal de gasto, es necesario saber cómo varía el consumo del sector liberalizado entre individuos.
Figura 2. Efecto en el bienestar de una reducción del 5 % de los costes comerciales en alimentos, manufacturas y servicios

Es importante subrayar que estos resultados excluyen deliberadamente los efectos del comercio sobre los salarios. El objetivo del proyecto es demostrar la importancia de la heterogeneidad de la demanda entre consumidores para los efectos distributivos del comercio. Sin embargo, comprender las consecuencias generales del comercio sobre el conjunto de la distribución de individuos requiere un enfoque que integre conjuntamente la heterogeneidad de la oferta y de la demanda. Dejamos esto para trabajos futuros.
Referencias
Atkin, D., B. Faber y M. Gonzalez-Navarro (2015). “Retail Globalisation and Household Welfare: Evidence from Mexico”, documento de trabajo NBER 21176.
Autor, D., D. Dorn y G. Hanson (2013). “The China Syndrome: Local Labor Market Effects of Import Competition in the US”, American Economic Review, 103(6): 2121-68.
Deaton, A. y J. Muellbauer (1980). “An Almost Ideal Demand System”, The American Economic Review, 70 (3), 312–326.
Fajgelbaum, P. y A. Khandelwal (de próxima publicación). “Measuring the Unequal Gains from Trade”,Quarterly Journal of Economics.
Pierce, J. y P. Schott (2012). “The Surprisingly Swift Decline of U.S. Manufacturing Employment”,documento de trabajo NBER 18655.
La publicación no implica el respaldo de los puntos de vista del Foro Económico Mundial.
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Autores: Pablo Fajgelbaum es profesor adjunto de Economía en la UCLA e investigador titular del NBER. Amit Khandelwal es profesor de la Columbia Business School. Su investigación se centra en la relación entre el comercio internacional y el desarrollo económico.
Imagen: Un barco carga contenedores en la terminal de contenedores Port Botany de Sídney. REUTERS/David Gray.


