Tras la crisis financiera mundial, se utilizaron de manera enérgica las políticas monetaria y fiscal para contrarrestar los efectos de la crisis en la actividad económica. Los responsables de políticas observan una serie de indicadores que les orientan en la evaluación del nivel de actividad de una economía en relación con su capacidad productiva. Pero determinar la posición de la economía en tiempo real suele ser bastante complejo, con consecuencias para la fijación de la política.
En el caso de Brasil en 2011, por ejemplo, los responsables de políticas estimaron en tiempo real que la economía se encontraba en un nivel de producción acorde con su capacidad productiva. Sin embargo, con el tiempo, la evaluación de la posición cíclica de la economía brasileña cambió de forma drástica. No solo había estado a plena capacidad, sino que estaba sobrecalentada. En realidad, la economía afrontaba presiones inflacionarias, lo que exigió endurecer la política para devolver la inflación a la meta del banco central.
Aunque es llamativo, esta experiencia no es exclusiva de Brasil. En un estudio reciente, analizamos las implicaciones de fijar la política monetaria en tiempo real para un amplio conjunto de países, incluidas cinco economías latinoamericanas (Brasil, Chile, Colombia, México y Perú).
Brecha del producto: importante, pero impredecible
Imagine una economía que opera con plena capacidad productiva y con un nivel sostenible de empleo acorde con una inflación baja y estable. En otras palabras, todo está en perfecto equilibrio, en términos económicos. Los economistas denominan producto potencial a la cantidad que una economía puede producir en ese estado. Como no es directamente observable, el producto potencial es difícil de medir. No obstante, resulta útil estimarlo para que sirva de referencia frente a la situación real de la economía.
Esta diferencia entre el producto real y el potencial desempeña un papel crucial en la macroeconomía. Si la actividad económica real se sitúa por debajo de lo que la economía puede producir con su capacidad, normalmente se aplicarían políticas expansivas (como la reducción de las tasas de interés) para devolver la economía a su potencial. Por el contrario, serían más pertinentes políticas restrictivas si la actividad real supera el producto potencial, para reducir los riesgos de sobrecalentamiento que podrían derivar en una caída brusca y repentina.
Una medida habitual para comparar la situación real con la potencial es la brecha del producto, que es el producto interno bruto real en relación con su nivel potencial a plena capacidad productiva. Así, una brecha positiva del producto indica que el PIB se sitúa por encima del potencial, mientras que una brecha negativa significa que existe capacidad ociosa. Los economistas suelen revisar sus estimaciones de la brecha del producto para incorporar nueva información, por lo que la brecha de un año determinado puede cambiar respecto de su estimación inicial. Esto tiene implicaciones significativas para la fijación de la política.
Al examinar las revisiones de las estimaciones iniciales de la brecha del producto, se hace patente la magnitud de la incertidumbre que rodea al producto potencial:
En comparación con las estimaciones iniciales, casi un tercio de las evaluaciones del producto en relación con el potencial llega a la conclusión contraria con base en información posterior.
En tiempo real, los economistas tienden a considerar que las desaceleraciones son temporales, pero con frecuencia son más duraderas, algo que solo se hace evidente a posteriori. Así, la capacidad productiva potencial de una economía tiende a sobrestimarse de forma persistente.
Las estimaciones de las brechas del producto son menos fiables en los años de recesión, precisamente cuando más se necesitan para aplicar políticas anticíclicas sólidas.
Solo una pequeña parte de la variación en las revisiones de la brecha del producto puede predecirse con antelación, lo que dificulta que los responsables de políticas ajusten esta incertidumbre cuando se fijan las políticas.
Flexibilizar o endurecer: esa es la cuestión
La mayoría de los bancos centrales fijan la política monetaria de acuerdo con la información de que disponen en ese momento sobre la posición de la economía respecto del producto potencial y sobre las perspectivas de inflación. Cuando se prevé que la inflación caerá por debajo de la meta, los responsables de políticas pueden reducir las tasas de interés para estimular el crecimiento y devolver la inflación a su nivel; para evitar el sobrecalentamiento y contener las expectativas inflacionistas al alza, pueden hacer justo lo contrario.
Por lo tanto, al formular la política monetaria, es crucial que los bancos centrales sepan dónde se sitúa la actividad económica en relación con su potencial, sobre todo cuando operan con una meta de inflación. Dado que Brasil, Chile, Colombia, México y Perú han adoptado dichas metas en las últimas décadas, los utilizamos como estudios de caso.
En primer lugar, comprobamos que, si utilizamos las estimaciones revisadas de la brecha del producto para emular las funciones de reacción monetaria de los bancos centrales, las tasas de interés fijadas por estos resultan sustancialmente distintas de las que se establecieron en tiempo real.
En segundo lugar, comprobamos que estas revisiones de la brecha del producto explican casi la mitad de las desviaciones entre el nivel real de inflación y la meta del banco central. Esto sugiere que las revisiones de la brecha sacan a la luz nueva información que no se tiene en cuenta en las decisiones de política. Esto ocurre, al menos en parte, porque resulta difícil distinguir en tiempo real si las fluctuaciones de la actividad económica son cíclicas o el inicio de un cambio de tendencia.
Estos resultados subrayan los desafíos a los que se enfrentan los responsables de políticas cuando utilizan reglas de política que dependen de una evaluación de la posición cíclica de la economía para fijar el valor de las tasas de interés. Los responsables consultan un amplio conjunto de indicadores, pero siguen teniendo dificultades para distinguir entre las fluctuaciones cíclicas y los cambios en la tasa de crecimiento tendencial. Esto da lugar a casos en los que, probablemente, la política habría sido distinta si entonces hubieran sabido lo que sabemos ahora.
De cara al futuro, la política no debería ser tan rápida en atribuir todos los movimientos de la actividad económica a fluctuaciones de corto plazo; los cambios en la tasa de crecimiento tendencial son frecuentes y los responsables de políticas deben ajustarse a ellos con mayor rapidez. También es necesario mejorar los métodos para evaluar en tiempo real la producción en relación con el potencial productivo. Estas medidas ayudarían a arrojar luz sobre un aspecto de la formulación de la política económica que a menudo se parece a buscar el interruptor de la luz en una habitación a oscuras.
Este artículo se publica en colaboración con IMF Direct. La publicación no implica el respaldo de las opiniones por parte del Foro Económico Mundial.
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Autor: Francesco Grigoli es economista del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI. Alexander Herman es analista de investigación del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI. Andrew Swiston es economista del Departamento de Estrategia, Política y Evaluación del FMI. Gabriel Di Bella es subjefe de división del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI.
Imagen: La sede del Banco Central Europeo (BCE) en Fráncfort, fotografiada el 6 de junio de 2013. REUTERS/Ralph Orlowski




