¿La movilidad de ingresos siempre es algo bueno?

¿La movilidad de ingresos siempre es algo bueno?
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La movilidad de ingresos suele considerarse algo positivo. Implica un mayor bienestar social, ya que la capacidad de las personas para ascender y descender en la escala de ingresos mitiga los efectos de una distribución desigual de los ingresos. Pero también es cierto que, cuando los ingresos suben y bajan de forma inesperada, la vida se vuelve más arriesgada y planificar resulta difícil. Por eso, establecer un vínculo general entre la movilidad que observamos en los datos y el bienestar no es sencillo.

Un enfoque habitual para mostrar una movilidad elevada —una baja correlación entre los ingresos actuales y los pasados— se recoge, por ejemplo, en el índice de Hart (cov lnyt, lnyt-1). Si suponemos, como suele hacerse, que los ingresos de una persona constan de un componente transitorio (fluctuaciones a corto plazo, al alza o a la baja, en los ingresos de una persona autónoma que podemos suavizar, o incluso errores de medición) y un componente permanente en el que cada choque de ingresos persiste (por ejemplo, una pérdida de ingresos tras un cambio de empleo involuntario (un proceso AR (1) con coeficiente autorregresivo, ρ), entonces el índice de Hart puede descomponerse en tres partes.

La primera parte consta de errores de medición o choques transitorios; la segunda corresponde al riesgo de ingresos, y la tercera es un «término de convergencia» que recoge el retorno al ingreso medio de una persona con su nivel de capital humano (1- ρ).

Cada uno de estos componentes puede afectar al bienestar. Si suponemos que las personas pueden recurrir a sus ahorros o a un préstamo a corto plazo de amigos o familiares para suavizar un choque transitorio, es poco probable que estos choques o, como es obvio, los errores de medición tengan efectos importantes sobre el bienestar. Podemos considerar que el riesgo de ingresos representa una «mala movilidad» y la convergencia, una movilidad «buena». Que un aumento medido de la movilidad sea positivo o negativo depende del impacto relativo de estos dos últimos efectos sobre el bienestar.

En un documento de trabajo titulado «Riesgo de ingresos, movilidad de ingresos y bienestar», escrito en coautoría con Tom Krebs y Pravin Krishna, usamos datos de México para estimar la magnitud de estos elementos distintos. A lo largo de 1 año, la gran mayoría de la movilidad medida se debe a errores de medición o choques transitorios, y aproximadamente un 1% se debe, respectivamente, al riesgo de ingresos y a la convergencia. Esto significa que un componente importante de la movilidad medida tiene, en realidad, un interés limitado desde el punto de vista del bienestar. Los otros dos elementos son más importantes. Eliminar todo el riesgo de ingresos medido aumenta el bienestar (medido como consumo a lo largo de la vida) en un 12%. Eliminar el efecto de convergencia reduce el bienestar aproximadamente un 8%. Ambos experimentos reducen la movilidad, ambos tienen una magnitud importante y actúan en direcciones opuestas.

Está claro que otras funciones de bienestar y medidas de movilidad producirían resultados distintos. Sin embargo, estos resultados, obtenidos con medidas muy habituales, apuntan a varias lecciones importantes. Primero, dado el gran impacto de los errores de medición en la movilidad de ingresos medida, se debe tener cuidado al comparar la movilidad entre países o encuestas. Segundo, no está claro que un aumento de la movilidad medida mejore necesariamente el bienestar. Si se debe exclusivamente a un aumento de los choques aleatorios —el riesgo de ingresos—, una mayor movilidad reduce el bienestar. Tercero, en este caso, la medida pertinente de movilidad de ingresos positiva es la convergencia de los ingresos.

Esta publicación también se publicó en el blog Hablemos de desarrollo .

Esta publicación apareció primero en el blog del Banco Mundial

Autor: William F. Maloney es economista principal del Grupo de Investigación sobre Economía del Desarrollo del Banco Mundial.

Imagen: Un comerciante de Zimbabue vende frutas y verduras en un mercado rural de Domboshava, a las afueras de la capital, Harare, el 5 de abril de 2008. REUTERS/Mike Hutchings

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