A lo largo de su historia, América Latina ha sufrido todo tipo de males económicos. Estos estaban relacionados con ciclos de auge y caída, la falta de instituciones sólidas, la corrupción, entre otros problemas. Hoy, la buena noticia es que varios países de la región han aprendido por las malas los beneficios de la estabilidad económica. Ahora los inversionistas diferencian entre los países de América Latina, y Chile, Colombia y Perú destacan sobre el resto. Parece que esta vez es diferente para este grupo de países. La inversión es el componente clave.
Veamos algunas cifras. En cuanto a las tasas de inversión, el panorama general luce relativamente bueno en América Latina: una tendencia alcista continua a lo largo del tiempo. La tasa de inversión promedio en la región fue del 16,5 % del PIB en 2003, mientras que en 2011 había subido a más del 20 %, y probablemente un poco más en 2012. Sin embargo, los países latinoamericanos son extremadamente diversos. Además de las historias de éxito de Chile, Colombia y Perú, cuyas tasas de inversión rondan el 24 %, tenemos países como Bolivia, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela, con tasas de inversión recientes de menos del 20 %.
Las tasas de inversión más altas en países como Chile, Columbia y Perú han desempeñado claramente un papel en su sólido crecimiento económico. Pero esto no basta para afrontar los desafíos que se avecinan en la región, como el desarrollo de los recursos naturales, la modernización de la infraestructura y las demandas de la emergente clase media. Se necesita con urgencia un cambio decidido en las inversiones. Y tanto el sector privado como el público están a la altura del desafío.
Solo a modo de contraste, vale la pena considerar el caso de China, cuyas tasas de inversión alcanzan el 45 % del PIB. La comparación quizá sea algo injusta, dado que existen varias diferencias clave. No obstante, China ya no puede aumentar su potencial de crecimiento mediante mayores inversiones y productividad. Su desafío es mejorar el historial de estabilidad económica, social y política.
Aunque algunos indicadores son optimistas respecto a América Latina, no son suficientes. Las medidas de riesgo país no funcionan tan bien para las economías de mercados emergentes. Actualmente, algunos países latinoamericanos disfrutan de un riesgo país absoluto y relativo más bajo. Algunos inversionistas internacionales siguen siendo reticentes, no solo porque no conocen bien la región, sino también porque los riesgos prospectivos no se miden con los indicadores habituales. Es similar a obtener una tarjeta de crédito cuando no se tiene historial crediticio (y, peor aún, cuando se ha tenido un mal comportamiento en el pasado).
Hoy, América Latina tiene la oportunidad de atraer inversiones y mostrar historiales más sólidos. Para ello se requerirá un compromiso nacional de pensar a largo plazo, evitando el cortoplacismo de los ciclos políticos. Si pudiera enviar un solo mensaje a los inversionistas, les diría: vivimos en el mejor lugar, en el mejor momento. Aprovéchenlo, porque esta vez es diferente.
Autor: Eric Parrado es profesor de la Universidad Adolfo Ibáñez y miembro del Global Agenda Council on Long-Term Investing y un Young Global Leader 2011
Imagen: Un trabajador de la construcción en un sitio de obra en la ciudad de Valparaíso REUTERS/Eliseo Fernandez


