Tres razones para ser optimistas sobre la inversión de impacto

Tres razones para ser optimistas sobre la inversión de impacto
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Está surgiendo un nuevo tipo de desigualdad –o divergencia– en la sociedad moderna entre las personas y las empresas que incorporan el propósito en su trabajo y quienes no lo hacen. La inversión de impacto ha entrado en la mentalidad general, pero para muchos, ponerla en práctica ha resultado difícil.

La inversión de impacto se ha convertido en un tema candente durante el último año: el G7 creó un grupo de trabajo sobre inversión de impacto, la Casa Blanca anunció una agenda política relacionada y el Papa organizó debates sobre el tema en el Vaticano. Durante la última década, he estudiado el auge de la inversión de impacto desde múltiples perspectivas. He analizado cómo los inversores convencionales pueden maximizar los rendimientos ajustados al riesgo a largo plazo mediante la gestión de métricas ambientales, sociales y de gobernanza (ESG), cómo los emprendedores sociales crecen con capital privado, cómo los filántropos pueden aumentar su impacto con una variedad de herramientas y cómo los gobiernos pueden financiar mandatos sociales esenciales de forma más rentable. En cierto modo, la popularidad del sector de la inversión de impacto se ha convertido en un indicador de esta «divergencia de propósito».

Reconozco que hay muchos escépticos que piensan que la inversión de impacto es solo una moda pasajera. La realidad es que solo podemos juzgarlo con perspectiva, a posteriori. Pero hay varias razones por las que tengo la esperanza de que estemos en un punto de inflexión del capitalismo. En primer lugar, en las próximas cuatro décadas, los millennials heredarán entre 30 billones y 40 billones de dólares de los baby boomers. Una investigación reciente de Deloitte muestra que los millennials creen que las empresas pueden hacer más para abordar los desafíos de la sociedad. De los 7.800 millennials de 28 países encuestados por Deloitte, el 56 % afirmó que creía que las empresas podían hacer más en lo relativo a la escasez de recursos y el 49 % afirmó que las empresas podían hacer más para combatir la desigualdad de ingresos.

En segundo lugar, el mercado LOHAS (estilos de vida de salud y sostenibilidad), que actualmente vale 300.000 millones de dólares, ha crecido un 10 % anual desde principios de la década de 2000. Los estudios de mercado muestran que los clientes valoran especialmente los productos con impacto: el 76 % de los clientes cambiaría a marcas o minoristas que apoyen una causa social (con precio y calidad iguales) y el 80 % de los clientes del mercado LOHAS pagaría hasta un 20 % más por determinados productos socialmente responsables. Con la popularidad de productos orientados al impacto, como las barras KIND, los productos para el hogar de Method y las gafas Warby Parker, ha llegado una mayor inversión ‒ solo en 2013, Warby Parker recaudó más de 100 millones de dólares en rondas de financiación de las series B y C.

En tercer lugar, la investigación preliminar ha descubierto que gestionar para lograr un impacto social tiene sentido financiero a largo plazo. Las empresas con calificaciones más altas de responsabilidad social corporativa y ESG tienen costes de capital más bajos y muestran un rendimiento superior basado en el mercado (89 %) y basado en la contabilidad (85 %). Un estudio reveló que 1 dólar invertido a principios de la década de 1990 en una cartera de empresas de alta sostenibilidad habría crecido hasta 22,6 dólares a finales de 2010, mientras que una inversión de 1 dólar en empresas de baja sostenibilidad habría crecido hasta 15,4 dólares. Otro estudio reveló que, durante un período de tres años que terminó el 31 de diciembre de 2013, las carteras de mayor impacto superaron en rentabilidad (10,5 % anualizada frente a 8,9 %, un 1,6 % más al año) y en riesgo (volatilidad anual de 11,3 % frente a 13,0 %, un 1,7 % menos al año) a un modelo de cartera tradicional basado en la teoría moderna de carteras. Si bien esta investigación preliminar es motivo de optimismo, los datos son escasos y limitados, por lo que pasarán varios años antes de que podamos concluir sin lugar a dudas que un mayor impacto genera mejores rendimientos financieros.

¿Por qué es tan fácil para algunos integrar el propósito y el impacto en su trabajo, y tan difícil para otros?

En primer lugar – la percepción de que, al inicio del camino del impacto, hay que ser impecablemente impactante puede resultar paralizante. Lo perfecto puede ser enemigo de lo bueno.

Incorporar el impacto no es una decisión binaria, ni existe un modelo único para todos; más bien, es un proceso gradual e iterativo que implica experimentación, evaluación y transparencia con las partes interesadas clave. Requiere disposición para aprender, iterar y cambiar de rumbo. Los mejores de su categoría ven muchas formas posibles de empezar, se resisten a las etiquetas externas –ya sea como validación o como juicio‒ y mantienen canales de comunicación abiertos con sus inversores, clientes, empleados y miembros de la comunidad.

En segundo lugar – el impacto necesita el compromiso de la alta dirección y debe formar parte de la conversación estratégica (no solo de las conversaciones sobre marketing y cadena de suministro). No solo esto facilitará la implementación, sino que evitará una reacción negativa si/cuando las partes interesadas clave perciban a una organización como incoherente o, peor aún, poco auténtica.

En tercer lugar – los líderes empresariales se sienten divididos entre los valores a largo plazo de la empresa y las expectativas a corto plazo de las partes interesadas clave en cuanto a métricas financieras trimestrales o incluso diarias. La creación de valor se ha desvinculado de la valoración. Sin embargo, con el tiempo, los mercados premiarán a las empresas que viven sus valores, retienen al mejor talento y sirven a los mejores intereses de sus clientes y de la sociedad. Quienes aprendan antes a orientar, medir e integrar de forma proactiva el impacto en sus decisiones empresariales estarán en una posición más competitiva a largo plazo.

La divergencia entre los «que tienen» y los «que no tienen» en materia de impacto con propósito puede reducirse, y tanto las empresas como la sociedad se beneficiarán. Lo importante que debemos tener en cuenta es que todos los enfoques con la intención de crear un impacto positivo tienen mérito y pueden servir de puerta de entrada a una mayor participación futura y a una mejor alineación entre el impacto y las finanzas.

Autora: Abigail Noble es directora asociada y responsable de iniciativas de inversión de impacto en el Foro Económico Mundial, y anteriormente fue responsable de África y América Latina en la Fundación Schwab para el Emprendimiento Social. Es coautora del informe publicado hoy, « Trazar el rumbo: cómo los inversores convencionales pueden diseñar estrategias de inversión de impacto visionarias y pragmáticas » y el informe del año pasado, « Margins to Mainstream».

Imagen: Brotes de cafetos en una finca de Alfenas, en la ciudad brasileña de Minas Gerais, en el sur de Brasil, el 8 de julio de 2008. REUTERS/Paulo Whitaker

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