A medida que la Reserva Federal de EE. UU. (Fed) se prepara para subir las tasas de política monetaria por primera vez en casi una década, América Latina atraviesa una fuerte desaceleración, con un aumento del desempleo. En este contexto, muchos bancos centrales de la región han mantenido bajas las tasas de interés para respaldar la actividad económica. Pero ¿puede la política monetaria mantenerse así a medida que suben las tasas globales? ¿Qué implicará el inicio del ciclo de subidas de la Fed para la región?
Nuestro análisis en las Perspectivas Económicas Regionales: Hemisferio Occidental sugiere que los efectos de la próxima subida de tasas de la Fed deberían ser manejables para la región, aunque las tasas de largo plazo locales podrían aumentar considerablemente si la prima por plazo estadounidense —la compensación que exigen los inversores por posibles pérdidas derivadas del riesgo de tipos de interés o de inflación— vuelve a su promedio previo a la crisis. Los países con tipos de cambio flexibles y marcos monetarios y fiscales creíbles deberían poder seguir brindando apoyo manteniendo bajas las tasas de corto plazo donde sea necesario.
¿Seguir la estela de la Fed o simplemente bailar al mismo ritmo?
A comienzos de los años 2000, muchos bancos centrales latinoamericanos adoptaron regímenes de metas de inflación con flexibilidad cambiaria, en parte para evitar la necesidad de aplicar políticas que agravaran las recesiones provocadas por grandes choques externos, como las crisis del Tequila y la asiática de los años noventa. Pero algunos sostienen que, debido a la globalización financiera, los responsables de políticas en economías pequeñas y abiertas no pueden llevar a cabo políticas monetarias independientes o autónomas, incluso bajo regímenes de tipo de cambio flexible.
En efecto, las tasas de interés en todo el mundo tienden a moverse en conjunto, por lo general siguiendo las tasas de EE. UU. Pero los ciclos económicos globales también tienden a estar muy sincronizados, por lo que el movimiento conjunto observado en las tasas de interés puede reflejar que los bancos centrales reaccionaban a condiciones similares, y no que siguieran a la Fed. Esta distinción es especialmente relevante en América Latina en la actualidad, donde muchos ciclos económicos de la región están desfasados respecto del ciclo económico estadounidense.
Para responder a esta pregunta, descomponemos los movimientos de las tasas de interés internas de 46 países avanzados y emergentes en dos partes. El primer componente refleja los esfuerzos del banco central por estabilizar el producto y la inflación. El segundo es todo lo demás, incluidos otros objetivos del banco central —como moderar los movimientos del tipo de cambio por preocupaciones de estabilidad financiera o de competitividad— o los choques que afectan a las condiciones monetarias. Luego preguntamos en qué medida este movimiento residual de las tasas de interés internas puede atribuirse a efectos derrame de las condiciones financieras globales, como los cambios en las tasas de política de EE. UU. La respuesta a esta pregunta indicará cuánta autonomía monetaria tienen realmente los bancos centrales.
Encontramos que, una vez controlamos las condiciones macroeconómicas internas, los efectos derrame de las tasas de EE. UU. son menores que las correlaciones simples entre tasas de interés. Pero siguen siendo significativos en algunos países emergentes y avanzados, lo que sugiere que sí siguen a la Fed. En América Latina, los efectos derrame son significativos y relativamente grandes en México y Perú, lo que sugiere que, aunque sus economías estuvieran desfasadas respecto de la de Estados Unidos, tendrían menos probabilidades de desviarse del comportamiento de la Fed.
El contexto en torno al inicio de las subidas de tasas en EE. UU.
Pero, más allá de lo que los bancos centrales pueden hacer para mantener las tasas de corto plazo sincronizadas con las condiciones internas, gran parte de lo que pueda ocurrir en la coyuntura actual dependerá de la naturaleza de los factores que impulsan las tasas de interés de EE. UU., incluido, en particular, lo que suceda con la prima por plazo.
La Figura 1 muestra el impacto estimado del inicio de las subidas de la Fed sobre las tasas de interés de largo plazo en países seleccionados tras un año. En el escenario base, las tasas de EE. UU. aumentan de acuerdo con las expectativas actuales del mercado incorporadas en los contratos de futuros. Como el mercado espera un ciclo de subidas muy gradual, en línea con una mejora de las perspectivas económicas, se prevé que el impacto sea reducido en toda América Latina.
Sin embargo, ciertos escenarios de riesgo podrían provocar impactos mayores. Por ejemplo, la Fed podría subir las tasas más rápido de lo que el mercado espera actualmente. Alternativamente, una prima por plazo inusualmente baja, reflejada en tasas de interés de largo plazo de EE. UU. muy bajas, podría normalizarse. Si este riesgo se materializa, el impacto sobre las tasas de interés latinoamericanas podría ser sustancial —superior a 160 puntos básicos en algunos casos—, con importantes implicaciones para el gasto público en servicio de la deuda.
Si bien estos escenarios son considerablemente menos probables que el escenario base, no carecen de precedentes. En el caso de una normalización de la prima por plazo hasta su promedio previo a la crisis, movimientos de esta magnitud se han observado varias veces desde 2000, incluso en los meses posteriores al episodio del “taper tantrum” de mayo de 2013.
Los tipos de cambio flexibles y los marcos de política creíbles son clave
Un aumento de las tasas de largo plazo internas puede ser inevitable, pero mantener alineadas las tasas de corto plazo con las condiciones internas sin duda ayudaría. En ese sentido, nuestro análisis sugiere que la diferencia en los efectos derrame entre países puede vincularse con las políticas y otras características (Figura 2). La flexibilidad cambiaria desempeña el papel clave para que el banco central pueda orientar la política monetaria en mayor medida hacia la estabilización de la economía interna. Pero la solidez de los marcos de política también es crucial. La credibilidad del compromiso del banco central con la estabilidad de precios, así como la percepción del mercado sobre las vulnerabilidades fiscales, son determinantes importantes de los efectos derrame de las tasas de interés.
Otros factores también pueden ayudar. Por ejemplo, la dolarización financiera aumenta sustancialmente los efectos derrame de las tasas de interés, mientras que el uso activo de los requisitos de reservas —una parte del conjunto de herramientas macroprudenciales— puede ayudar a mitigarlos en cierta medida.
Este artículo se publica en colaboración con el FMI. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Bertrand Gruss es economista de la División de Estudios Regionales del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, donde realiza investigación y análisis sobre América Latina y el Caribe. Carlos Caceres es economista de la División de Estudios Regionales del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI. Yan Carrière-Swallow es economista de la División de Estudios Regionales del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, donde elabora análisis sobre América Latina y el Caribe.
Imagen: Se muestra el edificio de la Junta de la Reserva Federal de Estados Unidos. REUTERS/Gary Cameron.






