En un libro famoso, los economistas Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee, del MIT, describen cómo los avances recientes en inteligencia artificial están cambiando nuestras vidas: coches sin conductor, drones para la entrega de paquetes, programas informáticos para diagnosticar enfermedades, software inteligente de reconocimiento de patrones que sustituye a los abogados, impresión 3D, etc. (Brynjolfsson y McAfee, 2014). Llaman a estos avances la «segunda era de las máquinas».
En esta columna, quiero analizar dos hipótesis sobre cómo la segunda era de las máquinas puede afectar al mundo en que vivimos.
Hipótesis 1. Los robots devolverán la fabricación a los países ricos, ya que las máquinas están sustituyendo a los trabajadores y el coste de la mano de obra dejará de importar tanto.
Hipótesis 2. Las máquinas inteligentes sustituirán a las personas cualificadas, en lugar de aumentar la demanda de cualificaciones (cambio tecnológico sesgado hacia el capital, más que hacia las cualificaciones), y, como resultado, el precio relativo de las cualificaciones (la prima salarial por cualificación) disminuirá.
El resurgimiento de la fabricación en las economías ricas
Empecemos por la primera hipótesis. Se acumulan las pruebas anecdóticas de la relocalización (el traslado de actividades de los países con salarios bajos a los países con salarios altos). Apple está trasladando parte de sus actividades de Foxconn, en China, a Silicon Valley, en California; Airtex Design Group está trasladando parte de su producción textil de China a Estados Unidos (véase The New York Times, 2013). En una encuesta reciente realizada por la consultora de gestión PricewaterhouseCoopers entre 384 empresas de la eurozona, dos tercios afirmaron haber relocalizado algunas actividades durante los últimos 12 meses y el 50 % planea hacerlo en los próximos 12 meses.
Pero ¿podemos observar estos cambios en los datos? En la Figura 1, examino la deslocalización de la producción de las economías ricas a países con salarios bajos (Asia, Europa del Este, Brasil y México). Timmer (2012) recopiló los datos de la World Input-Output Database. La deslocalización se mide como la proporción de insumos intermedios importados de países con salarios bajos respecto del total de insumos intermedios utilizados en cada país. Los datos no muestran claramente ningún indicio de relocalización. Ocurre lo contrario. Durante la Gran Recesión de 2008 observamos una caída de la actividad de deslocalización en Estados Unidos y Europa. Sin embargo, la actividad se recuperó rápidamente y creció más deprisa que antes de la crisis.
Figura 1. Deslocalización hacia países con salarios bajos

Figura 2. Regiones de deslocalización

Sin embargo, la Figura 2 muestra un cambio en el patrón de deslocalización de las empresas europeas: se alejan de Europa del Este (incluidas Rusia y Ucrania) y se dirigen a Asia, en particular a China. Desde 2005, Alemania, Francia e Italia han convertido Asia en un destino importante de sus actividades de deslocalización.
Capital físico en lugar de capital humano
Pasemos ahora a la segunda hipótesis. Acemoglu y Autor (2011) sostienen que la segunda era de las máquinas representa un cambio tecnológico sesgado hacia las cualificaciones. La tecnología y las cualificaciones son complementarias y, por tanto, la tecnología requiere cada vez más cualificaciones. A medida que aumenta la demanda de cualificaciones, también crecerá la brecha salarial entre los trabajadores cualificados y los no cualificados (la prima salarial universitaria). El aumento de esta prima será aún mayor si un país no amplía con suficiente rapidez la oferta de cualificaciones. En su libro The Race between Education and Technology, Goldin y Katz (2009) sostienen que, desde 1980, la educación en Estados Unidos ha dejado de avanzar con la suficiente rapidez para seguir el ritmo del cambio tecnológico, lo que provocó un fuerte aumento de la desigualdad entre trabajadores cualificados y no cualificados en Estados Unidos durante las décadas de 1980 y 1990.
¿Cómo ha evolucionado la prima salarial por cualificación en Europa? Las Figuras 3 y 4 presentan los datos. Timmer (2012) los recopiló de la World Input-Output Database. Salvo en Estados Unidos y, más recientemente, Alemania (desde 2001), la prima salarial entre la educación terciaria y la secundaria, por un lado, y entre la educación terciaria y la primaria, por otro, está disminuyendo en todos los países occidentales (Figura 4).
¿Por qué ocurre esto? Hay dos posibles explicaciones para la caída de la prima salarial por cualificación en Europa.
En primer lugar, en Europa podría estar actuando un efecto inverso al de Goldin y Katz. Los avances educativos podrían haber sido más rápidos que el ritmo del cambio tecnológico.
En efecto, la Figura 5 muestra que, desde el cambio de siglo, la educación ha avanzado rápidamente en la mayor parte de Europa, mientras que en Estados Unidos y Alemania ha avanzado despacio. En Austria, la proporción de personas con un título universitario se multiplicó por 2,5 entre 1996 y 2012; en el Reino Unido e Italia casi se duplicó; en España aumentó un 70 %, y en Francia, un 60 %. En los últimos 17 años, Estados Unidos y Alemania han registrado un aumento moderado, de alrededor del 25 %, en la proporción de la población con educación terciaria. Los datos sugieren que la política educativa en Europa fue demasiado agresiva dada la demanda de cualificaciones.
Figura 3. Salarios por hora según el nivel de cualificación

Figura 4. Prima salarial de la educación terciaria

Nota: En algunos países, los gráficos presentan una caída en 2003 debido a una ruptura en los datos subyacentes.
Fuente: WIOD Socioeconomic Accounts (julio de 2014).
Figura 5. Educación terciaria de las personas de 25–64 años (porcentaje de la población)

Nota: educación terciaria: categorías 5 y 6 de la CINE
Fuente: OECD, Education at a Glance 2014.
Una segunda explicación es que la segunda era de las máquinas representa una tecnología sesgada hacia el capital, que requiere cada vez menos capital humano a medida que el capital físico sustituye al capital humano.
La tecnología y las cualificaciones son sustitutivas y, por tanto, las máquinas inteligentes están sustituyendo a personas con formación, como abogados, médicos, profesores y periodistas. A medida que disminuye la demanda de cualificaciones, también caerá la brecha salarial entre los trabajadores cualificados y los no cualificados. ¿Hay pruebas de que la tecnología está, en efecto, sesgada hacia el capital? Disponemos de tres indicios:
La caída de la prima salarial por cualificación en Europa;
La caída global de la participación del trabajo en el PIB desde 1980; y
El aumento del desempleo entre las personas cualificadas, en particular entre los jóvenes.
La caída de la prima salarial por cualificación
Además de la rápida expansión de la oferta educativa en Europa, la demanda de cualificaciones podría haberse ralentizado porque el capital físico está sustituyendo a los trabajadores con formación. Es difícil separar los efectos de la oferta y la demanda sobre la prima salarial por cualificación. Pero Estados Unidos es un ejemplo claro. Desde el cambio de siglo, la educación ha avanzado allí solo moderadamente, lo que debería haber presionado al alza la prima salarial por cualificación. No obstante, la tendencia de esta prima desde 1999 ha sido prácticamente plana (véase la Figura 4), lo que sugiere que la tecnología sesgada hacia el capital ha impulsado esta tendencia en Estados Unidos. En las décadas de 1980 y 1990, la lenta expansión de la educación en Estados Unidos provocó un fuerte aumento de la brecha salarial entre los trabajadores cualificados y los no cualificados.
Una versión más matizada del cambio tecnológico sesgado hacia las cualificaciones es la hipótesis de la polarización, según la cual los ordenadores aumentarán la demanda tanto de los empleos que requieren las mayores cualificaciones (profesionales y directivos) como de los que requieren las menores (servicios personales), mientras disminuirán los empleos intermedios (trabajos administrativos rutinarios). Los ordenadores desplazan los empleos de cualificación media al sustituir el trabajo rutinario, pero no sirven para las tareas más complejas en los extremos superior e inferior de la distribución de cualificaciones. Sin embargo, la caída de la brecha salarial entre los trabajadores altamente cualificados y los de cualificación media en todos los países occidentales, salvo Estados Unidos y Alemania, no respalda firmemente esta hipótesis.
La caída de la participación del trabajo en el PIB
Antes, alrededor del 70 % de los ingresos correspondía a las rentas del trabajo y el 30 % a las del capital. Desde la década de 1980, la proporción de ingresos destinada al trabajo ha disminuido en todos los países ricos. Actualmente ronda el 58 % del PIB. En un artículo reciente, Karabarbounis y Neiman (2014) muestran que el 50 % de esta caída se debe a la reducción de los costes de las tecnologías de la información, que permite a las empresas sustituir trabajadores por capital físico más barato.
El aumento del desempleo entre las personas cualificadas
El desempleo entre las personas cualificadas está aumentando en Estados Unidos y el Reino Unido, donde se duplicó entre 2000 y 2012, y en España e Italia, donde se triplicó en el mismo periodo. En Alemania y Francia no observamos un aumento de este desempleo. La duplicación del desempleo entre las personas con formación universitaria entre 2000 y 2012, junto con el modesto aumento de la prima salarial por cualificación en Estados Unidos pese a la lenta expansión de la educación, sugiere que la tecnología sesgada hacia el capital está impulsando este resultado. En Alemania, el desempleo entre las personas cualificadas es bajo y no aumentó entre 2000 y 2012, precisamente porque la educación avanzaba lentamente allí.
¿Estamos librando la batalla equivocada? ¿Es erróneo responder a los desafíos de la globalización con una rápida expansión de la educación? ¿Veremos en la próxima década un exceso de oferta de capital humano que perciba salarios ínfimos? Es muy posible que la «guerra por el talento» y la escasez de capital humano sean cosa del pasado.
Referencias
Acemoglu, D y D Autor, D (2011), «Skills, tasks and technology: Implications for employment and earnings», Handbook of Labor Economics, Ámsterdam: Elsevier.
Brynjolfsson, E y A McAfee (2014), The second machine age: Work, progress, and prosperity in a time of brilliant technologies, Nueva York, NY: WW Norton & Company.
Goldin, C D y L F Katz (2009), The race between education and technology, Cambridge, MA: Harvard University Press.
Karabarbounis, L y B Neiman (2014), «The global decline of the labor share», The Quarterly Journal of Economics, 61, 103.
Timmer, M P (ed.). (2012), The world input-output database (WIOD): Contents, sources and methods, WIOD Working Paper Number 10.
Publicado en colaboración con VoxEU
Autora: Dalia Marin. Dalia Marin ocupa la cátedra de Economía Internacional en la Universidad de Múnich y se incorporó a Bruegel como investigadora en octubre de 2007.
Imagen: Máquinas en una planta de fabricación de automóviles. REUTERS



