El éxito profesional es importante para todos, pero aun así, el éxito puede y de hecho debe significar cosas distintas para cada persona.
Pero hay un hecho universal. El éxito verdadero, el que existe en múltiples niveles, es imposible sin construir grandes relaciones. El éxito verdadero es imposible si no se trata a los demás con amabilidad, consideración y respeto.
Al fin y al cabo, puedes ser un imbécil rico… pero también serás un imbécil solitario.
Así construyen relaciones empresariales excepcionalmente exitosas las personas de éxito:
1. Ayudan sin que se lo pidan.
Es fácil ayudar cuando te lo piden. Y la mayoría de la gente lo hará. Pero algunas personas ofrecen ayuda antes de que se la pidan, aunque la mayoría de las veces es entonces cuando un poco de ayuda puede tener el mayor impacto.
Quienes construyen grandes relaciones prestan mucha atención para darse cuenta de cuándo los demás tienen dificultades. Entonces se ofrecen a ayudar… pero no de manera general, con un «¿Hay algo que pueda hacer para ayudarte?». En cambio, proponen formas concretas de ayudar.
Así pueden superar las objeciones reflejas de «No, estoy bien…» y ponerse manos a la obra para marcar una diferencia en la vida de otra persona.
Y lo hacen no porque quieran construir una relación mejor —aunque ese sea sin duda el resultado—, sino simplemente porque les importa.
2. Asumen el golpe que no merecen.
Un cliente se enfada. Un proveedor se queja del mal servicio. Un amigo en común se siente ofendido. Sea cual sea el problema y sin importar quién tenga realmente la culpa, de vez en cuando alguien da un paso al frente y asume el golpe. Está dispuesta a aceptar las críticas o los abusos porque sabe que puede soportarlos, y sabe que quizá, solo quizá, la persona que realmente tiene la culpa no pueda hacerlo.
Pocos actos son más desinteresados que asumir un golpe que no se merece. Y pocos actos consolidan mejor una relación.
3. Responden a la pregunta que no se hizo.
En lo que respecta a las relaciones, quedarse con lo evidente suele ser inútil. A menudo la gente hace una pregunta distinta de la que realmente quiere que le respondan.
Puede que un colega te pregunte si debería impartir una clase en una universidad local; lo que realmente quiere es hablar de cómo encaminar su vida en otra dirección. Puede que un socio te pregunte qué te pareció la idea que presentó en la última reunión de la junta directiva; lo que realmente quiere es hablar del papel cada vez menor que desempeña en la gestión de la empresa.
Puede que un empleado te pregunte cómo construiste una empresa exitosa; en vez de intentar ganarse tu favor, quizá esté buscando consejos —y ánimo— que le ayuden a perseguir sus propios sueños.
Detrás de muchas preguntas sencillas suele haber una pregunta más amplia que no se llega a formular. Quienes construyen grandes relaciones escuchan con atención para descubrir qué hay detrás y así también pueden responder a esa pregunta.
4. De verdad piensan en los demás.
Quienes construyen grandes relaciones no solo piensan en otras personas. Actúan en consecuencia.
Una forma sencilla de hacerlo es ofrecer elogios inesperados. A todo el mundo le encantan los elogios inesperados: es como recibir flores no porque sea San Valentín, sino «porque sí». Los elogios ayudan a los demás a sentirse mejor consigo mismos y les hacen saber que piensas en ellos (lo cual, si lo piensas bien, ya de por sí resulta halagador).
Dedica un poco de tiempo cada día a hacer algo amable por alguien que conozcas, no porque se espere de ti, sino simplemente porque puedes. Si lo haces, tus relaciones mejorarán casi de manera inconmensurable.
5. Dan un paso al frente cuando han actuado mal.
La mayoría de la gente se disculpa cuando se cuestionan sus acciones o sus palabras.
Muy pocas personas se disculpan antes de que se lo pidan, o incluso antes de que alguien se dé cuenta de que deberían hacerlo.
La responsabilidad es un elemento fundamental de una gran relación. Quienes asumen la culpa, dicen que lo sienten y explican por qué lo sienten, y no intentan devolverle parte de la culpa a la otra persona… son personas que todos quieren tener en su vida, porque convierten al instante un error en un bache del camino, en lugar de un obstáculo permanente.
6. Saben cuándo moderarse.
Las personas extrovertidas y carismáticas suelen ser muy divertidas… hasta que dejan de serlo. Cuando surge un gran desafío o una situación se vuelve estresante, aun así, algunas personas no pueden dejar de «expresar su individualidad». (Admítelo: conoces al menos a una persona tan enamorada de su propia personalidad que nunca sabe moderarse).
Quienes construyen grandes relaciones saben cuándo divertirse y cuándo ponerse serios, cuándo ser desmesurados y cuándo pasar inadvertidos, y cuándo tomar las riendas y cuándo seguir a otros.
Las grandes relaciones tienen múltiples facetas y, por tanto, requieren personas polifacéticas dispuestas a adaptarse a la situación y a las personas que hay en ella.
7. Dan de forma constante… y reciben de vez en cuando.
Una gran relación beneficia a ambas partes. En términos empresariales, eso significa conectar con personas que puedan ser mentoras, compartir información y ayudar a crear otros contactos; en resumen, significa iniciar una relación con la intención de obtener algo.
Quien construye grandes relaciones no piensa en lo que quiere; empieza por pensar en lo que puede dar. Considera que dar es la mejor manera de establecer una relación verdadera y un vínculo duradero. Aborda la construcción de relaciones como si todo girara en torno a la otra persona y no a ella, y en el proceso establece relaciones con personas que siguen el mismo enfoque.
Con el tiempo establecen conexiones verdaderas. Y con el tiempo hacen verdaderos amigos.
8. Valoran el mensaje al valorar siempre a quien lo transmite.
Cuando alguien habla desde una posición de poder, autoridad o fama, resulta tentador dar mayor importancia a sus aportaciones, consejos e ideas.
Escuchamos a Tony Hsieh. Escuchamos a Malcolm Gladwell. Escuchamos a Seth Godin.
¿El hombre que corta el césped de nuestra casa? Quizá no lo escuchemos tanto. (Aunque está claro que deberíamos.)
Las personas inteligentes dejan de lado el marco que acompaña a la fuente —sea positivo o negativo— y valoran la información, el consejo o la idea únicamente por sus méritos.
Quienes construyen grandes relaciones nunca descartan automáticamente un mensaje solo porque descarten a quien lo transmite. Saben que un buen consejo es un buen consejo, venga de donde venga.
Y saben que las buenas personas son buenas personas, independientemente de su «estatus» percibido.
9. Empiezan poco a poco… y a veces les parece bien que siga siendo así.
A veces llevo una sudadera de Reading Football Club . Un día, el cajero del supermercado se fijó en ella y dijo: «Ah, ¿eres seguidor del Reading? Mi equipo es el Manchester United».
Como soy bastante tímido, normalmente me habría limitado a asentir y decir algo intrascendente, pero por alguna razón dije: «¿Crees que el Man U puede ganarle al Real Madrid la semana que viene?».
Me sonrió de oreja a oreja y dijo: «¡Claro que sí! ¡Los aplastaremos!». (Lástima que se equivocara).
Ahora, cada vez que lo veo, me saluda con la mano, a menudo desde el otro lado de la tienda. Casi siempre me acerco y charlamos un poco de fútbol. Es probable que nuestra relación no vaya más allá, y no pasa nada. Durante un par de minutos trascendemos la relación entre cliente y empleado y nos convertimos en dos personas que se alegran el día mutuamente.
Y eso basta, porque todas las relaciones, por insignificantes y posiblemente efímeras que sean, tienen valor.
Quienes construyen grandes relaciones tratan todas y cada una de sus relaciones de esa manera. (Es una lección que debo tener muy presente).
Publicado en colaboración con LinkedIn
Autor: Jeff Haden es escritor fantasma, conferenciante y editor colaborador de Inc. Magazine.
Imagen: Un apretón de manos. REUTERS.


