«El debate en Europa se centra demasiado en la política fiscal y monetaria: la austeridad y la flexibilización cuantitativa. Eso es un error. La producción genera crecimiento, y es evidente que Europa tiene un enorme problema de productividad, especialmente en lo que respecta a la tecnología y la innovación», afirmó Marco Annunziata, economista jefe de GE. Hablaba en el evento de alto nivel «Let’s Get Europe Working», celebrado en Bruselas el 18 de noviembre, organizado por The Economist y European Voice y patrocinado por GE. Los participantes identificaron varias áreas en las que Europa debe actuar con urgencia para impulsar el crecimiento y hacer frente al aumento de la competencia mundial.
Una prioridad clave es desarrollar las competencias, especialmente en tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC). Las casi 900.000 vacantes para empleos de TIC en la UE, en un momento en que también hay 24,5 millones de personas desempleadas en la UE, apuntan a un grave desajuste de competencias. Una mejor correspondencia entre la demanda y las competencias requerirá mayor flexibilidad del mercado laboral, políticas de inmigración inteligentes, una mejor educación en TIC desde edades tempranas y programas que doten de competencias en TIC a las personas desempleadas de larga duración. Además, la formación profesional sigue teniendo un papel importante para apoyar a los sectores tradicionales con demanda insatisfecha, incluidos la fontanería y la carpintería.
«La educación es un elemento central de la estrategia de la UE para el crecimiento y el empleo. Los sistemas educativos de Europa son buenos, pero probablemente no lo bastante», afirmó Tibor Navracsics, comisario europeo de Educación, Cultura, Juventud y Deporte. Se necesita más inversión en educación, argumentó Navracsics, sobre todo porque los principales mercados emergentes están alcanzando a Europa en este ámbito: según los últimos datos de la OCDE, el gasto (como proporción del PIB) en Corea del Sur, Chile, México y Brasil supera los niveles de al menos 10 Estados miembros de la UE. Los participantes también sostuvieron que una colaboración más estrecha entre las empresas y las escuelas ayudaría a garantizar que la educación se ajuste mejor a las necesidades del mercado. Además, los programas de prácticas deberían ser más eficaces, con una duración mayor que los haga más útiles tanto para la persona en prácticas como para la empresa y menos susceptibles de abusos en materia de remuneración.
Otra prioridad clave identificada será crear un entorno en el que puedan prosperar las pequeñas y medianas empresas (pymes). ¿Qué hace falta? Mejor acceso a la financiación y eliminación de las barreras normativas que dificultan que las pymes crezcan en toda la UE. En términos más generales, la fragmentación del mercado derivada de una armonización normativa incompleta cuesta a las empresas europeas 235.000 millones de euros al año en posibles ganancias de eficiencia, al dificultar el comercio de las compañías en toda la UE. «Necesitamos una estrategia diferente para cada uno de los principales países europeos en los que operamos. Europa es muy difícil para una empresa emergente», afirmó Drew Banks, responsable de operaciones internacionales de Prezi.
Las pymes también se beneficiarían de un cambio en la normativa sobre quiebras y en la actitud ante el fracaso, para que las empresas emergentes puedan asumir los riesgos necesarios para tener éxito; los participantes señalaron que, en estos aspectos, la situación en Estados Unidos es considerablemente más favorable. Las leyes estadounidenses sobre quiebras permiten a los emprendedores seguir adelante rápidamente tras el fracaso de sus proyectos, y el fracaso se considera un paso aceptable en el camino hacia el éxito.
En este contexto, Elzbieta Bienkowska, comisaria europea de Mercado Interior, Industria, Emprendimiento y Pymes, afirmó que una de sus principales prioridades sería impulsar la aplicación de la Directiva de servicios de la UE para crear un mercado único europeo, especialmente en los servicios empresariales, el comercio minorista y la construcción. Completar un mercado único de servicios ayudaría a impulsar el crecimiento del empleo —más de dos tercios de los puestos de trabajo europeos están en el sector servicios— y podría añadir más del 2% anual al PIB de la UE. Otras prioridades de Bienkowska incluirán promover la administración electrónica y simplificar la normativa para reducir la carga administrativa de las empresas, reformar la contratación pública para aumentar la competencia y mejorar el acceso de las pequeñas empresas a la financiación y los mercados.
Adoptar una agenda digital y desarrollar un mercado único digital para reforzar la competitividad también será de ayuda. Esto incluirá implementar soluciones digitales como la computación en la nube, los macrodatos y el Internet de las cosas, que podrían transformar radicalmente las empresas de toda la economía de la UE e impulsar el PIB de la UE a largo plazo en un 4%, según un informe de 2014 del Parlamento Europeo.
Los participantes reconocieron que el entorno para las empresas emergentes de Internet era difícil en Europa y que, hasta entonces, Europa se había quedado rezagada respecto de Estados Unidos en el uso de las tecnologías digitales para impulsar la productividad. Sin embargo, había optimismo en que, con las políticas adecuadas, Europa pudiera desempeñar un papel destacado en la siguiente etapa de la revolución digital. Los participantes también coincidieron en que es probable que Europa aventaje a Estados Unidos en materia de protección de los consumidores, un elemento clave que debe garantizarse en cualquier economía digitalizada.
Entre los puntos fuertes de Europa figuran un capital humano básicamente bueno (pese a las carencias de competencias) y ciudades que, por lo general, son admiradas en todo el mundo y constituyen una importante fuente de innovación y creatividad. Al mismo tiempo, la incapacidad de convertir en acciones el debate sobre lo que hay que hacer ha hecho que, tanto en la economía digital como en otros ámbitos relacionados con el impulso de la competitividad y el crecimiento, Europa haya quedado por debajo de su potencial.
«Los europeos tienen que darse cuenta de que el mundo está cambiando y de que sus estructuras actuales no son lo bastante ágiles para hacerle frente: no hacer nada es un riesgo en sí mismo», afirmó Simon Taylor, editor adjunto de European Voice, al concluir el evento.
Publicado en colaboración con GE Look Ahead
Autor: Aidan Manktelow es escritor de GE Look Ahead.
Imagen: Una costurera búlgara fabrica banderas de la UE en una fábrica de la localidad de ParvomaiREUTERS/Stoyan Nenov


