¿Cómo debemos regular las fintech?

¿Cómo debemos regular las fintech?
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Las empresas fintech están penetrando en todos los ámbitos de los servicios financieros, desde las plataformas de pagos, el crédito y la captación de capital, la inversión y el asesoramiento, hasta los seguros y los mercados de capitales.

Las empresas fintech , que son esencialmente modelos financieros digitales disruptivos, pueden contribuir a reducir las barreras de entrada en los servicios financieros. Además, reducen los costes de las transacciones, abordan los problemas de asimetría de la información, empoderan a los consumidores y facilitan los vínculos internacionales. Todos estos factores contribuyen a los objetivos regulatorios de eficiencia y equidad.

En todo el mundo, los gobiernos han respondido positivamente a los nuevos modelos, reconociendo los beneficios de impulsar la competencia y ampliar el acceso a los mercados, especialmente en ámbitos como la financiación de las pequeñas empresas. Modelos como el crédito entre particulares (peer-to-peer lending) y Crowd Sourced Equity Funding (CSEF) han sido bien acogidos en Estados Unidos, Europa y el Reino Unido.

Los gobiernos del Reino Unido, Canadá y Nueva Zelanda han implantado o están ultimando la implantación de marcos regulatorios para respaldar el CSEF. En Estados Unidos, la promulgación de la Jumpstart our Business Start ups (JOBS) Act, que hacía referencia a la importancia de la financiación en línea para que las start-ups y otras empresas obtengan capital, fue determinante para el CSEF a escala mundial.

Pero facilitar la puesta en práctica en el mercado de las nuevas empresas de finanzas digitales es un reto tanto para las empresas fintech como para los reguladores.

Desafío de cumplimiento normativo

Las jóvenes empresas fintech con recursos limitados se enfrentan a un obstáculo considerable al navegar por el laberinto de requisitos de licencia y cumplimiento normativo. Gran parte de estos requisitos se ha desarrollado para organizaciones mucho más maduras y de mayor tamaño.

Por otra parte, los reguladores tienen dificultades para equilibrar la apertura a la innovación y a las tecnologías disruptivas con la protección de los intereses de los consumidores, los inversores y la privacidad de las personas.

El Reino Unido ha liderado el camino en muchos aspectos. La Autoridad de Conducta Financiera ha establecido una red denominada Project Innovate , que respalda la innovación del sector para mejorar los resultados para los consumidores. La industria fintech del Reino Unido también cuenta con su propia asociación sectorial, Innovate Finance, para apoyar a los innovadores de servicios financieros impulsados por la tecnología.

En Australia, la entidad encargada de conceder licencias y supervisar a las fintech es la Australian Securities and Investments Commission (ASIC). Esto debe hacerse también con especial atención a la necesidad de mejorar la competencia en el sistema y generar confianza en los nuevos modelos, con el fin de garantizar la participación tanto de los inversores como de los consumidores.

Para facilitar este proceso, ASIC ha desarrollado un “centro de innovación”. Se trata de un punto de entrada único al sistema para los innovadores que buscan obtener la aprobación regulatoria y, de este modo, les resulta más sencillo orientarse en el sistema regulatorio.

Enfoque colaborativo

El centro de innovación puede relacionarse con una creciente conciencia de que se requiere colaboración entre los innovadores del sector financiero, los grupos de consumidores, los académicos, las agencias gubernamentales pertinentes y los reguladores para abordar la complejidad y examinar las oportunidades desde una perspectiva de todo el sistema.

En consecuencia, ASIC también ha anunciado la creación de un Digital Finance Advisory Committee, con representación de la comunidad fintech, los consumidores y los académicos. El objetivo es agilizar el enfoque de ASIC para facilitar los nuevos modelos de negocio mediante procesos de solicitud comunes, incluidos la solicitud o la modificación de una licencia y la concesión de exenciones de la ley.

Estas iniciativas representan un cambio significativo para los reguladores australianos por dos razones clave. En primer lugar, nuestras agencias reguladoras han tendido a mantener un enfoque regulatorio conservador y de bajo riesgo. En el ámbito internacional, esto nos sirvió de gran ayuda durante la crisis financiera mundial, cuando nuestras agencias reguladoras fueron reconocidas a nivel internacional por su enfoque prudente. Pero esto se había convertido cada vez más en un obstáculo para la innovación.

En segundo lugar, se trata de un enfoque altamente colaborativo, algo que generalmente no es un rasgo distintivo de las empresas australianas. La falta de colaboración ha sido una debilidad de nuestro sistema a la hora de generar interacción entre investigadores, innovadores, empresas y reguladores, y hemos estado entre los países de la OCDE menos colaborativos, para nuestro propio perjuicio. Reunir a estas partes a través del Digital Finance Advisory Committee y de centros fintech como Stone and Chalk, podría sentar las bases para una innovación más sostenible en los servicios financieros.

Abrir el camino a una mayor innovación financiera es especialmente importante en una economía con un sector financiero tan altamente concentrado.

En última instancia, la capacidad de las principales agencias para adaptar y ajustar los niveles de riesgo a fin de acomodar las tecnologías disruptivas influirá tanto en la competitividad nacional como internacional del sector financiero australiano, en beneficio de los consumidores y las empresas australianos.

Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Deborah Ralston es profesora de Finanzas y directora en la Universidad Monash.

Imagen: Un hombre camina por el distrito empresarial de Shiodome, en Tokio, el 12 de noviembre de 2014. REUTERS/Thomas Peter.

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