¿Cómo deberían tributar las personas con mayores ingresos?

¿Cómo deberían tributar las personas con mayores ingresos?
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Recientemente, la creciente proporción de ingresos laborales, rentas y riqueza que acumula el llamado «1 % más rico» ha atraído la atención pública y científica. En su libro de 2009, Aftershock, Robert B. Reich opina que: «La concentración de ingresos y riqueza en la cúspide sigue siendo el núcleo del predicamento económico de Estados Unidos». El libro Capital in the Twenty-First Century, de Thomas Piketty (2014), ha reavivado el debate científico sobre las fuentes y consecuencias de la elevada y creciente concentración de la riqueza en Estados Unidos y en todo el mundo.

Pero ¿cuál es la respuesta adecuada de las políticas públicas ante esta situación? ¿Debería el gobierno abordar esta desigualdad con sus instrumentos de política y, de ser así, cuáles son las consecuencias para la macroeconomía? La formidable literatura sobre tributación óptima ha ofrecido respuestas importantes a la primera pregunta.¹ A partir de un análisis estático de tributación óptima de los ingresos laborales, Peter Diamond y Emmanuel Saez (2011) defienden tipos impositivos marginales elevados para el 1 % de mayores ingresos, con el objetivo de maximizar la recaudación fiscal de este grupo. Piketty (2014) propone un impuesto sobre el patrimonio para reducir la desigualdad de riqueza en toda la economía.

Motivados por sus análisis y recomendaciones, en nuestra propia investigación sobre la tributación óptima en la parte superior de la distribución de ingresos (Kindermann y Krueger, 2014) abordamos las siguientes cuestiones sustanciales:

  1. ¿Cuáles son las consecuencias de los tipos impositivos marginales elevados para el 1 % de mayores ingresos en el desempeño macroeconómico?

  2. ¿Es realmente beneficioso para la sociedad en su conjunto extraer la máxima recaudación fiscal posible del 1 % de mayores ingresos y, de ser así, de qué magnitud serían las ganancias de bienestar?

  3. ¿Un tipo impositivo marginal más alto para las personas con mayores ingresos reduciría únicamente la desigualdad de ingresos, o también tendría un impacto significativo en la distribución de la riqueza, haciendo innecesario o, al menos, menos urgente un impuesto sobre el patrimonio?

Modelar los ingresos laborales elevados: una combinación de suerte y esfuerzo

Todo análisis que pretenda usar modelos para cuantificar de manera fiable las consecuencias de cambiar los impuestos sobre la renta en el 1 % de mayores ingresos, y la progresividad fiscal en general, requiere una teoría cuantitativa que produzca una concentración de ingresos y riqueza en la economía coherente con los datos. En nuestro trabajo tomamos prestada la estrategia de modelización de Castaneda et al. (2003), quienes atribuyen los altos ingresos realizados a una combinación de suerte y esfuerzo. La suerte se refiere a un talento innato, una idea brillante, habilidades deportivas o artísticas asombrosas, o algo similar, que conlleva el potencial de generar ingresos elevados (los economistas lo llaman «productividad laboral individual»).² Se necesita esfuerzo laboral, pues aún hay que trabajar duro para que esos ingresos potenciales se materialicen.

Atribuir las diferencias en los ingresos laborales a diferencias en la productividad individual no es en absoluto una novedad del trabajo de Castaneda et al. (2003). Lo que hace que su trabajo sea bastante singular y muy útil para nuestros fines es la forma en que se parametriza la estructura de la productividad individual a lo largo del ciclo de vida. Esta estructura puede resumirse, a grandes rasgos, en dos elementos clave:

  1. Al comenzar la vida laboral a una edad temprana, cada persona espera racionalmente que sea posible, aunque no muy probable, acabar como una de las personas con mayores ingresos y una productividad individual muy elevada en algún momento de su vida laboral.

  2. Tener una productividad individual elevada es un estado persistente, pero no permanente. Aunque se puedan generar ingresos muy altos durante varios años, existe un riesgo considerable de volver a una productividad individual «normal» más baja. Plenamente conscientes de este riesgo, las personas con alta productividad entienden que ahora es el momento de generar la mayor parte de sus ingresos a lo largo de la vida, y eligen en consecuencia su oferta de trabajo y sus ahorros.

Incorporamos esta estructura de la productividad laboral individual a un modelo del ciclo de vida y calculamos el tipo impositivo marginal que maximiza el bienestar para el 1 % de mayores ingresos. Encontramos que es muy elevado: del orden del 90 %. A continuación explicamos por qué, en dos pasos. Primero sostenemos que estos tipos elevados son útiles para generar una recaudación fiscal sustancial. Después analizamos por qué el tipo que maximiza el bienestar es menor, aunque no mucho menor.

Los tipos impositivos marginales elevados pueden aumentar la recaudación fiscal de las personas con mayores ingresos

Al buscar el tipo impositivo marginal para el 1 % de mayores ingresos que maximiza la recaudación fiscal de este grupo, encontramos que es muy sustancial.³ De hecho, tipos de entre el 80 % y el 95 % cumplen ese objetivo. La razón principal es que quienes se encuentran en el tramo de ingresos del 1 % más alto responden a los cambios en los tipos impositivos marginales con cambios moderados en su esfuerzo. Si se considera la estructura de la productividad individual a lo largo del ciclo de vida descrita anteriormente, queda claro por qué ocurre esto. Incluso con tipos impositivos marginales elevados, las personas situadas en la cúspide de la distribución de productividad laboral pueden generar todavía una cantidad sustancial de ingresos después de impuestos, y lo harán para ahorrar y así asegurarse frente a unos ingresos laborales futuros inciertos y, en términos de expectativa, mucho menores.

Los tipos impositivos marginales muy elevados no implican necesariamente tipos impositivos medios muy elevados

Pero, desde una perspectiva práctica, ¿qué significan los tipos impositivos marginales elevados para las personas con mayores ingresos? Tomemos el ejemplo de una reforma fiscal con un nuevo tipo marginal del 90 % para quienes más ganan. Esto no significa, desde luego, que una persona que gana 500.000 dólares tenga que pagar 450.000 dólares en impuestos. Los tipos impositivos marginales más altos solo se aplican a los ingresos que superan cierto umbral; en nuestro ejemplo del 90 % (y en el contexto de nuestro modelo), a cada dólar ganado por encima de los 300.000 dólares. A los ingresos por debajo de ese umbral se les aplican tipos impositivos marginales más bajos.

Además, aumentar los tipos impositivos marginales para quienes más ganan incrementa considerablemente la recaudación fiscal procedente de los ingresos laborales. Estos ingresos adicionales pueden utilizarse para reducir los tipos impositivos marginales en los tramos inferiores de la distribución de ingresos. En consecuencia, en el sistema fiscal con tipos impositivos marginales elevados para el 1 % de mayores ingresos, todas las personas cuyos ingresos sean inferiores a 200.000 dólares al año pagarían en realidad menos impuestos que con el sistema fiscal vigente. Y alguien que gana medio millón todavía se llevaría a casa más de 220.000 dólares, aunque, hay que admitirlo, su salario neto sería considerablemente menor que con el sistema vigente.

Consecuencias de la reforma fiscal para la macroeconomía

Subir los impuestos a quienes perciben los ingresos más altos no solo perjudica los ingresos de estas personas, sino también la macroeconomía. Reducir los incentivos para que las personas más productivas de la sociedad se esfuercen por generar ingresos disminuye en torno al 30 % las horas de trabajo aportadas por el 1 % de mayores ingresos. Esto hace que el insumo laboral agregado y la riqueza total se contraigan un 4 % y un 14 %, respectivamente, durante las tres décadas siguientes. Las consecuencias para los recursos agregados disponibles para el consumo son igualmente graves, y estos disminuyen un 7 %.

Un criterio adecuado de optimalidad

¿Significa esta contracción de la actividad agregada que aumentar los tipos impositivos marginales en la cúspide es algo negativo? Como la mayoría de los economistas, sostendríamos que es erróneo basar tal juicio únicamente en las consecuencias macroeconómicas de la reforma fiscal.⁴ De hecho, al igual que reducir la desigualdad o maximizar la recaudación fiscal, mejorar el desempeño macroeconómico no debería considerarse un objetivo en sí mismo. Veamos un ejemplo muy sencillo: el gobierno podría, sin duda, reducir a cero la desigualdad en la economía confiscando todos los ingresos y la riqueza y redistribuyéndolos por igual entre todos los hogares. En tal situación, es probable que la gente dejara de trabajar y ahorrar, pues no habría incentivos individuales para hacerlo. El resultado sería un colapso desastroso del consumo para todos. Pocas personas sostendrían que tal situación es socialmente deseable, a pesar de la igualdad perfecta.

En economía, la satisfacción vital suele medirse como el flujo de felicidad que generan el consumo y el ocio propios, a menudo denominado también «bienestar individual». Esto es bastante poco controvertido, al menos entre los economistas. Lo controvertido son las ponderaciones que el gobierno debería asignar al bienestar de distintas personas al decidir una política óptima. Hay jóvenes y mayores, personas que vivirán en el futuro, personas pobres y personas ricas. Todos estos grupos se ven afectados de manera distinta por un cambio de política. Pero ¿cómo deberían resumirse en una única medida de bienestar agregado o social los efectos diferenciados en todas estas personas? Nuestra opción es considerar un gobierno que compensa a todas las personas por un cambio en la política fiscal dándoles riqueza adicional (o confiscándoles riqueza), para que cada hogar esté igual de bien con el nuevo sistema fiscal de tipos impositivos marginales elevados en la cúspide que con el sistema fiscal vigente en Estados Unidos. Después de efectuar todas estas compensaciones de riqueza, ¿le quedaría todavía un superávit al gobierno? Y, de ser así, ¿de qué magnitud? Maximizar ese superávit es el objetivo último que persigue nuestro gobierno benevolente.⁵

El valor del seguro social

Al aplicar la noción de bienestar social expuesta anteriormente, encontramos, como era de esperar, que el tipo impositivo marginal óptimo para la cúspide es inferior al tipo que maximiza la recaudación (del 1 % de mayores ingresos). Curiosamente, no es mucho más bajo.

¿Por qué es más bajo? Porque el 1 % de mayores ingresos cuenta en la función de bienestar social, y los hogares que actualmente no forman parte de ese 1 % podrían llegar a hacerlo en el futuro. Además, las generaciones futuras también tienen la posibilidad de conseguirlo, y lo tienen en cuenta al calcular su bienestar individual.

¿Por qué no es mucho más bajo? Porque el 99 % restante de la población se beneficia en dos dimensiones:

  1. En promedio, debido a la reforma fiscal se enfrenta a tipos impositivos medios más bajos y su consumo aumenta a lo largo de todo su ciclo de vida.

  2. La desigualdad de consumo (medida como la varianza del consumo individual entre los hogares) también disminuye considerablemente, al menos con el tiempo.

La Figura 1 muestra el consumo promedio y la varianza del consumo del 99 % restante de la población a lo largo de su ciclo de vida, expresados como desviaciones respecto de sus valores iniciales con el sistema vigente. Muestra los beneficios que obtiene este grupo al aumentar los tipos impositivos marginales para el 1 % de mayores ingresos. Aunque el consumo promedio aumenta de manera unánime a lo largo del ciclo de vida, la desigualdad aumenta inicialmente y luego disminuye rápidamente a edades más avanzadas. Sin saber si alguna vez llegarán a formar parte del 1 % de mayores ingresos (no es imposible, pero sí muy improbable), los hogares, especialmente a edades más tempranas, estarían dispuestos a aceptar una vida algo mejor la mayor parte del tiempo y mucho peor en el raro caso de que ascendieran al 1 % más alto. Este tipo de seguro social a través del sistema fiscal impulsa nuestro resultado de optimalidad.

Figura 1. Cambios en el consumo promedio y la desigualdad de consumo del 99 % restante de la población al pasar del sistema fiscal vigente en Estados Unidos a un sistema con tipos impositivos marginales elevados para el 1 % de mayores ingresos

Matar dos pájaros de un tiro

Hemos visto que los tipos impositivos marginales elevados para las personas con mayores ingresos pueden aumentar el consumo promedio y reducir la desigualdad para una gran parte de la población (el 99 % restante), pese a que podrían provocar una recesión macroeconómica. Pero ¿qué ocurrirá con la distribución de la riqueza tras una reforma fiscal de este tipo? ¿Seguirá siendo tan desigual que quizá queramos implementar un impuesto adicional sobre el patrimonio, como el que, por ejemplo, propone Piketty (2014)? Nuestros resultados revelan que no es así. Al gravar a un tipo elevado la fuente de la alta concentración de riqueza, es decir, los ingresos extraordinariamente elevados, la desigualdad de riqueza disminuirá significativamente con el tiempo. Tres décadas después de implementar la reforma, la proporción de riqueza que acumula el quinto quintil de la población (es decir, el 20 % más rico) habrá descendido del 84 % actual, aproximadamente, al 67 %. El índice de Gini (que mide la desigualdad general en la tenencia de riqueza) disminuye unos notables 15 puntos. Por consiguiente, un impuesto adicional sobre el patrimonio destinado a reducir aún más la desigualdad de riqueza podría parecer superfluo.⁶ Además, frente a un impuesto sobre el patrimonio, un tipo impositivo marginal elevado sobre los ingresos laborales en la cúspide tiene la ventaja de que el trabajo (incluso en la parte superior de la distribución de ingresos) tiende a ser mucho menos móvil a escala internacional que la riqueza, lo que conduce a un menor grado de evasión fiscal.

Conclusiones y limitaciones

En general, encontramos que aumentar los tipos impositivos en la cúspide de la distribución de ingresos y reducir así la carga fiscal para el resto de la población es una medida adecuada para aumentar el bienestar social. Como efecto secundario, reduce tanto la desigualdad de ingresos como la de riqueza en la población de Estados Unidos.

Hay que admitir que nuestros resultados se aplican con ciertas salvedades. En primer lugar, gravar más al 1 % de mayores ingresos casi con toda seguridad no funcionará si estas personas pueden evadir impuestos a gran escala, recurrir a amplias lagunas fiscales o simplemente abandonar el país en respuesta a un aumento de los impuestos en la cúspide. En segundo lugar, y probablemente con igual importancia, nuestros resultados dependen de una determinada concepción de cómo el 1 % de mayores ingresos llegó a percibir ingresos tan elevados. En nuestro modelo, las «superestrellas» de los ingresos surgen de la suerte combinada con el esfuerzo laboral. Sin embargo, si los tipos elevados del impuesto sobre la renta en la cúspide hicieran que las personas no siguieran carreras profesionales de altos ingresos, nuestros resultados podrían cambiar.⁷ Por último, nuestro análisis se centra exclusivamente en la tributación de los grandes ingresos laborales, y no en los ingresos del capital, del 1 % de mayores ingresos.

A pesar de estas limitaciones, que podrían afectar a la cifra exacta del tipo impositivo marginal óptimo para el 1 % de mayores ingresos, numerosos análisis de sensibilidad de nuestra investigación apuntan a un resultado muy sólido: los tipos impositivos marginales vigentes actualmente en la cúspide en Estados Unidos son inferiores a lo óptimo, y es probable que una política dirigida a aumentarlos beneficie a la sociedad en su conjunto.

Referencias

Badel, A. y M. Huggett (2014), «Taxing Top Earners: A Human Capital Perspective», documento de trabajo 2014-017A del Banco de la Reserva Federal de St. Louis.

Castaneda, A., J. Diaz-Gimenez y J.-V. Rios-Rull (2003), «Accounting for the U.S. Earnings and Wealth Inequality», Journal of Political Economy 111(4): 818–857.

Diamond, P. (1998), «Optimal Income Taxation: An Example with a U-Shaped Pattern of Optimal Marginal Tax Rates», American Economic Review 88(1): 83–95.

Diamond, P. y E. Saez (2011), «The Case for a Progressive Tax: From Basic Research to Policy Recommendations», Journal of Economic Perspectives 25(4): 165–190.

Fehr, H. y F. Kindermann (2014), «Taxing capital along the transition – Not a bad idea after all?», Journal of Economic Dynamics and Control, de próxima publicación.

Kindermann, F. y D. Krueger (2014), «High Marginal Tax Rates on the Top 1%? Lessons from a Life Cycle Model with Idiosyncratic Income Risk», documento de trabajo 20601 del NBER.

Mirrlees, J. (1971), «An Exploration in the Theory of Optimal Taxation», Review of Economic Studies 38(2): 175–208.

Piketty, T. (2014), Capital in the Twenty-First Century, Cambridge, MA: Harvard University Press.

Piketty, T., E. Saez y S. Stantcheva (2014), «Optimal Taxation of Top Labor Incomes: A Tale of Three Elasticities», American Economic Journal: Economic Policy 6(1): 230–271.

Reich, R. B. (2011), Aftershock, Nueva York: Random House.

Saez, E. (2001), «Using Elasticities to Derive Optimal Income Tax Rates», Review of Economic Studies 68(1): 205–229.

Notas

¹ Mirrlees (1971), Diamond (1998) y Saez (2001) son contribuciones fundamentales a esta literatura.

² Aquí se usan como sinónimos los términos «renta» e «ingresos», y ambos se refieren a los ingresos generados por el trabajo (incluidas las bonificaciones, las opciones sobre acciones, etc.).

³ Esto concuerda con investigaciones relacionadas sobre el tema (véanse, por ejemplo, Diamond y Saez, 2011, o Piketty et al., 2014).

⁴ En los modelos sin heterogeneidad entre hogares y, por tanto, con agentes representativos que componen la economía, la relación entre el consumo agregado y el bienestar social es, por supuesto, mucho más estrecha que en modelos con una heterogeneidad sustancial entre hogares, como el que empleamos.

⁵ Esta medida del bienestar social resulta ser equivalente a maximizar una suma ponderada de los bienestares individuales a lo largo de la vida. Fehr y Kindermann (2014) muestran cómo los distintos esquemas de transferencia de riqueza se traducen en distintas ponderaciones en la función de bienestar social agregado.

⁶ Hay que admitir que la desigualdad de riqueza sigue siendo sustancial después de la reforma propuesta.

⁷ Badel y Huggett (2014) ofrecen algunas claves sobre cómo cambian los tipos impositivos máximos que maximizan la recaudación cuando la alta productividad se alcanza principalmente mediante la inversión en capital humano.

Publicado en colaboración con VoxEU

Autores: Fabian Kindermann es actualmente investigador posdoctoral en la Universidad de Bonn. Dirk Krueger es profesor de Economía y director del Departamento de Economía de la Universidad de Pensilvania.

Imagen: Un hombre pasa junto a unos edificios del distrito financiero central de Singapur el 14 de febrero de 2007. REUTERS/Nicky Loh (SINGAPUR) – RTR1MDL4

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