Qué diferencia pueden marcar 25 años. En 1989, Europa Central y Oriental emprendió una transformación histórica: del comunismo autoritario al capitalismo democrático. Ahora que los recuerdos del antiguo sistema comienzan a desvanecerse, parece oportuno volver la vista atrás para evaluar los logros de la región, repasar las lecciones aprendidas y examinar los desafíos que tiene por delante.
Sería un error suponer que el éxito de la transformación de la región era inevitable. Al final de la Guerra Fría, las economías de Europa Central y Oriental estaban lastradas por una propiedad estatal generalizada e inversiones concentradas en la industria pesada. Las políticas fiscales y monetarias se habían centrado en impulsar el crecimiento industrial, sin tener en cuenta el equilibrio macroeconómico, lo que dio lugar a un exceso crónico de demanda y a una escasez generalizada. Para empeorar las cosas, la mayoría de los países de la región —con Checoslovaquia como notable excepción— padecía una deuda externa insostenible y una inflación desbocada.
Mientras tanto, pocos economistas o responsables de políticas públicas tenían la experiencia necesaria para abordar las complejas tareas que tenían por delante. La transición necesaria era de tal magnitud que ni la macroeconomía moderna ni los casi 50 años de experiencia del Fondo Monetario Internacional ofrecían mucha orientación. Los desafíos por superar eran formidables, y muchos pensaban que sería imposible.
En cambio, cuatro ingredientes clave contribuyeron a que las transiciones tuvieran éxito. Primero, políticos y responsables de políticas públicas valientes asumieron el desafío de diseñar reformas cruciales y explicar sus consecuencias a una población que, comprensiblemente, desconfiaba. Entendieron el carácter histórico de la tarea y aceptaron el desafío.
Segundo, las estrategias de reforma se centraron plenamente en lo esencial: liberalizar los precios para que reflejaran la escasez y facilitar la asignación de recursos; estabilizar las finanzas para poner fin a la escasez y la inflación; y privatizar las empresas y los activos estatales para mejorar la gobernanza y el desempeño empresariales. En general, los países que aplicaron estas políticas avanzaron con mayor rapidez y de forma más completa.
Tercero, el atractivo de reincorporarse a Europa tras años de aislamiento, junto con el compromiso de la Unión Europea con la ampliación, proporcionó un imán y un modelo legislativo que ayudó a los responsables de políticas públicas a justificar y aplicar reformas difíciles. En ocasiones, leyes impopulares derribaron gobiernos, pero la prueba decisiva para cualquier política nueva seguía siendo: «¿Nos llevará de vuelta a Europa?»
Por último, el apoyo externo ayudó a los países más endeudados de la región a afrontar la doble tarea de aplicar reformas estructurales y lidiar con la inestabilidad financiera. El financiamiento del FMI, el Banco Mundial, el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo y prestamistas bilaterales, junto con el alivio de la deuda concedido por acreedores oficiales y bancos comerciales, contribuyó a aliviar la presión. La asistencia técnica, el fortalecimiento de capacidades y el apoyo a la privatización —en particular, la de los bancos— facilitaron aún más el proceso.
En conjunto, los avances han sido impresionantes. Varios países de Europa Central han alcanzado niveles de PIB per cápita —medidos en términos de paridad del poder adquisitivo— que los sitúan en los escalones inferiores de la escala de ingresos de la eurozona. El nivel de vida de la región ha mejorado drásticamente, aunque la convergencia plena con Europa Occidental está lejos de haberse alcanzado.
Sin embargo, no sorprende que el panorama esté lejos de ser alentador en todas partes. Algunos países, sobre todo de los Balcanes y de la Comunidad de Estados Independientes, están lejos de completar la transición y han atravesado repetidos ciclos de esperanza y crisis. Al igual que en otras partes del mundo, el crecimiento de la región se ha desacelerado bruscamente desde el estallido de la crisis financiera mundial en 2008. El ritmo de las reformas se ha ralentizado en muchos países y se ha revertido en unos pocos. Las consideraciones geopolíticas han complicado aún más las cosas, como demuestra el conflicto en Ucrania.
De cara al futuro, cabe imaginar dos escenarios generales. En el primero, la región corre el riesgo de caer en un ciclo de bajo crecimiento, retroceso de las políticas orientadas al mercado y creciente desencanto. Como resultado, la convergencia con Europa Occidental podría ralentizarse y muchos países quedar muy rezagados: un desenlace muy distinto del que se vislumbraba durante el auge de mediados de la década de 2000, cuando la convergencia en una generación parecía casi un derecho de nacimiento.
En el segundo escenario, más prometedor, continúa la rápida convergencia hacia los niveles de ingresos de las economías avanzadas, respaldada por la atención a dos prioridades, detalladas en un nuevo informe del FMI. Un compromiso renovado con la estabilidad macroeconómica y financiera permite a los gobiernos contener los déficits persistentes y el aumento de la deuda, así como abordar el creciente volumen de préstamos morosos de sus economías. Mientras tanto, reformas estructurales más profundas mejoran el clima empresarial y de inversión, fortalecen la gobernanza empresarial, amplían el acceso al crédito, flexibilizan los mercados laborales, controlan el gasto público y refuerzan la administración tributaria; todo ello encamina sus economías hacia un crecimiento rápido y sostenido.
Por su parte, el FMI ha sido un socio comprometido de Europa Central y Oriental y de su transformación durante los últimos 25 años. Está dispuesto a ayudar a los países de la región a hacer que el próximo cuarto de siglo sea igual de impresionante.
Publicado en colaboración con Project Syndicate
Autor: David Lipton es Primer Subdirector Gerente del Fondo Monetario Internacional.
Imagen: Ciudadanos de Berlín Occidental sobre el Muro de Berlín, frente a la Puerta de Brandeburgo, en esta fotografía de archivo del 10 de noviembre de 1989. REUTERS



