Cómo China está reequilibrando su economía

Cómo China está reequilibrando su economía
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En política económica, como en la mayoría de los demás ámbitos, los hechos hablan más que las palabras. Al recortar sus tipos de interés de referencia el 21 de noviembre, el Banco Popular de China (PBOC) ha subrayado el enfoque táctico de la política de estabilización del Gobierno, cuyo objetivo es establecer un suelo de alrededor del 7 % para el crecimiento del PIB.

Lograr este objetivo no será tarea fácil. La economía china está atrapada en el fuego cruzado de vientos en contra estructurales y cíclicos. Las presiones estructurales han surgido del cambio hacia un nuevo modelo de crecimiento impulsado por los servicios y el consumo, y las presiones cíclicas se derivan de un difícil entorno mundial que ha ejercido presión a la baja sobre el antiguo modelo de crecimiento impulsado por las exportaciones y la inversión.

Los desafíos cíclicos, en particular, están resultando más difíciles de lo previsto. Aunque las exportaciones han caído considerablemente desde su máximo previo a la crisis, del 35 % del PIB, siguen representando alrededor del 24 %, lo que deja a China expuesta al ciclo de crecimiento mundial, especialmente a los mercados del mundo desarrollado, donde la demanda es excepcionalmente débil.

De hecho, el 42 % de las exportaciones chinas se dirige a Europa, Estados Unidos y Japón, tres economías que coquetean con el estancamiento secular. Y Europa, el mayor mercado de exportación de China, es la que más dificultades ha tenido.

Dado que las estrategias de desarrollo suelen empezar a fracasar cuando las economías alcanzan el nivel de ingresos medios —umbral al que China se acerca rápidamente—, China no puede permitirse que la acumulación de riesgos cíclicos socave su transformación estructural. La historia moderna muestra que la forma más fácil de que un país en desarrollo caiga en la temida «trampa de los ingresos medios» es aferrarse demasiado tiempo a su antiguo modelo.

Lo cierto es que solo la transformación estructural puede llevar a un país en desarrollo de ingresos medios a convertirse en un país desarrollado de ingresos altos. Por fortuna, los dirigentes chinos lo reconocen y están comprometidos con lograrlo.

El presidente Xi Jinping ha encabezado el esfuerzo por avanzar con la reforma y el reequilibrio. Hace un año, en la Tercera Sesión Plenaria del XVIII Comité Central del Partido Comunista de China (PCCh), Xi y su equipo crearon la agenda de reformas económicas más ambiciosa del país en 35 años. Esto, junto con el XII Plan Quinquenal aprobado en 2011, pone de relieve el compromiso de las autoridades con el fortalecimiento del sector servicios y el consumo interno.

Al mismo tiempo, China ha estado trasladando la responsabilidad de aplicar las reformas de su anticuado aparato de planificación (la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma) a un mecanismo más eficaz y basado en el mercado, integrado en la estructura del PCCh (el Grupo Dirigente para la Profundización Integral de las Reformas). Súmese a ello la inédita campaña anticorrupción de Xi, y no hay vuelta atrás en el camino de China hacia el reequilibrio y el cambio estructural.

Pero persiste el riesgo de perturbaciones cíclicas, como una caída inesperada del crecimiento económico mundial. Esto plantea a China un importante desafío táctico. ¿Cómo puede mantener el rumbo de las reformas sin que un marcado frenazo del crecimiento a corto plazo la descarrile?

No es la primera vez que China se enfrenta a este desafío —ni será la última—. La Gran Recesión de 2008-2009 también empujó a China al borde de una recesión propiamente dicha. Ante el colapso del comercio mundial y la caída de la demanda de exportaciones chinas, que pasó de crecer un 26 % anual a mediados de 2008 a contraerse un 27 % a principios de 2009, el Gobierno actuó con contundencia e inyectó CN¥4 billones (586.000 millones de dólares) en la economía. Aunque esto permitió que el crecimiento se recuperara para finales de 2009, también contribuyó a nuevos problemas, como un endeudamiento excesivo, un excedente en el mercado inmobiliario y un riesgo financiero creciente para los gobiernos locales.

Lo último que necesita China es más estímulo fiscal. La perturbación cíclica actual palidece en comparación con la de 2008-2009 y, a diferencia de las economías desarrolladas fiscalmente irresponsables, China reconoce que el endeudamiento público excesivo constituye una amenaza real para el crecimiento y el desarrollo sostenibles.

Además, a diferencia de las principales economías desarrolladas, la mayoría de las cuales han agotado toda su munición convencional de política monetaria al reducir sus tipos de interés de referencia a cero, China dispone de abundante margen para aplicar estímulos monetarios ante perturbaciones cíclicas. En estas circunstancias, tiene sentido que China recurra más a la política monetaria que a la expansión fiscal.

No obstante, la decisión táctica del PBOC no está exenta de posibles escollos, sobre todo porque los recortes de tipos de interés fomentan la concesión de más crédito cuando China intenta abandonar el crecimiento intensivo en deuda. Un desafío clave será evitar que aumente el riesgo crediticio, lo que podría socavar el proceso de reforma y reequilibrio.

Desde el principio, los dirigentes chinos sabían que la interacción entre la transformación estructural y el ciclo económico sería compleja. Como señaló el ex primer ministro Wen Jiabao hace casi ocho años, la economía china se había vuelto cada vez más «inestable, desequilibrada, descoordinada e insostenible». Cuanto más demoraba China la solución de sus problemas, más difícil se volvía encontrarla.

Xi y sus colegas están decididos a resolver este problema manteniendo el rumbo hacia el reequilibrio de la economía china, sin perder de vista los riesgos cíclicos. Al fin y al cabo, la vulnerabilidad de China a esos riesgos tiene su origen en su antiguo modelo de crecimiento, que se dejó vigente durante demasiado tiempo.

Con la reciente flexibilización monetaria, las autoridades chinas parecen estar trazando una línea en la arena para impedir una caída excesiva del crecimiento. Esto sugiere que ahora consideran que una perturbación cíclica constituye una amenaza real para la agenda de reformas estructurales a más largo plazo del país. Mientras persistan esos temores, cabe esperar una flexibilización monetaria adicional.

Publicado en colaboración con Project Syndicate

Autor: Stephen S. Roach, expresidente de Morgan Stanley Asia y economista jefe de la firma.

Imagen: En esta imagen ilustrativa tomada en Pekín se ven billetes chinos de 100 yuanes. REUTERS/Jason Lee

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