¿Cómo podemos financiar el desarrollo sostenible?

¿Cómo podemos financiar el desarrollo sostenible?
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Las finanzas para el desarrollo sostenible implican cifras enormes. Si se toman como referencia los niveles actuales de inversión en proyectos de desarrollo sostenible, los países en desarrollo afrontarán una brecha anual de 2,5 billones de dólares que cubrir. Según la mayoría de las estimaciones, se necesitan 6 billones de dólares al año en inversión en infraestructuras, gran parte de la cual debe ser “ecologizada”. En términos más amplios, es necesario alinear todas las inversiones mundiales ‒ que se calculan entre 20 y 25 billones de dólares ‒ con los objetivos del desarrollo sostenible.

Lo que agrava la situación es que muchos desafíos del desarrollo sostenible son urgentes para las personas, las comunidades y el mundo en su conjunto. No podemos esperar a que los precios del carbono sean los «adecuados», a que los costes tecnológicos bajen o a que los ciudadanos cambien voluntariamente sus hábitos. Debemos empezar a introducir cambios ahora, o las fuerzas de la naturaleza socavarán cualquiera de nuestros esfuerzos futuros.

Cerrar una brecha de varios billones de dólares

Tradicionalmente, la forma de financiar los bienes públicos es recurrir a la financiación pública, por ejemplo mediante subvenciones a las energías renovables. Pero como hablamos de billones, y no de miles de millones, simplemente no hay financiación pública suficiente para cumplir esa tarea. Incluso en China, donde la situación de las finanzas públicas es comparativamente buena, al menos a nivel nacional, el Banco Popular de China calcula que la financiación pública solo puede cubrir alrededor del 15 % de las necesidades de financiación verde.

Por tanto, se necesita financiación privada, y en gran cantidad. Los mercados financieros y de capitales globales gestionan más de 300 billones de dólares en activos financieros, principalmente a través de préstamos bancarios y del valor de las acciones en las bolsas de valores y de los bonos. Hoy en día, solo una pequeña parte de estos fondos se destina a financiar el desarrollo sostenible, y una parte considerable se utiliza para financiar actividades económicas ambiental y socialmente insostenibles, desde el carbón sucio y los edificios ineficientes hasta la agricultura intensiva en agua y en carbono. De hecho, gran parte de la financiación privada se destina a operaciones de trading a corto plazo y rentables, que apenas llegan a la economía real, pero que desvían fondos muy necesarios de usos más productivos.

Al mismo tiempo, los propietarios de los activos financieros del mundo —los ciudadanos— también están en crisis. Con tipos de interés bajos, es poco probable que estas personas obtengan el poder adquisitivo y la seguridad que alguna vez esperaron de sus ahorros. El sistema financiero no cumple su función tradicional de conectar de forma eficaz a los propietarios y a los usuarios de la riqueza financiera, lo que amenaza con empobrecer a generaciones de ahorradores y dañar la base sobre la que se crea la riqueza económica: una economía real sana, inclusiva y sostenible.

El sistema financiero que necesitamos

Así pues, cuando el subgobernador del Banco Popular de China, Yi Gang, subió al escenario de las Reuniones Anuales del FMI y el Banco Mundial celebradas en Lima a principios de este año, abrió un nuevo capítulo en el debate político sobre el futuro de los mercados financieros y de capitales. Al anunciar una nueva línea de trabajo sobre finanzas verdes durante la presidencia china del G20, no se limitó a reconocer la importancia de la sostenibilidad o del clima: estaba señalando la necesidad de desarrollar un sistema financiero mundial adecuado para el siglo XXI.

Las palabras de Yi Gang lo sitúan del lado correcto de la historia. Se está produciendo una revolución silenciosa, a medida que un número creciente de banqueros centrales, reguladores financieros y responsables de la definición de normas para los mercados financieros adoptan medidas prácticas para integrar las consideraciones de desarrollo sostenible en la reforma y el desarrollo de los mercados financieros. Estas son las conclusiones principales de una investigación de dos años de las Naciones Unidas, expuesta en un informe, The Financial System We Need.

Los países en desarrollo han liderado esta evolución. La autoridad indonesia de servicios financieros ha establecido una «hoja de ruta de financiación sostenible» de 10 años que abarca las capacidades, la información y las medidas fiscales y regulatorias. El banco central de Brasil ha impuesto normas sobre riesgos medioambientales a la comunidad bancaria del país, y el banco central de Kenia ha promovido la introducción de servicios de pago móviles como medio para aumentar la inclusión financiera. Sudáfrica ha modificado su normativa sobre pensiones para garantizar que los fiduciarios tengan en cuenta las consideraciones sociales y medioambientales. El Banco Popular de China ha formulado una serie de recomendaciones regulatorias, jurídicas, fiscales e institucionales para ecologizar el sistema financiero chino, que se aplicarán como parte del 13.º Plan Quinquenal.

Algunos países desarrollados también se han sumado a este grupo de liderazgo. El Banco de Inglaterra es un ejemplo claro, al igual que Francia, con sus recientes medidas políticas que obligan a las entidades financieras a informar sobre su huella de carbono y sus riesgos climáticos. Casi 30 bolsas de valores se han adherido a la Sustainable Stock Exchange Initiative, comprometiéndose a avanzar en la presentación de informes de desarrollo sostenible en los requisitos de cotización. Las calificaciones de S&P han incorporado los riesgos climáticos en las calificaciones crediticias soberanas, y han surgido directrices para garantizar que la emisión de bonos verdes siga creciendo de forma sólida.

El sistema financiero, como los sistemas de salud o de energía, tiene una finalidad general: garantizar que los flujos financieros apoyen una prosperidad inclusiva y sostenible. Si bien los bancos o las compañías de seguros ejemplares demuestran su liderazgo mediante la responsabilidad social y ambiental, la tarea real recae en los responsables de políticas, los reguladores y quienes establecen las normas, que deberían dar forma a las reglas del sistema financiero para garantizar que cumple sus objetivos más amplios.

La necesidad de financiar el desarrollo sostenible es indiscutible, ya sea que se entienda desde la perspectiva de las prioridades de desarrollo nacionales o desde la necesidad de una acción internacional para afrontar desafíos globales como el cambio climático. Afortunadamente, las condiciones son propicias para empezar a alinear mejor el sistema financiero con estas necesidades.

Autor: Simon Zadek es codirector de la UNEP Inquiry into Design Options for a Sustainable Financial System. Puede seguirlo en Twitter a través de @SimonZadek

El informe global de la UNEP Inquiry, junto con numerosos documentos de trabajo subyacentes, puede descargarse en www.unepinquiry.org. Una versión anterior de este comentario se publicó en www.chinadialogue.org

Imagen: Smog cubre la capital chilena, Santiago, el 22 de junio de 2015. REUTERS/Ueslei Marcelino

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