Hace siete años, nos despertamos con la noticia del colapso de Lehman Brothers y del momento decisivo de la mayor crisis financiera de este siglo. Entre todas las culpas, los rescates y el estallido de burbujas de 2008, hubo una medida universal en la que parecía haber consenso: la necesidad de transparencia para gestionar mejor los riesgos ocultos del sistema financiero.
Como el presidente George W Bush dijo en aquel momento: “Un principio vital de la reforma es que las naciones deben hacer que sus mercados financieros sean más transparentes.” Inversores como el Consejo de los Principios para la Inversión Responsable, respaldados por la ONU (cuyos signatarios gestionan ahora casi 60 billones de dólares en activos) pidieron “la divulgación pública de las actividades de inversión responsable … para construir mercados financieros más sostenibles”. El propio Global Redesign Initiative señaló “la información métrica que ayuda a anticipar los riesgos, dar forma a las prioridades y comparar el desempeño” como un pilar clave para un sistema financiero mejor.
¿Hemos dejado entrar la luz?
Siete años después, ¿han actuado los mercados financieros en respuesta a la necesidad de más transparencia? Hemos visto algunos avances, como la Ley Dodd-Frank en Estados Unidos y la Directiva sobre Divulgación de Información No Financiera en Europa, pero amplias partes de los mercados bancario y de inversión siguen siendo inquietantemente opacas.
En particular, se necesitan más medidas para garantizar que las empresas que cotizan en bolsa sean transparentes sobre cómo gestionan los riesgos ambientales, sociales y de gobernanza (ESG), como las emisiones de gases de efecto invernadero, las amenazas al agua y las prácticas de trabajo infantil en la cadena de suministro.
Según el Global Risks Report 2014, siete de los 10 riesgos globales más preocupantes están relacionados con los factores ESG, incluidas las crisis hídricas, el cambio climático y el subempleo crónico.
La pieza que falta en el rompecabezas
Ceres trabaja con cientos de inversores de todo el mundo, y es evidente que su capacidad para invertir teniendo en cuenta la sostenibilidad a largo plazo se ve mermada por esta falta de transparencia. ¿Cómo puede un inversor —como su plan de pensiones o su fondo de inversión, quizá— reducir su exposición al riesgo de carbono cuando la mayoría de las grandes empresas de la mayoría de los sectores no informan sobre sus emisiones de carbono?
Al examinar empresas de sectores clave, los inversores quieren comparar “manzanas con manzanas”. Los inversores globales saben que los indicadores financieros, como las cuentas de pérdidas y ganancias, se calculan de forma similar en todo el mundo. Hay un hilo conductor en los datos, desde Sídney y Shanghái hasta San Francisco. Sin embargo, esto rara vez ocurre con los indicadores de sostenibilidad, como la contaminación por carbono, el uso del agua y el desempeño en seguridad laboral. Y eso supone mayores riesgos ocultos para los inversores, lo que les impide tomar decisiones de inversión más inteligentes.
En busca de lo material y significativo
Las bolsas de valores están en una posición única para aportar este hilo conductor en la transparencia de la sostenibilidad. Son sus requisitos de cotización y su influencia en el mercado sobre las empresas miembros lo que puede garantizar que las compañías presenten datos ESG que sean materiales, significativos y comparables con los de sus pares.
Hemos visto un liderazgo real por parte de algunas empresas individuales en la mejora de la divulgación de riesgos y oportunidades ESG en los últimos años. También hemos visto grandes avances por parte de algunas bolsas, como las de Hong Kong, Australia y Malasia, que han propuesto normas o directrices progresistas de cotización en materia de sostenibilidad. En Estados Unidos, Nasdaq ha contribuido a poner en marcha un grupo de trabajo sobre sostenibilidad para la Federación Mundial de Bolsas de Valores y fue la primera bolsa norteamericana en sumarse a la iniciativa Sustainable Stock Exchanges de la ONU.
Pero necesitamos un enfoque más integral para garantizar la coherencia de los datos globales de sostenibilidad.
Por eso Ceres reunió a más de 100 inversores, que gestionan más de 9 billones de dólares en activos, para enviar una carta conjunta el año pasado al centro de reguladores globales, la IOSCO (la Organización Internacional de Comisiones de Valores), pidiéndole que demuestre liderazgo para impulsar este esfuerzo.
También reunimos a más de 100 inversores institucionales para redactar la Propuesta de Normas de Cotización para Inversores, que incluye recomendaciones específicas para integrar los requisitos de divulgación de sostenibilidad en las normas de cotización de las bolsas. Este esfuerzo fue determinante en los preparativos del lanzamiento, la semana pasada, de la guía de la ONU Model Guidance on Reporting ESG Information to Investors – que, según espero, impulsará medidas de divulgación más sólidas por parte de las bolsas de todo el mundo.
Lo voluntario no basta
Los inversores han dejado claro que, para obtener las normas y la estructura coherentes que necesitan en los mercados globales, necesitamos que los reguladores impongan la presentación obligatoria de informes de sostenibilidad en todas las jurisdicciones.
Y no son solo los inversores quienes respaldan un enfoque obligatorio, sino también las propias bolsas de valores. Una encuesta a las principales bolsas de valores en 2012 reveló que más de un tercio estaba de acuerdo en que las medidas de divulgación ESG deberían ser obligatorias.
No es casualidad que, desde Australia hasta Ámsterdam, las 10 principales bolsas de valores del mundo en la publicación de información sobre sostenibilidad se encuentren todas en jurisdicciones con políticas de divulgación obligatoria. La mayoría de las bolsas están en Europa. Ninguna se encuentra en Estados Unidos, lo cual resulta irónico, dado nuestro papel en el desencadenamiento del colapso financiero mundial hace siete años.
El aceite del motor
Sin duda, la transparencia es el aceite del motor cuando se trata de hacer que nuestros mercados de capitales globales funcionen de forma más sostenible.
Con la cantidad adecuada de transparencia, el motor puede funcionar sin problemas y con eficiencia, al tiempo que mejora las condiciones del planeta y de la humanidad. Sin ella, el motor acabará por averiarse, con un impacto potencialmente catastrófico.
Siete años después de la peor crisis financiera de la historia reciente, ha llegado el momento de cerrar la brecha de divulgación corporativa en cuestiones ESG clave. De lo contrario, las amenazas medioambientales globales, como un planeta en calentamiento, podrían desencadenar repercusiones económicas y financieras mucho peores que las que vivimos en 2008.
Necesitamos que todas las bolsas de valores actúen ya para garantizar una divulgación ESG sólida. Porque si no es ahora, ¿cuándo?
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Autora: Mindy Lubber es presidenta de Ceres, una organización sin ánimo de lucro que lidera una coalición de inversores, organizaciones medioambientales y otros grupos de interés público para abordar desafíos de sostenibilidad como el cambio climático global y la escasez de agua.
Imagen: Un hombre toma fotografías con su teléfono inteligente frente a una pantalla con cotizaciones bursátiles en una correduría de Taipéi, Taiwán, el 25 de agosto de 2015. REUTERS/Pichi Chuang


