He trabajado durante 20 años en países como Camboya o Laos, que experimentaron la misma rápida apertura al mundo que Myanmar enfrenta hoy. Cada vez se percibe un verdadero sentido de esperanza y optimismo. Sin embargo, todos saben que una apertura tan rápida no está exenta de desafíos.
Para mí, el verdadero desafío es garantizar que el país y su población obtengan el máximo beneficio de las nuevas oportunidades, mitigando al mismo tiempo los numerosos riesgos que van de la mano de esas mismas oportunidades. Entre ellos pueden figurar los siguientes:
Riesgos económicos – El país y su población son vistos por las empresas (tanto locales como internacionales) como una forma de obtener beneficios rápidos.
Riesgos ambientales – El impacto de la industria y del turismo no controlado sobre los recursos naturales.
Riesgos sociales – Riesgo para las comunidades en sus tradiciones, riesgo para las personas y, ciertamente, para los niños, riesgo de terminar con una sociedad de dos velocidades (pocos ricos, muchos pobres) y riesgo de malestar social.
Lamentablemente, es probable que estos riesgos no puedan evitarse por completo, pero sí se puede reducir su impacto negativo.
Todos corremos el riesgo de caer en el sueño del enriquecimiento rápido a corto plazo, a menudo a expensas de la población y de los recursos del país. Gobiernos, empresas, ciudadanos y actores de la sociedad civil, todos nos sentimos tentados. Para evitarlo, necesitamos una visión sólida a largo plazo y una voluntad nacional de aplicarla por encima de los intereses personales y corporativos.
Esto solo es posible si todos actuamos juntos en torno a una visión clara creada por el pueblo del país en su conjunto. En una situación ideal de este tipo, el gobierno dirigiría la creación de una visión compartida a largo plazo y crearía e implementaría marcos para su correcta ejecución. Las empresas serían conscientes de sus responsabilidades de implementar el valor compartido y se responsabilizarían de sus acciones. Los donantes, incluidas las agencias gubernamentales de ayuda, respaldarían la visión con su dinero e influencia. La sociedad civil colaboraría en la construcción del marco, apoyaría su implementación y garantizaría el seguimiento de la situación en distintos ámbitos. Las comunidades y las personas podrían actuar en función de la visión a largo plazo.
Myanmar tiene ante sí una gran oportunidad, con algunos enormes desafíos. Todos los actores deben trabajar juntos para garantizar que el país y su población regresen a la comunidad internacional en una posición que les permita contribuir y beneficiarse. Si no logramos desarrollar y respaldar una gran visión común, es probable que el desarrollo sea lento y arduo, y que una gran esperanza se vea frustrada, con la gran pérdida que ello supondría para la ASEAN y para el mundo.
Autor: Sébastien Marot es director ejecutivo de Friends-International, Camboya
Imagen: Trabajadores de la construcción levantan una carretera en Nay Pyi Taw REUTERS/Sukree Sukplang



