Los aeropuertos regulatorios pueden ayudar a conectar las fintech con más oportunidades comerciales en el mundo real que los entornos de pruebas.
Además de facilitar oportunidades financieras y estratégicas para las startups fintech, también permiten regularlas.
Muchos centros fintech globales de éxito, como Nueva York, Singapur y los Emiratos Árabes Unidos, siguen el modelo de aeropuerto regulatorio.
Con la aparición de empresas fintech que evolucionan rápidamente, los reguladores han buscado formas de seguir el ritmo de sus actividades y tecnologías, no solo con el propósito de garantizar condiciones equitativas, sino también de mantener bajo control los posibles riesgos. Entre los muchos enfoques posibles, el concepto de los entornos regulatorios de pruebas ha ganado cierta prominencia durante la última década.
Según un estudio del Banco de Pagos Internacionales, más de 50 países han establecido entornos de pruebas centrados en las finanzas, concebidos para atraer a empresas fintech emergentes o permitir proyectos piloto con participantes de mayor tamaño. La principal ventaja de los entornos de pruebas es que permiten a las empresas desarrollar sus productos y a los reguladores aprender, sin el engorroso proceso de solicitar la aprobación regulatoria formal ni poner en peligro a los clientes y los mercados con productos no probados; al menos, eso dice la teoría.
En los servicios financieros, un entorno de pruebas puede definirse como un observatorio regulatorio que acelera los procesos de concesión de licencias y, al mismo tiempo, brinda a las empresas la oportunidad de probar nuevos productos financieros o tecnologías novedosas. Los entornos de pruebas suelen tener también el objetivo secundario de promover la inversión y la competitividad económica en las jurisdicciones o los organismos que los patrocinan. Tal vez el problema de este concepto general sea que combina demasiados objetivos en un entorno donde los resultados comerciales son inciertos. Y con demasiada frecuencia, la arena del entorno de pruebas sirve para enterrar buenas ideas o, de forma insidiosa, crear desventajas competitivas y obsolescencia tecnológica, dada la velocidad de la competencia. Como resultado, los entornos de pruebas han perdido popularidad en algunas jurisdicciones.
Entonces, ¿qué puede sustituir o mejorar los entornos regulatorios de pruebas para que sean más significativos para quienes los patrocinan y aporten más valor a las empresas? Los aeropuertos regulatorios son un modelo mejor y una comparación más adecuada que los entornos de pruebas; estos últimos pertenecen metafóricamente a un patio de recreo, en lugar de estar en el nexo de mercados dinámicos, inversiones y nuevas tecnologías.
Este concepto de aeropuerto se observa en los modelos que promueven algunos de los centros fintech globales de mayor éxito, como Nueva York, Singapur, París, los Emiratos Árabes Unidos y Bermudas, entre otros. Lo destacable de estos lugares es que todos tienen características de ciudades-Estado o de centros neurálgicos de tecnología financiera, donde las innovaciones de los mercados financieros del mundo real se encuentran con regulaciones favorables a la innovación. Como un aeropuerto de verdad, su atractivo para un público global de inversores y operadores reside en ofrecer la oportunidad de visitarlos y, con el tiempo, quedarse.
Aunque muchas ofertas fintech son, por naturaleza, globales, en última instancia necesitan lugares atractivos donde aterrizar y conectarse con los mercados financieros tradicionales. Mientras que los entornos de pruebas son demasiado restrictivos y a menudo están desconectados de los mercados reales, los aeropuertos pueden resultar más acogedores, por ejemplo, al facilitar alianzas bancarias para las empresas fintech y establecer las condiciones para una estancia regulatoria prolongada (o, en el lenguaje de las licencias regulatorias, el pasaporte). Un aeropuerto regulatorio puede vincularse estratégicamente con iniciativas de promoción de inversiones o con ecosistemas financieros, tecnológicos y de talento locales que quizá ya existan en una jurisdicción.
Al desarrollar aeropuertos regulatorios, quienes los patrocinan (ya sean países, alianzas regionales u organismos reguladores concretos) pueden considerar políticas estratégicas para hacer más atractivas sus jurisdicciones. Por ejemplo, un desafío persistente para las actividades o tecnologías novedosas en los servicios financieros es la frontera entre dónde termina lo «fin» y empieza lo «tecno»; a las empresas en etapas iniciales a menudo les resulta difícil acceder a servicios bancarios. Un aeropuerto puede garantizar específicamente ese acceso, lo cual no solo ayuda a establecer alianzas tempranas, sino que es fundamental para reforzar la protección de consumidores y mercados, al canalizar dinero potencialmente volátil hacia el sistema bancario regulado.
La mayoría de los países también rechaza la idea de ser simplemente un refugio regulatorio donde las empresas establezcan apartados postales, en lugar de un centro sustantivo de dirección y gestión. Como ha demostrado la carrera hacia el mínimo común denominador en el arbitraje regulatorio en mercados de criptomonedas a menudo carentes de forma (donde los productos suelen ofrecerse de manera descentralizada, sin una gestión responsable), regular las actividades, como ha hecho la UE con la amplia normativa sobre mercados de criptoactivos (MiCA), ofrece un modelo mejor que relegar los nuevos mercados a las sombras financieras.
La clave es que las jurisdicciones pueden determinar los tipos de empresas y modelos de negocio en torno a los cuales quieren construir una ventaja competitiva, mientras que las empresas de todos los tamaños tienen la oportunidad de elegir de qué ecosistemas, regiones o mercados quieren formar parte. El modelo de aeropuerto permite que las visitas se realicen con límites, plazos y controles regulatorios o de supervisión claros.
Por ejemplo, Bermudas, un centro mundial de seguros, ha atraído una nueva categoría de startups de seguros, como Ensuro, que aprovecha la cadena de bloques para crear categorías de seguros autoliquidables para casos de uso que hasta ahora no podían asegurarse. En lugar de relegar a una empresa viable, pero en una etapa inicial, a un entorno de pruebas, la profundidad regulatoria de Bermudas y su prestigio internacional en los mercados de seguros se convierten en un importante argumento de venta para las contrapartes, los clientes y los inversores interesados en utilizar la plataforma de Ensuro. En este caso, la jurisdicción evita el riesgo de que Ensuro se marche a otro lugar (o el riesgo insidioso de obsolescencia tecnológica o competitiva en un entorno de pruebas lento), retiene a la nueva empresa, que aprovecha su condición de entidad regulada como parte de su ventaja competitiva, y así logra mejores resultados que con una prueba inconclusa en un entorno de pruebas.
En mercados más complejos o en categorías de productos como valores o materias primas, o cuando los productos financieros minoristas imponen una carga elevada de protección al consumidor, los reguladores suelen recurrir a medidas de ejecución para resolver problemas que podrían abordarse adecuadamente con una mejor divulgación. Los aeropuertos regulatorios pueden imponer condiciones de entrada más claras al facilitar el pasaporte de nuevos productos o establecer regímenes de divulgación claros. Por ejemplo, en los mercados de criptoactivos dinámicos y propensos al riesgo, en lugar de prohibir directamente estas actividades, algunos reguladores exigen que los mercados de intercambio obtengan una autorización previa y divulguen los riesgos de forma armonizada para todos los activos digitales. De este modo, las actividades pueden seguir evolucionando y mejorando, mientras los consumidores informados, los participantes del mercado y los reguladores pueden seguir asumiendo riesgos con conocimiento de causa. Este modelo lo siguen en los Emiratos Árabes Unidos reguladores destacados como ADGM.
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Mientras los entornos de pruebas ponen trabas a la actividad económica mundial, los aeropuertos reciben nuevas llegadas y crean conectividad global. Al igual que ocurre con los viajes aéreos reales, a los reguladores de los mercados financieros les convendría crear normas armonizadas a escala mundial que respalden la equivalencia y la posibilidad de obtener pasaportes para la innovación responsable en los servicios financieros. Al fin y al cabo, una aversión excesiva al riesgo bajo el pretexto de proteger a los consumidores también puede impedir que los mercados creen empleo, sean competitivos y estén preparados para el futuro.



