Seis años después del inicio de la crisis financiera mundial, las bajas tasas de interés y otras políticas de los bancos centrales en Estados Unidos siguen siendo fundamentales para fomentar la toma de riesgos económicos: mayor consumo de los hogares y mayor disposición de las empresas a invertir y contratar.
Sin embargo, esta prolongada laxitud monetaria también puede haber alentado una toma excesiva de riesgos financieros. Nuestro análisis en el más reciente Global Financial Stability Report sugiere que, si bien los beneficios económicos son cada vez más evidentes, los funcionarios estadounidenses deben seguir atentos a la toma excesiva de riesgos financieros, en particular en los mercados de deuda corporativa de menor calificación.
Una toma de riesgos financieros al alza merece seguimiento
Las tasas de interés mundiales persistentemente bajas han llevado a los inversores a buscar mayores rendimientos en una amplia gama de mercados, como las acciones y los bonos de grado de inversión y de alto rendimiento. Esto ha provocado un aumento de los precios de los activos y ha permitido a los emisores vender activos con un menor grado de protección para los inversores (a continuación le ofrecemos un ejemplo). La combinación de activos más caros y un deterioro de la calidad de las emisiones podría suponer riesgos para la estabilidad.
Para seguir la evolución de la toma de riesgos financieros desde la crisis, en particular en el mercado de deuda corporativa de menor calificación, desarrollamos un mapa de calor que analiza las señales de toma de riesgos financieros desde tres ángulos: valoración, tendencias de emisión y riesgos de reembolso.
El mapa de calor muestra que la toma de riesgos financieros en los mercados de deuda corporativa aumenta y que los mercados han comenzado a sobrevalorar muchos activos. Los diferenciales en los mercados de alto rendimiento y de préstamos apalancados no están lejos de los niveles observados antes de la crisis financiera. La calidad de los nuevos préstamos emitidos también está disminuyendo, especialmente en el mercado de préstamos apalancados, donde aumenta el apalancamiento en las nuevas operaciones. Ha aumentado el número de operaciones «covenant-lite», que otorgan a los prestamistas menos control sobre los emisores. Por ejemplo, muchas nuevas operaciones permiten a los prestatarios emitir más deuda en el futuro sin obtener el permiso previo de los prestamistas.
Mientras tanto, el riesgo de que muchos inversores vendan sus tenencias de una sola vez es ahora aún mayor que antes de la crisis. Los fondos mutuos, los fondos cotizados (ETF) y los hogares poseían alrededor del 30 por ciento de los bonos corporativos a finales de junio de 2014. La preocupación es que estos inversores «minoristas» puedan empezar a vender repentinamente si el valor de sus activos se deteriora de forma inesperada.
Por ejemplo, en mayo y junio de 2013, los mercados de bonos corporativos de alto rendimiento y de bonos de mercados emergentes registraron fuertes salidas de capital minorista, cuando los inversores entraron en pánico durante el episodio conocido como «taper tantrum». Ese suceso fue relativamente breve y no involucró a inversores institucionales.
Un episodio más grave de huida del riesgo por parte de los inversores minoristas podría provocar una volatilidad financiera aún mayor, con repercusiones sistémicas más amplias que las sufridas durante el episodio de 2013.
Qué hacer
Las autoridades han reconocido algunos de estos riesgos, más recientemente en el testimonio de la presidenta de la Reserva Federal de EE. UU., Yellen, ante el Congreso en julio, en el que señaló algunos posibles efectos sobre la estabilidad financiera de una política monetaria no convencional sostenida. Si bien las autoridades estadounidenses ya han adoptado algunas medidas para frenar la toma excesiva de riesgos, por ejemplo en el mercado de préstamos apalancados, creemos que se podría hacer más.
Las políticas macroprudenciales, diseñadas para mantener a salvo el sistema financiero en su conjunto, podrían aplicarse como primera línea de defensa frente al aumento de los riesgos para la estabilidad financiera. La evaluación del FMI sobre el sistema financiero de EE. UU. examina detenidamente estas y otras políticas para mantener a salvo el sistema.
Estados Unidos se acerca al final de seis años de políticas diseñadas para contener los peores efectos de la crisis. El sistema bancario estadounidense es ahora mucho más resistente, y la toma de riesgos económicos por parte de los hogares y las empresas se está afianzando. Para lograr una salida ordenada y una recuperación duradera, no solo en Estados Unidos sino en todo el mundo, es fundamental que las autoridades sigan respondiendo a los crecientes riesgos para la estabilidad financiera.
Publicado en colaboración con el IMF Blog (iMF direct)
Autores: Serkan Arslanalp es economista principal de la División de Análisis de Mercados Globales del Departamento de Mercados Monetarios y de Capital del FMI. David Jones es experto principal del sector financiero del Grupo de Mercados Monetarios y de Capital del FMI y representante en Nueva York. Sanjay Hazarika es especialista principal del sector financiero del Departamento de Mercados Monetarios y de Capital del FMI.
Imagen: La bandera de Estados Unidos ondea frente a la Bolsa de Valores de Nueva York el 19 de agosto de 2011. REUTERS/Lucas Jackson



